La Demora
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ACTUALIZADO 2011-10-25 AT 15:17:18
Cabeza de borrador
Pável Granados
ESCRITOR
Una casita blanca
2011-10-25 15:17:18


En 1826 se fundó la primera imprenta musical de México. Su dueño fue el músico Mariano Elízaga (1786-1842). Era un niño prodigio que, en los últimos años de la Nueva España, fue frecuentemente comparado a Mozart. Más adelante, fue profesor de Ana María Huarte, una joven michoacana que contraería matrimonio con Agustín de Iturbide, por lo que se convertiría en Emperatriz de México. Iturbide, como una muestra de amistad, nombró a Elízaga "maestro de capilla", aunque sólo se trataba de un nombramiento honorario que no incluía sueldo. Este músico fue el primero en organizar una orquesta filarmónica en nuestro país y fue tan admirado que se cuenta que el tumulto que se hizo cuando estrenó su Himno patriótico sólo era comparable a la entrada del Ejército Trigarante en 1821. En su imprenta, Elízaga imprimió una Misa en La mayor, de la cual se tenían noticias pero no se sabía de nadie que la hubiera visto. 167 años después de que se imprimiera, en 1993, el musicólogo Ricardo Miranda encontró casi por milagro un ejemplar de esta Misa, y gracias a ese hallazgo se han podido realizar varias grabaciones.

Me refiero a Mariano Elízaga porque es un buen ejemplo de la situación de la música mexicana del siglo XIX: una multitud de nombres sin obras, partituras perdidas, obras sin más noticias que su nombre... Poco a poco, se han hallado archivos personales, ediciones de partituras, nuevas referencias. Pero sobre todo, se han multiplicado los investigadores y los músicos que se dedican al rescate de la música decimonónica. Todavía no se puede decir que el siglo XIX ha dejado de ser desconocido desde el punto de vista musical, pero se tienen, cada vez más, notables estudios y discos con música de ese siglo.



ACTUALIZADO 2011-10-24 AT 19:28:29
Cabeza de borrador
Pável Granados
ESCRITOR
Contrastes
2011-10-24 19:28:29


Esta mañana en el Festival Internacional Cervantino, los seis integrantes del conjunto vocal The King’s Singers, con sus corbatas amarillas, cantaron en el templo de la Valenciana, el esplendoroso templo del siglo XVIII que se encuentra en una de las colinas de las afueras de Guanajuato. Tanto oro bruñido, tantos angelitos redondos y columnas estípites, fueron el escenario en el que se escucharon las voces de la mesura inglesa: un sexteto vocal que incluye misas, música romántica, baladas estadounidenses y canciones de los Beatles. The King’s Singers son dos contratenores, un tenor, un barítono y dos bajos. Una formación musical impecable, un ensamble perfecto. Cada uno de ellos parecía un tubo de un órgano de iglesia, a veces el bajo cantaba un ostinato, otras veces las voces eran una suma de arpegios que servían de acompañamiento a la voz del tenor, y otras, un laberinto de voces que de pronto se encontraban milagrosamente en el compás preciso.

San Cayetano, el santo patrono de la Valenciana, y su corte de querubines, escucharon esta mañana a William Byrd (h. 1543-1623), el compositor católico que contribuyó al repertorio de los himnos para la iglesia anglicana. Byrd está considerado el mejor compositor inglés del siglo XVI, a quien le tocó vivir la última época de catolicismo inglés, antes de la fundación del anglicanismo, y fue uno de los que más contribuyeron al repertorio religioso de la nueva iglesia. Fue sombrío y luminoso, su obra oscila entre la luz y la sombra. Con toda razón se dice que Sing Joyfully, escrita para seis voces a capella, hace que las melodía suene a "gloriosos repiques de campana". Ésa era precisamente la sensación que se tenía al escuchar a The King’s Singer interpretar este himno.



ACTUALIZADO 2011-10-23 AT 14:48:36
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Pável Granados
ESCRITOR
200 años de Franz Liszt
2011-10-23 14:48:36


En las calles de Comala, el pueblo muerto de Pedro Páramo, se escuchan frecuentemente rumores fantasmales. Voces que hablan en soledad. Fantasmas que no descansan. La poesía que existe en esta novela mucho le debe a las lecturas que Juan Rulfo hizo de los autores nórdicos, por eso muchas de las voces que se escuchan en su novela y en sus cuentos se asemejan a autores ciertamente desconocidos entre nosotros.

