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ACTUALIZADO 2011-06-06 AT 12:35:32
Cabeza de borrador
Pável Granados
ESCRITOR
Literatura, violencia, destino
2011-06-06 12:35:32


Con apoyo y solidaridad, para el movimiento de Javier Sicilia

Hay hechos ante los cuales las palabras son impotentes. Y sin embargo, no es mejor el silencio. La impresión de la violencia nos devuelve al orbe de la palabra, seguramente al de la indignación. Siempre el camino más fácil, el más estentóreo y quizás el que conduce más rápidamente al fracaso. Sí, el espontaneísmo y el voluntarismo de los clásicos; es la madre de Lolita descubriendo el secreto y saliendo rápidamente a la calle, presa de la angustia. Que haya sido atropellada me parece buena anécdota. Menos buena, si se le traslada al orbe de lo real y se apachurra a los Grandes Voluntaristas, presas de sí mismos. De todas maneras, no son distintos los finales de las buenas intenciones. Hay más o menos un recorrido que siguen las buenas intenciones, el cual caminan sin dejarse llevar por la tentación, por el lobo que terminará devorándolas. Van y vienen, caminan y regresan, ven de pronto el mundo y saben que las refleja, se entregan a él y se ven destruidas. ¿Es más o menos la moraleja que les gustaría escuchar? ¿quieren escucharla nuevamente? ¿les trae bellos recuerdos de su actuación en el mundo? No hay más que volver a abrir el libro y volver a empezar, muchos disfrutan leyendo las viejas leyendas, pues creen que las nuevas historias no harán más que repetir las anteriores: había una vez y volver a escuchar el recorrido de ida y vuelta, el gastarse del camino, la repetición de las situaciones, el volver a ocurrir: no salgas del camino de la virtud porque no sabes las consecuencias horribles que te puede traer el apartarte de él. Pero cuando las buenas intenciones vuelven a pasar se dan cuenta de que no puede ser malo el mundo que las rodea, los consejos finalmente son laxos y nadie se enterará de la transgresión, hay algo en el destino de estos personajes que vuelve trágico el sentido pedagógico de su existencia. Aunque a mí me maravilla el lobo chupando como una cereza el corazón de la Caperucita sin nombre y sin personalidad. Traía en su canasta una encomienda: esa era toda su carga, ya que el Destino sabía que no había de llegar a su cometido y que la canasta quedaría sola en el piso. Dentro de ella sólo hay palabras, mensajes que desafortunadamente no sabrá, señales que no podrá interpretar. ¡Tan claras que son las señales una vez que todo ha ocurrido! Mientras tanto, aquellas que el destino va sembrando, sirven para despistar. Sirven para construir nuestra propia incertidumbre. Ciertamente, en la literatura el destino tiene designios más palpables que en la vida real. El destino existe, ya que de otro modo seríamos capaces de llevar a cabo nuestros deseos. Pero el destino se opone –generalmente– a ellos. Tendrá sus razones. No, pensándolo bien, no las tiene. Tenemos que suponerlas. Generalmente, representándolo con un exterior visible y un interior incognoscible. Concibiendo la historia como una vasta revelación de sus deseos. Leer el presente para saber la primera voluntad que se expresa en los hechos. No importa que la literatura realista lo haya despojado de sus excedentes metafísicos, ciertamente continúa siendo el Destino, pero su instrumental se detiene precisamente sobre el individuo, precisamente sobre él. Posa su único ojo sobre su existencia, lo enfoca, no lo dejará salir. Él creó el camino, lo mismo que al individuo que lo camina, creó la ruta y el sitio a donde se llegará. Creó el desgaste de la vida que impide llegar más allá de la meta asignada. Como su esencia es la fatalidad, no creó la probabilidad. No puede mirar con nuestros ojos perplejos. No conoce la perplejidad. La desprecia porque no la entiende. La intenta dejar de lado, pero la mirada perpleja incendia el mundo de lo real. La indecisión y la indolencia tienen el mismo peso absoluto que las órdenes que da el destino. La libertad, si es que ustedes quisieran aceptarla como un participante más en este aburrido juego de dos piezas en el que se enfrenta el individuo contra el destino, debería tener un papel más o menos destacado. Digamos que puede ponerse dentro del pecho del individuo. Ahí no podrá ser directamente atacada, podrá imaginar y representar un mundo distinto. A su vez, la felicidad podrá tener un modesto lugar al interior de esa libertad. Más adentro del corazón del hombre, lo ignoro todo. No me lo pueden preguntar. Bueno, sí, sí me lo pueden preguntar. Y también me pueden arrancar una respuesta. Finalmente, si cuentan con los medios, pueden arrancarme todo, desde mis convicciones hasta mis uñas. Pueden preguntarme ¿hasta dónde llegará el hombre con estos elementos escondidos en su corazón? Lo más que logrará será hacer que el Destino debilite su fuerza y se llame Tendencia, a partir de ahora, una tendencia que tarde o temprano se cumplirá, exactamente como un destino. Pero dará al hombre la alegría de imponer algunas pequeñas conquistas. Nos conformamos con tan poco... Le damos un valor inmenso a estas pequeñas conquistas.

