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ACTUALIZADO 2011-10-07 AT 18:45:56
Cabeza de borrador
Pável Granados
ESCRITOR
El límulus y los poetas
2011-10-07 18:45:56




El límulus es un animal que parece salido de un sueño inmemorial. O más bien, parece salido de un museo de paleontología. ¡No! Más bien parece un animal salido de una mentira. Nadie creería que existe con esta apariencia: es un caparazón en forma de herradura que tiene una cola que parece un aguijón. Una vez al año llenan las playas de Nueva Inglaterra, a donde llegan para aparearse, y los pescadores no se les acercan porque temen la picadura del enorme aguijón. Sin embargo, el límulus no pica, ni sabe de la existencia del hombre. Es una especie de fósil viviente al que todo mundo confunde con un cangrejo, aunque en realidad es un arácnido marino que ha permanecido igual a sí mismo por largas eras geológicas. Cuando camina por las playas deja una huella extraña. Pero cuando pasa por el espíritu del escultor Brian Nissen deja unas figuras de una textura inquietante.

Con un homenaje al límulus –la extraordinaria exposición de Brian Nissen–, comenzó el Hay Festival en la ciudad de Xalapa. Todos los invitados caminamos de la biblioteca Carlos Fuentes al Ágora que está en la plaza principal, viendo los libros objeto que hicieron los estudiantes de Artes Plásticas de la Universidad Veracruzana y luego las fotografías de escritores tomadas por Gabriela Bautista y Daniel Mordzinski. Finalmente, llegamos a la Casa del Lago, en donde se encuentran las figuras metálicas del límulus, los bajorrelieves que parecen una biología mineral y un tanque de guerra hecho por la naturaleza. "También parece el casco de un samurai", decía el escultor mientras mostraba sus piezas.



ACTUALIZADO 2011-10-04 AT 13:24:54
Cabeza de borrador
Pável Granados
ESCRITOR
José Emilio Pacheco
2011-10-04 13:24:54




José Emilio Pacheco es un eterno alumno de la vida, Pacheco ha aprendido pocas certezas: El pasado no es bello. El presente es terrible. Y si vemos con esperanza el futuro es sólo porque se presenta con una máscara hecha para engañar. Manda una tarjeta de presentación prometedora. Pero tarde o temprano va a parar al mismo sitio, al jardín impenetrable de eventos ocurridos. Y lo que hemos perdido hace unos momentos se ha perdido tanto como se ha perdido el momento más remoto de la Historia. Sí, de la Historia que se escribe con mayúscula, de la que pasa ecuestremente, lejos de nosotros. Vendrá el Mañana, de alguna manera u otra. El Mañana es un país que alberga historias bellas, es el resultado del sacrificio del Hoy. Sacrificamos el Ahora para que surja de sus cenizas el Después, dichoso y radiante, como siempre lo soñamos. He aquí una serie de consejos didácticos que recibe el estudiante del mundo, aquel que habla constantemente en la obra de José Emilio Pacheco. Aquel que en el fondo no aprende nada porque la poesía carece de experiencia. O aprende que nada hace experiencia. Nada dos veces. Ningún minuto se parece al que sigue, y a su vez es completamente diferentes del anterior. ¿Cómo es posible que tan a menudo los confundamos? ¿Cómo es que pasamos la mano de la memoria por tantos momentos dichosos, irrepetibles cada uno de ellos, y luego los generalizamos con el nombre de "felicidad" como si eso los explicara? La tristeza... bueno, por lo menos ésa pasa y se va a reunir con todas las aguas, y en la lejanía adquiere una tonalidad menos sombría. Es engañosa... "Hasta podría volver a vivirla", pensamos. Hasta ese grado engaña la perspectiva del recuerdo. Se comienza, por eso, a construir la nostalgia, ese volver a pasar el tiempo entre las manos. Aunque la nostalgia no es, generalmente, pasar las manos por ningún lugar, ya que muchas veces crece independientemente de la experiencia. Por eso, la nostalgia siempre es un ejercicio de la creación. Ni siquiera estamos seguros de nuestros recuerdos. Y eso por no hablar de la serie de nostalgias heredadas, las cuales ni siquiera son posesión de la memoria. "¿De ese horror quién puede tener nostalgia?", se pregunta el narrador de Las batallas en el desierto. Pero la nostalgia engatusa, pues quiere que volvamos a un sitio en el que no hemos estado nunca. Es que el Mañana ha rasgado su disfraz y muestra su verdadero rostro, que se llama: el Ahora:

    A los veinte años nos dijeron: "Hay
    que sacrificarse por el Mañana".

    Y ofrendamos la vida en el altar
    del dios que nunca llega.

    Me gustaría encontrarme ya al final
    con los viejos maestros de aquel tiempo.

    Tendrían que decirme si de verdad
    todo este horror de ahora era el Mañana.

                                               ("El mañana")



ACTUALIZADO 2011-09-12 AT 19:11:34
Cabeza de borrador
Pável Granados
ESCRITOR
Una visita a Taxco
2011-09-12 19:11:34


A Alejandra Frausto, por todo lo que hace por el estado de Guerrero.

Minas y grutas

El 22 de marzo de 1803, el barón Alexander von Humboldt llegó a Acapulco. Venía de un largo viaje por Sudamérica, en donde visitó los manglares de Venezuela y subió los altísimos y áridos montes del Perú. Vio que en los Andes, las grandes minas –como las de Potosí, de Pasco y Chota– se encontraban en los montes más altos, muy cerca de las regiones nevadas. "Sólo la esperanza de enriquecerse es la que puede animar al hombre libre a abandonar el clima delicioso de los valles, para aislarse sobre la loma de los Andes", escribió el viajero prusiano. ¡Qué diferencia con México! Aquí las mejores minas estaban apenas a 1,800 metros sobre el nivel del mar, en sitios como Guanajuato, Zacatecas, Taxco y Real del Monte. Muy cerca de las minas hay campos de labor, pueblos de todos tamaños envueltos en continuas nieblas así como en los colores de los árboles frutales. "Las cumbres inmediatas están coronadas de bosques, y todo facilita el beneficio de las riquezas subterráneas."