En las calles de Guanajuato se escuchan por estos días las voces nórdicas. Poetas, músicos y actores de Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia, están por toda la ciudad. Los países nórdicos son los invitados al 39 Festival Cervantino, así que es su fiesta, por lo que enviaron artistas como la Oslo Camerata, que interpretó, entre otras, obras de Grieg. También Noruega envió a la compañía Zero Visibility Corp., en la que 16 bailarinas intentan, con coreografías, gestos y movimientos, explicar qué es la mujer nórdica actual. Pero el día de hoy, 22 de octubre, el rumor que recorrió Guanajuato, el sonido que realmente conmovió a los asistentes al Cervantino, fue la voz de Franz Liszt. Hoy, en el festival, se festejó su bicentenario.

Primero, el pianista australiano Leslie Howard dio un recital dedicado a Liszt. Howard es enorme y el piano de cola le queda chiquito. Se sienta frente a él y se concentra en las teclas, se balancea hacia delante y hacia atrás, mientras va hipnotizando al público, primero con la obra Deux Légends S. 175 (1863). El inicio es inquietante, porque Howard lo interpreta con parsimonia, aunque se trata de una obra llena de adornos, de una enorme ligereza. La primera leyenda es San Francisco de Asís: la predicación a los pájaros, inspirada en uno de los poemas escritos por el santo, y se trata de la más interpretada de las obras de tema bíblico entre las escritas por Liszt. El compositor escribió al respeto de esta leyenda: "Lo que podría ser llamado el 'el motivo espiritual' de la siguiente composición, está extraído de uno de los episodios más conmovedores de la vida de san Francisco de Asís, la cual se cuenta con la gracia inimitable de la simplicidad". Sí, es una obra alada, llena de luz, de sonidos que vuelan. Howard tocó una sonata, un Romancero español bellísimo y una fantasía sobre temas de Don Juan de Mozart.


Foto: Rogelio Cuéllar.

La religiosidad de Liszt es lo principal. No sé si incluso lo sea la experiencia mística, pero el público sólo mencionaba la sensación de embriaguez del concierto de Howard. En la conferencia de prensa que dio a los medios, Howard dijo que en una carta, Liszt contó que se le había caído un crucifijo dentro de un piano y que no lo había vuelto a encontrar. Ese piano estaba oculto en un sótano; muchos años después, se encontró el piano y, dentro, el crucifijo, por lo que se comprobó la autenticidad del piano y de las obras manuscritas que se hallaron en ese mismo sótano.



ACTUALIZADO 2011-10-09 AT 14:51:04
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Pável Granados
ESCRITOR
El día de Agustín Lara
2011-10-09 14:51:04


Agustín Lara, la Ilíada y la geografía literaria (y una opinión autorizada sobre la pornografía)

El sábado fue el día de Agustín Lara en el Hay Festival. Durante una hora, Darío Jaramillo Agudelo, Daniel Samper Pizano y yo estuvimos platicando con el escritor veracruzano Rodolfo Mendoza. Fue, sobre todo, una conversación que giró en torno al Lara literario. Así es que no pudo ser mejor la idea de invitar a estos autores.

Por un lado, Darío Jaramillo, ha escrito un libro indispensable, Poesía en la canción popular latinoamericana. La maravilla de este texto está en su habilidad para poner poemas y canciones como en caminos con espejos. Ya sabemos que hay pequeñas estrofas, joyas de la concreción, como ésta de Bécquer, que sintetizan la verdad del amor:

     ¿Quieres que conservemos una dulce
     memoria de este amor?
     Pues amémonos hoy mucho y mañana
     digámonos ¡adiós!

Hay una canción que no me gusta nada cuando la escucho con Javier Solís, pero que puesta en el contexto de la poesía castellana, me emocionó como cualquier poema de Pedro Salinas o de Luis Cernuda:

     Llévame si quieres hasta el fondo del dolor,
     hazlo como quieras, por maldad o por amor,
     pero esta vez quiero entregarme a ti en forma total,
     no con un beso nada más,
     quiero ser tuyo sea por bien o sea por mal.

De pronto, en el libro de Darío, uno se topa con palabras como las siguientes, que parecen de pronto un poema de Novo, o de Pellicer:

     Yo quisiera besarte de otro modo,
     entregarte un amor desconocido,
     yo quisiera besarte no sé cómo,
     y conocer por fin tu amor que es tan bonito.

