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ACTUALIZADO 2014-02-27 AT 12:19:54
Levantar una piedra
Diego Enrique Osorno
REPORTERO
Cómo se crean los capos
2014-02-27 12:19:54
Jesús Blancornelas, uno de los periodistas mejor informados del mundo del narcotráfico en México, divulgó la idea de que después de la detención de Miguel Ángel Félix Gallardo, el monopolio nacional del comercio de drogas, se convirtió en el oligopolio violento de la actualidad. El director del semanario Zeta, fallecido el 23 de noviembre de 2006 en el Hospital Del Prado, en Tijuana, describía así a Félix Gallardo: “Nunca en la historia mexicana del narcotráfico alguien como él para operar. Era hombre de palabra, de trato antes que de disparos, de convencimiento y no de ejecuciones. Menospreciaba; para deshacerse del enemigo; ni encarado ni arrebatado, tampoco malhablado, lo natural sinaloense; hombre de dominio por convencimiento y no a la fuerza. Tuvo además otra característica muy especial: desparramó silenciosamente billetes entre los policías de todas las escalas para formar una cadena muy discreta de información”.

El periodista nacido en San Luis Potosí, quien durante su carrera periodística tuvo un acceso privilegiado a los máximos mandos del Ejército en el país, así como también a los presidentes Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo y Vicente Fox, consideraba que a Félix Gallardo “lo capturaron más por necesidad política que por sorprenderlo con las manos en la masa; dio la lucha legal; la ganó, pero no se la reconocieron. La autoridad le tuvo miedo a la venganza. Pero los gobernantes de la época no entendieron: para Félix Gallardo, mexicanote, más valía un mal arreglo que un buen pleito”.

El fundador de Zeta, semanario que sigue publicándose con gran éxito en la frontera de México con California, relató en su libro “El Cártel”, la forma en que según él surgieron los cárteles modernos y los nuevos capos. Félix Gallardo “influyente y respetado en la prisión -escribe Blancaornelas-, invitó a los novatos del narco, a los que consideró “soldados” y “capitanes” de “su familia”, porque entonces cártel no era siquiera palabra conocida. Me imagino el mensaje: “Júntense y arreglénse, nada de pleitos, un territorio para cada quien, respétenlo, ayúdense, que todos se pongamn de acuerdo”. Y entonces bajo su imaginario manto protector la reunión se organizó en Acapulco; nadie los molestaría en ese sitio reservado para las clases pudientes. Nunca nadie podrá repetir lo que hizo Félix Gallardo y es verdad; por vez primera en México, el narcotráfico se dividió en “territorios”.



ACTUALIZADO 2014-01-23 AT 13:45:03
Levantar una piedra
Diego Enrique Osorno
REPORTERO
Poemas y balaceras
2014-01-23 13:45:03


¿Qué sucede aquí?

Apenas entramos a su libro y John Gibler

nos pide que nos agachemos

Que tengamos cuidado con las cifras,

porque cuando estallan los porcentajes

las esquirlas no dejan de volar...


ACTUALIZADO 2013-10-29 AT 21:24:17
Levantar una piedra
Diego Enrique Osorno
REPORTERO
Una señora Sada en el PT
2013-10-29 21:24:17
Contemplar lo que es bello

Joy quería pasar sus días volando como lo hacía su abuelo, un aventurero que en los sesenta logró la proeza de cruzar Estados Unidos de costa a costa en un avioncito. Sin embargo, una ligera convalecencia en San Diego, California, la hizo descubrir a los 22 años de edad la medicina alternativa y meditar sobre muchas cosas de la vida, entre otras, que los aviones de pasajeros de ahora son tan automatizados que vuelan casi solos, sin épica alguna. Por ello, la aviación sería un hobbie; en cambio, su misión sería el estudio y cuidado del cuerpo humano a partir de los beneficios de la Naturaleza. La Universidad Bastyr, la más destacada de Estados Unidos en naturopatía, y que no podía estar en una ciudad más alternativa que Seattle, la aceptó como su nueva alumna. Mientras viajaba hacia allá en su camioneta, un par de aviones automatizados, pero por el ciclo de la guerra y el terror, derrumbaron las Torres Gemelas de Nueva York. Joy recibió la llamada de su madre, Cristina Sada, desde San Pedro Garza García, Nuevo León. Estaba preocupada por lo sucedido. Madre e hija comentaron los dos mil kilómetros que Joy debía recorrer sola en carretera hasta Seattle y también los escenarios catastróficos que estaban en la mente de muchos en esos días. Joy acabó la llamada con una indicación a Cristina: “Si algo terrible sucediera, Mami, y se cortaran las comunicaciones, tú no vengas a donde yo estoy. Quédate, y yo te alcanzo”.

