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ACTUALIZADO 2010-12-27 AT 16:37:04
Aspirina molida
Rodrigo Márquez Tizano
ESCRITOR
La ciudad acorralada
2010-12-27 16:37:04


Poco antes de partir de la ciudad de México llegué a la siguiente conclusión: no soporto más los autos, ni el propio, ni los ajenos. Las cosas como son: hoy en día poseer un auto es más maldición que lujo. Por ello, he resuelto deshacerme de esa frustrante lata donde he pasado, sumergido en el más abrumador de los tedios –y no sin congoja– buena parte de mis días defeños. Cuando buscaba alguna razón de peso para conservarlo me di cuenta de que nada me unía realmente a aquel cacharro del que dependí tanto tiempo: ni siquiera soy un entusiasta de los autos (conozco un individuo, completamente desequilibrado, sobra decirlo, que bautizó a su viejo Spirit con el nombre de Laura, y me pedía encarecidamente que cuando me refiriera al espanto aquel, le llamase –por favor– en femenino) siempre lo tuve hecho una verdadera lástima (la carrocería del pobre auto parecía la cara de un boxeador manco) y aquellos que se hayan subido conmigo al volante podrían dar fe de que más que un coche, lo mío era un armario con neumáticos. Además, para un escritor soltero a un paso de la indigencia, el auto se convierte en los hijos y la esposa que uno quiere ahorrarse. Multas, tenencias, reparaciones y combustible: toda una ganga sin contar las tribulaciones síquicas. Por lo tanto, he optado por convertirme en peatón a pesar de todo. Dar tal giro en una ciudad como el DF es más un acto de fe que un síntoma de temeridad, pero a pesar de los aberrantes espacios a los que el transeúnte ha sido confinado, prefiero sortear banquetas agrietadas que seguir validando el malfuncionamiento de ese vertedero. No es sólo la ilusión de reducir la neurosis y procurar un mejor destino al tiempo que de antemano damos por perdido; el peatón tendría que  reconfigurar el ángulo de su peregrinaje y recuperar la idea situacionista de convertir la ciudad en un tablero lúdico y transitable, donde la participación social sea una característica inamovible.



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