Sólo que si el destino hubiera sido vencido, habría triunfado completamente la libertad. Pero no, no es así, es sólo que el Destino se aleja para volver con otra forma, se nos presenta de otra manera para presentarse como casualidad. Y lo hace para que no desfallezcamos y tomemos confianza en el mundo, y no nos permitamos rendirnos. Finalmente, nos la pasamos tan bien en este juego. Pero la casualidad no es más que una ley del Destino arrojada y rota en millones de pedazos, para que no podamos armarla... Para que volteemos y miremos incrédulos: ¿Pero es que tú estabas aquí? / Un milímetro más y no lo cuento / Disculpe, ¿está ocupado este lugar...? Es sólo que la cadena de los acontecimientos no tiene extremos, y sólo podemos ver un limitado número de argollas.



ACTUALIZADO 2011-05-24 AT 14:05:03
Cabeza de borrador
Pável Granados
ESCRITOR
La suave patria
2011-05-24 14:05:03


(Tercera y última parte)

Nada me gustaría más que escribir y escribir sobre La suave patria, pero sólo me dedicaré a la primera estrofa. De todas formas, ya me ha llevado mucho espacio. Cuando el poeta afirma que sólo había dedicado su escritura al decoro íntimo no está diciendo precisamente la verdad, pues desde el principio había estado elaborando una visión de la provincia. Es cierto que prefiere de las mujeres el silencio y las virtudes católicas. Pero al mismo tiempo, esas vidas tienen un sentido en el marco de la vida de la provincia. Sus virtudes se marchitan según se acercan a la vida de la ciudad, como también lo dice en La suave patria: en el pueblo se vive como se vive "antes de saber del vicio", ya que la provincia preserva los verdaderos valores de la nacionalidad. En los pueblos de fuera de la capital quedaron vivos los recuerdos de las visitas de Maximiliano, quedan las costumbres regidas por la religión... De tal manera que, según escribe Gabriel Zaid, cuando pasen los días de la revolución, quedarán en la provincia los verdaderos valores nacionales: "Tanto en Europa como en México, la cultura católica, destronada como cultura oficial, se repliega a la provincia, como un arca de Noé de los valores auténticos, mientras pasa el diluvio". Aquí está esa primera estrofa a la que me refiero:

        Yo que sólo canté de la exquisita
        partitura del íntimo decoro,
        alzo hoy la voz a la mitad del foro,
        a la manera del tenor que imita
        la gutural modulación del bajo
        para cortar a la epopeya un gajo.



