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ACTUALIZADO 2014-12-12 AT 18:28:45
La conspiración de Hades
Fernando Montiel T.
ESCRITOR
Militarización: Peligro real
2014-12-12 18:28:45
Por Fernado Montiel

Existe un peligro real que se asoma en la crisis en México. El peligro no es que el gobierno de Enrique Peña Nieto permanezca incólume —tal y como lo apuntan sus detractores— ni que caiga —como dicen sus defensores. Lo primero ya es sólo un sueño en el que se regodean los ciegos, los sordos y los insensibles mientras que lo segundo —la caída del presidente— es un anhelo que está más lejos de lo que la protesta exaltada quisiera creer.

No. El peligro no estriba en ninguna de las estas dos posibilidades sino en otro fenómeno del que pareciera que ni los corifeos del poder ni sus críticos están del todo conscientes: el peligro de la militarización.

¿Pero qué no el país ya está militarizado? ¿Qué no desde el gobierno de Ernesto Zedillo la Suprema Corte de Justicia abandonó vergonzosamente su misión —en tanto equilibrio del poder ejecutivo— al legitimar la participación militar en tareas de seguridad pública (primero en 1996 y luego otra vez en el año 2000)? ¿Qué no ya desde el gobierno de Vicente Fox el proceso se adivinaba cuando se formó la Policía Federal Preventiva, la mitad de cuyos efectivos provenía del sector castrense? ¿Qué no fue durante el gobierno de Felipe Calderón que el ejército tuvo un incremento presupuestal de más del 100% brincando de 26 mil millones en 2006 a 50 mil millones en 2011? (La Jornada, sept. 6, 2011)? ¿Qué no la tendencia se confirma ahora con Enrique Peña Nieto con la creación de la Gendarmería Nacional, cuya característica específica es que se trata precisamente de una policía militarizada? ¿Qué no tienen ya las fuerzas armadas el control de buena parte de los cuerpos de policía municipales con militares con licencia fungiendo como Secretarios de Seguridad Pública? Así pues, ¿qué no, de cara a estos hechos, hablar de “militarización” en México es una obviedad?

Tal vez. Sin embargo existen matices que en esta ocasión, en lugar de atenuar los hechos, los agravan.


ACTUALIZADO 2014-11-10 AT 18:49:21
La conspiración de Hades
Fernando Montiel T.
ESCRITOR
México al borde
2014-11-10 18:49:21
1. Del pasado, bienvenida

Hace años, el 14 de enero de 1981, aparecieron 12 cuerpos en el Estado de Hidalgo, México. Habían sido torturados y abandonados. Se supone que eran narcotraficantes colombianos, y sus verdugos, policías obedientes de un personaje siniestro.

Por décadas la “matanza del río Tula” fue la síntesis de todo lo que anda mal cuando anda junto: corrupción, poder, sadismo. Aquel episodio era referencia obligada en todo el país –junto con las atrocidades de la Brigada Blanca- para ilustrar la perversión y la degradación de un sistema que ya desde entonces se suponía “no daba para más.”

Hoy es claro, estábamos equivocados.

Primero nos acostumbramos a la corrupción, después a torturar. Acusados de cualquier cosa personas era presentadas en medios y ahí se les acababa la vida. Eran delincuentes, porque eso salía en la tele. Lo legitimamos con fórmulas verbales que sonaban, digamos, bien: “que le den una calentadita” y si los mataban a golpes, o electrocutados, o asfixiados o sencillamente si morían de dolor la explicación era simple: “se les pasó la mano.”

Y ya, listo, la vida sigue.

Pero entonces un comando armado intentó matar a los hermanos Arellano Félix en una discoteca de Puerto Vallarta en 1992. Con la novedad de los choques entre grupos volvió la sorpresa, pero así como llegó desapareció. No por falta de eventos sino exactamente por la razón contraria: fueron –son- tantos y tan frecuentes que ya nos resultan aburridos.

Luego aparecieron los cadáveres colgados en los puentes en Texcoco, en Ecatepec y en Interlomas en el Estado de México, en Cuemanco en el Distrito Federal, en Durango, en Querétaro, en Michoacán, en Zacatecas… En algún momento también nos sorprendieron cuerpos decapitados, cabezas abandonadas y videos que detallan el proceso.

La sorpresa duró poco: se impuso la costumbre.

Luego las fosas con cientos de cuerpos en San Fernando, Tamaulipas y los ranchos en los que se incineraron a más de trescientos en Allende, Coahuila.

¿Necesitamos más? Ningún problema: ahora estamos desollando vivos a nuestros estudiantes.

Bienvenidos a México. 


ACTUALIZADO 2014-11-07 AT 19:25:37
La conspiración de Hades
Fernando Montiel T.
ESCRITOR
Iguala, los hijos del martillo
2014-11-07 19:25:37
Son pocos los reporteros que, habiendo visitado la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos en Guerrero, hayan pasado por alto la estética insurgente y su mensaje asociado. Juan Pablo Becerra Acosta reporta “... las caras, dibujadas con pintura negra, del Che Guevara, Marx, Engels y Lenin, vigilan el sitio. Al lado, reinan la hoz y el martillo de las luchas proletarias y campesinas del siglo pasado.” (Milenio, Oct. 17, 2014). Aunque con un par de apreciaciones adicionales (“Entrar en Ayotzinapa es un viaje al pasado, como llegar a la Cuba comunista…”) el retrato de Melissa del Pozo no es muy diferente (VICE. Oct. 7, 2014) y pocos son los reportajes que dejan de recordar que de ahí egresaron personas y personajes como Lucio Cabañas y Genaro Vázquez.