Y resulta que son versos de José Alfredo Jiménez. No siempre, cuando a una canción se le despoja de la música puede quedar en pie para la lectura. Sin embargo, creo que frecuentemente, en Lara ocurre así, que quedan versos, imágenes, grandes momentos. Como aquellos dos que le gustaban a Juan José Arreola: "la sangre marchita que tiene el coral" (Palmera) y aquella imagen con la que Lara describía el cisne: "pálida flor del mal", un guiño a Baudelaire. Por eso recordé dos momentos de Lara que se encuentran en un par de canciones medio desconocidas de los años treinta:

     Yo sólo sé que nos ha consumido
     el fuego azul de la melancolía.

Y estos versos de Mía:

     Has llegado, mujer, a envenenarme
     de tal modo que si me besas te mueres.

Por otro lado, está Daniel Samper, que escribió junto con su esposa Pilar Tafur una espléndida novela en la que el personaje es Agustín Lara. En este caso es un personaje ausente, mítico, al cual se le evoca una vez que ya pasó su vida. Daniel y Pilar han viajado por Veracruz y lo han hecho como quienes viajan por una geografía sentimental, para conocer las referencias vitales de Lara. Antes que a Xalapa, llegaron a Tlacotalpan, y ayer en la tarde fueron al puerto a conocer la Casita Blanca de Lara. Samper habló del fenómeno que representa el bolero en América Latina: una unificación sentimental, una columna vertebral que une a Hispanoamérica. Por alguna razón, los españoles son malísimos para hacer telenovelas. Un género para el cual los latinoamericanos tenemos toda la proclividad del mundo.



ACTUALIZADO 2011-10-08 AT 13:16:30
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Pável Granados
ESCRITOR
Dos novelistas frente al lago
2011-10-08 13:16:30


Hace unos minutos todavía escuchábamos el sonido del arpa, amenizando los últimos momentos del coctel que el gobierno de Veracruz ofreció a los invitados al Hay Festival. Estaban Jordi Soler, Michael Nyman, Toño Lazcano, José Homero, Elena Poniatowska, Rodrigo Rey Rosa, Santiago Rocangoglio, Brian Nissen y Montserrat Pecannins, entre muchos otros. Como en una película de los años cuarenta, en el lobby del restaurante Remé, justo enfrente del tercer lago de la ciudad, absorto en su caballito de mezcal y con un cigarro en la mano, Martin Amis parecía el típico escritor misántropo. Sin embargo, dedicaba amplias sonrisas a los lectores que se le acercaban todavía hasta la medianoche para pedirle un autógrafo. Ésa fue la actitud que mantuvo durante su conversación en la Casa del Lago, durante la tarde de hoy. Quizás lo más llamativo de su presencia es la mirada aguda con la que acompañaba sus palabras, unas palabras llenas de duda sobre la siguiente generación: "La pornografía es la separación del amor y del sexo". La pornografía es una pedagogía porque sustituye la educación familiar. ¿Será esto lo que determina a los jóvenes de hoy? En todo caso, lo que más sorprende al novelista inglés es la aceptación natural de las mujeres al tema de la pornografía. Una falta de prejuicio ante la separación total del amor y del sexo. Cada uno ha tomado su camino.

Como muchos ensayistas ingleses, su forma de hablar es una divagación que parece que sabe a donde va con muchísima precisión. Sin embargo, lejos de parecer un plan escrupulosamente preconcebido, su conversación semejaba más bien una especie de diálogo consigo mismo. Me pareció que su forma de mirar la literatura es la de un escritor que comienza con perplejidad el camino de la creación. Por eso, su opinión de que la novela utiliza también los recursos del ensayo. Amis empieza el camino de la creación sin saber demasiado de su propia novela. Muchas veces ha comenzado a leer el inicio de un texto cuando ya está terminado sólo para darse cuenta de lo poco que sabía de su propia obra al comenzar a escribirla. Crear es conocer. Pensé entonces que "crear" y "descubrir", en la literatura, no son operaciones simultáneas. Quizás los terrenos estéticos que descubre la literatura son creaciones de un artista. Como sea, crear es un acto doloroso. Y Amis afirma: "Si es doloroso, es muy probable que el resultado sea malo. Y si es placentero, también, con toda seguridad, será malo." Sólo la combinación de dolor y placer en la creación puede garantizar que el arte tenga un resultado satisfactorio. ¿De qué otra manera podría ser bello el arte si no excita la emoción del artista?



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