ACTUALIZADO 2011-05-13 AT 20:07:02
Cabeza de borrador
Pável Granados
ESCRITOR
De Virgilio a la provincia
2011-05-13 20:07:02


En ruta a “La suave patria”

(Segunda parte)


Virgilio (70-19 a. de C.) dedicó once años –en Sicilia y en Campania– a escribir la Eneida (del 29 al 19 a. de C.). Por las mañanas escribía muchos versos, los cuales iba puliendo a lo largo del día, de tal manera que por la tarde quedaban unos pocos. Según Tiberio Claudio Donato, su biógrafo, Virgilio decía que hacía con los versos lo que las osas con sus cachorros, que los paren sin forma y sin distinción de miembros, y que lamiéndolos les da forma. Se piensa que iba versificando un guión en prosa, más o menos detallado, pues a veces vuelve a aparecer personajes ya muertos. Tenía fama de leer con suavidad y con gracia su propia obra, por lo que Cicerón, quien lo escuchó en una ocasión, exclamó: "¡Segunda esperanza de la poderosa Roma!" Esta frase la colocó en el libro XII de la Eneida. Una vez que el poema estuvo listo, Propercio escribió: "¡Dejad paso, escritores romanos; dejad paso, griegos: está naciendo algo más grande que la Ilíada!".



ACTUALIZADO 2011-05-02 AT 13:00:45
Cabeza de borrador
Pável Granados
ESCRITOR
En ruta hacia La suave patria
2011-05-02 13:00:45


(Primera parte)



Hace 90 años, Ramón López Velarde terminó de escribir "La suave patria". Me pongo en el extremo más lejano de la tradición y comienzo a caminar desde allí, en dirección al poema.



"Las bodas de Tetis y Peleo", de Johann Rottenhammer.

Curiosamente, la historia que terminó a unas calles de aquí en abril de 1921, en la antigua Avenida Jalisco 71, comenzó con las bodas de Tetis y Peleo. Tetis, la nereida inmortal, hija de Nereo y de Dóride, que enamoró a los dioses. Sin embargo, era una divinidad marina inaccesible al amor de los dioses, pues Prometeo había profetizado que si nacía un hijo de la unión de un inmortal con ella, estaría destinado a derrocar a Zeus. Por esta causa, Tetis estaba destinada a casarse sólo con un mortal. Quirón, el más sabio de los centauros, se enteró de esta profecía, y le aconsejó a su protegido Peleo que buscara casarse con ella. Tetis, quien tenía la facultad de cambiar de forma, no se iba a entregar fácilmente. Peleo fue a su encuentro y la sujetó con fuerza; cuando ella se transformó en calamar, la tomó por uno de los tentáculos y no la soltó ni siquiera cuando tomó la forma de un jabalí, de un león, de una cobra, ni cuando ella se transformó en fuego para quemarlo. Rendida, retomó su forma natural, y fue poseída por Peleo.



ACTUALIZADO 2011-04-23 AT 13:06:20
Cabeza de borrador
Pável Granados
ESCRITOR
Manuel Esperón
2011-04-23 13:06:20




Hace unos diez o quince años, aún se podía ver a los pioneros de la radio en México. Mario Ruiz Armengol, por ejemplo, iba todos los días a la XEW de la calle de Ayuntamiento, en donde tenía un estudio con un piano de cola. Ahí le permitían trabajar en sus composiciones. Manolita Arriola, cantante de música ranchera, de la misma época que Lucha Reyes, iba diariamente al café San José de Ayuntamiento y Moya, a recordar sus tiempos de la radio. Ahí mismo desayunaban los músicos de Pérez Prado, de Rafael de Paz, los que habían estado en las grabaciones clásicas de los años 30. Amparo Montes todavía tenía su cueva y la acompañaba maravillosamente Juan Bruno Tarraza en sus actuaciones. Esmeralda "la versátil", Chelo Flores, Lydia Fernández, Lupita Alday, Lupita Palomera, las voces de los años 30 y 40... Y don Jesús Elizarrarás, con más de 90 años, tenía su programa en Radio Educación, todos los sábados, a las 2 de la tarde. Invitaba a platicar a todos sus amigos, Amalia Mendoza "La Tariácuri"; el maestro Cervantes que escribió la letra de "Cien años"; Carlos Amador, locutor antes de ser el empresario de los cines; y Manuel Esperón, con su infaltable boina y toda su generosidad; amigo de don Jesús desde hacía más de 60 años.



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