Como los europeos esperaban una crónica bien documentada de las minas americanas y de la calidad de los metales que se extraían de ellas, Humboldt aprovechó su viaje para medir cuánta plata salía de las vetas en la minas de Taxco. Vio que, tal como se decía, la pureza del metal no era mucha, pero la cantidad que salía de las minas era tanta que el Barón se atrevió a afirmar: si las minas que se tienen por muy ricas en Sajonia y en Hungría, se pudieran transportar a los campos mexicanos, serían muy poco notables para los habitantes de México. Sin duda, el estudioso "destilaba autoridad" en cuestiones geológicas –como escribe José Miranda, en su estudio Humboldt y México–, ya que en Prusia había sido asesor de minas.



ACTUALIZADO 2011-09-07 AT 12:53:37
Cabeza de borrador
Pável Granados
ESCRITOR
La glorieta de Insurgentes
2011-09-07 12:53:37


Una glorieta antiestética
Cuando se habla de la glorieta de los Insurgentes, se tienen sentimientos encontrados. Para los nostálgicos del Porfiriato, esta construcción significó el fin de la tranquilidad de la colonia Juárez, que originalmente se llamó colonia Americana. Sin embargo, el día del centenario de Benito Juárez (21 de marzo de 1906), el gobierno decidió llamarla Colonia Juárez. Todavía hay quienes recuerdan la tranquilidad con que se vivía antes de la construcción del metro. Para otros, por el contrario, es un punto de encuentro. Quizás lo más bonito de la glorieta sean los chicos gay que van a ligar así como los skatos con sus patinetas, los hiphoperos que acostumbran bailar en las tardes, los rockabillies, los góticos y los darketos, entre muchos otros. Yo estoy tan desligado de las tribus urbanas que desconocía que los emos son ahora oficinistas, están casados y que desde hace mucho dejaron de esculpir sus peinados. Por el contrario, no sabía que existen los "brit pop", ni me imaginaba que los peinados a la "Elvis" gozan de un segundo aire.


Insurgentes y Chapultepec en los años 50.

Yo coincido con aquellos que piensan que la glorieta de los Insurgentes ha dado aire a la ciudad de México, que ha sido indispensable para la tolerancia. En la Zona Rosa fue el primer lugar del país en el que vi a dos chicas tomadas de la mano.



ACTUALIZADO 2011-09-02 AT 13:50:48
Cabeza de borrador
Pável Granados
ESCRITOR
Manuel Rodríguez Lozano
2011-09-02 13:50:48




(El pasado miércoles 31 de agosto, estuvimos Mónica López Velarde, directora de Artes Plásticas del INBA, Emely Baché, experta en arte mexicano y yo, en la fiesta de presentación del catálogo de la exposición de Manuel Rodríguez Lozano en el MUNAL, que estará hasta octubre. La presentación fue en Isabel La Católica 30, en donde se encuentra el mural El holocausto, de 1945, que Rodríguez Lozano pintó a petición de Francisco Sergio Iturbe. El catálogo Arte y pensamiento 1922-1958 tiene textos de Jaime Moreno Villlarreal, Berta Taracena, Patricia M. Artundo, Arturo López y uno mío. Les comparto el texto que leí en la presentación.)

El MUNAL reúne en una magnifica exposición la obra de Manuel Rodríguez Lozano. Antes, sólo dos veces, en 1971 y 1998, se había realizado esta empresa. No es una obra abundante, o quizá es que mucho se perdió en el peligroso camino que conduce del pasado al presente. Gracias a esta muestra, aquel que la visite podrá hacerse un juicio muy preciso y abarcador de sus casi cuatro décadas de creación pictórica. Son cuadros, ciertamente, reacios a conversar. Se les saluda, no devuelven el saludo. Sus mujeres están de espaldas. O están desnudas frente a uno, pero con una infranqueable decisión de no hablar que intimida. Sus calles están vacías y no se puede interrogar más que al silencio. Sus mujeres y sus hombres ya están bastante ocupados en sufrir, en derrumbarse o en morir. En el magnífico catálogo que hoy presentamos estamos convocados a interrogarlo (además de mí) Jaime Moreno Villarreal, Berta Taracena, Patricia M. Artundo y Arturo López Rodríguez. El resultado es un diálogo arduo, en el cual no participa mucho el pintor. Le gusta callar, volverse un mito, resurgir de sus cenizas, volar como Ícaro, ir al cielo como Prometeo, descender al infierno como Orfeo, darle vida a sus creaciones como Pigmalión, subir al cielo a sus amantes como Zeus y repartir la manzana de la belleza como si fuera la Discordia. Le gustaba ser amado sin esperanza. Y le gustaba considerarse la esperanza. Quizás le hubiera gustado ser el lago en el que naufragó Narciso. Él mismo gozaba con ser, con existir, con ser la tentación. Descubría el amor en unos muchachos a los que luego envidiaba. No sé si entonces su cariño se volvió destructivo. Como sea, se le pasó un poco la mano con Nahui Ollin. Bueno, también con Antonieta Rivas Mercado. Ah, y naturalmente con Abraham Ángel. Nadie es intacto al tiempo y Rodríguez Lozano se ha diluido en él: hemos conjurado la tentación y estamos aquí esta noche para ser sometidos, si es el caso, por sólo sus atractivos estéticos.



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