Los retratos, éstos y otros, generan correlatos. Diputados locales sugieren hoy desaparecer actores (“se debe replantear la existencia de las escuelas normales rurales porque son núcleos de guerrilla” La Jornada. Oct. 16, 2014) tal y como lo hiciera algunos años un liderazgo sindical defenestrado (“No se olviden que las normales rurales han sido semilleros de guerrilleros: Elba Esther Gordillo” La Jornada. Oct. 6, 2010). Así, con las mismas palabras y por los mismos motivos.

Como si la estética fuera dogma, como si la historia de unos fuera la de todos, como si los legisladores fueran auténticos representantes populares, como si los “líderes morales” (Proceso. Jul. 4, 2014) lo fueran de verdad y como si los normalistas victimados —los asesinados, los torturados y los desaparecidos— estuvieran condenados a la miseria y cuando no, a la represión o incluso al martirio, el gobierno, el Estado, el sistema —llámesele como se le quiera llamar— respondió con los usos y costumbres de los caciques de Valle Nacional retratados en México Bárbaro: contra los fuertes de entre los sometidos, castigo ejemplar.


ACTUALIZADO 2014-10-08 AT 13:20:29
La conspiración de Hades
Fernando Montiel T.
ESCRITOR
Ayotzinapa: La norma
2014-10-08 13:20:29


¿Qué fue lo que ocurrió?

¿Qué fue lo que ocurrió en Iguala? Algunas visiones dan cuenta del horror en Guerrero mediante lógicas que van desde la indignidad de sugerir –sin fundamento– la criminalización de las víctimas (“…líderes de los normalistas podrían estar involucrados con grupos criminales adversarios a los Guerreros Unidos…” Alemán, Ricardo. “¿Por qué los mataron? El Universal. Oct. 7, 2014), hasta sospechas –con más sentido y elementos, aunque no por ello suficientes– de vueltas al pasado (“Estamos ante un escenario de descomposición política similar al de la guerra sucia de los años 70…” Encinas, Alejandro. “Iguala: El terror.” El Universal. Oct. 7, 2014).

Insuficientes también –aunque no erradas sino incompletas– son las categorizaciones a rajatabla. Como Carlos Fazio en 2012 (“Ayotzinapa”, La Jornada. Ene. 23, 2012), en 2014 Imanol Ordorika y Adolfo Gilly repiten el señalamiento: “Ayotzinapa, Crimen de Estado” (La Jornada. Oct. 6, 2014). Están en lo cierto: tanto la muerte de los tres normalistas en 2011 como la ejecución de seis en 2014 y la desaparición de otros 43 son todos crímenes de Estado, sí, pero en los círculos concéntricos de la perversión, éste, por muy grande que sea, es apenas uno de tantos.

No basta desde la ciencia política el recurso al reflejo autoritario, la teoría de los ciclos históricos es insuficiente y propagandísticamente no podemos culpar a las víctimas. Aisladas como en estos tres casos, una por una las disciplinas que se ocupan de los procesos sociales mostrarán sus límites con prontitud. Y es que en fenómenos sociales –particularmente los violentos– la complejidad es la norma, por ello, la categorización unívoca de la tragedia dificulta la tarea de conocer su anatomía, función y dimensión.



ACTUALIZADO 2014-07-18 AT 14:26:10
La conspiración de Hades
Fernando Montiel T.
ESCRITOR
Moreno Valle no va a caer
2014-07-18 14:26:10
Un niño con muerte cerebral, decenas de policías heridos, un puñado de campesinos despedazados, algunos ciudadanos indignados, contados periodistas honestos y una legisladora que denuncia no son suficientes: Moreno Valle no va a caer. Ni ahora, ni después.

¿Por qué? Porque la clase política local está castrada. Ningún secretario del gobierno estatal tiene la dignidad de la denuncia –y mucho menos de la renuncia– ante los excesos del gobernador. Esa dignidad fue la que llevó a Octavio Paz a renunciar como embajador de México en la India ante la matanza de 1968, y fue la misma que produjo la separación voluntaria de Carlos Fuentes del servicio diplomático en 1977 –mientras fungía como embajador de México en Francia– cuando José López Portillo nombró a Gustavo Díaz Ordaz como embajador en España. No lo hicieron por ser grandes escritores: lo hicieron porque eran seres humanos ordinarios con un sentido de lo que es moral, de lo que es el deber y de lo que es la dignidad, las tres, características básicas con las que cuenta cualquiera que no tenga la brújula ética tan torcida como el gobernador, sus secretarios, legisladores, corifeos y sicofantes a sueldo. Son estos todos limosneros que recogen lo que les avienta el patrón –y es que avienta mucho a veces–y por eso, se humillan con gusto esperando que el otro aviente más.


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