Tras sus primeras clases en Bastyr, Joy viajó a México para pasar las vacaciones navideñas de ese año con su madre y su novio Craig, además de sus dos hermanas menores. El 24 de diciembre cenaron en un restaurante de comida mexicana de Cancún y al día siguiente pasearon en un yate rentado. Joy platicó cómo ejercía su rebeldía en la Universidad de Bastyr, contra la disección de cadáveres humanos, decidiendo no entrar al laboratorio de prácticas, lo que ponía en riesgo sus calificaciones. Contra todo pronóstico, finalmente había aprobado la materia de Anatomía, sin pasar por la morgue universitaria que tanto despreciaba, debido a su amor por la vida natural. Al día siguiente amanecieron practicando Jet Ski y snorkel. Por la tarde dejaron el hotel para ir a Akumal, donde habían rentado una residencia para recibir el Año Nuevo. Cristina Sada tomó el volante de una Suburban rentada para recorrer los 104 kilómetros de distancia. En ese momento, la familia contemplaba lo que es bello junto a la mansedumbre del Caribe.

Joy y su madre, Cristina Sada.
Joy y Cristina.


ACTUALIZADO 2013-08-12 AT 00:26:09
Levantar una piedra
Diego Enrique Osorno
REPORTERO
Caro Quintero en Caborca
2013-08-12 00:26:09
La última vez que viajé a Caborca una persona me preguntó si me interesaba reunirme con la familia Caro Quintero. Me lo dijo sin la suspicacia habitual con la que mucha gente menciona estos apellidos. Los Caro Quintero son una familia que con el paso del tiempo ha dejado atrás el estigma del narco y se ha asentado en ese lejano pero bello pueblo desértico cercano a la frontera de Sonora con Arizona. El hombre que hizo la invitación me dijo que algunos miembros de la familia habían leído mi libro El Cártel de Sinaloa y estaban sorprendidos de que Miguel Ángel Félix Gallardo me hubiera compartido sus memorias. Sin embargo, lo que más les llamaba la atención era que Félix Gallardo explicara de forma tan precisa el papel de los narcotraficantes de antes en comparación con los de hoy en día.

En las cartas que me envió desde el Penal de Máxima Seguridad de Almoloya, Félix Gallardo, antiguo socio de Rafael Caro Quintero, explica, a resumidas cuentas, que antes había narcotraficantes y lo que hay ahora son criminales. El viejo capo quería desligar a él y a sus colaboradores de aquellos años de las nuevas y sanguinarias generaciones de narcos. También relataba muy a su manera cómo el narco mexicano de los ochenta trabajaba de manera coordinada con el régimen del PRI de entonces. El Cártel de Sinaloa era prácticamente una empresa paraestatal más; o bien, capos como Félix Gallardo o Caro Quintero, eran una especie de subsecretarios del tema que trabajaban con el gobierno, jamás en su contra.



ACTUALIZADO 2013-07-16 AT 17:45:42
Levantar una piedra
Diego Enrique Osorno
REPORTERO
Z-40: Vuelta a la normalidad
2013-07-16 17:45:42
Nuevo Laredo es una ciudad del noreste de México, rodeada de monte y tierra quemada por el sol. Por su carretera principal circulan miles de trailers día con día, llevando o trayendo mercancía legal o ilegal de Estados Unidos. Aunque no es tan famosa como Tijuana o Ciudad Juárez, se trata de una de las fronteras terrestres con mayor intercambio comercial de América Latina. Su economía legal gira en torno a Texas, aunque en el mercado negro, la cocaína que se trafica por ahí es la que va directo a las fantásticas calles de Nueva York.

Pero además de su carretera principal y sus avenidas asfaltadas, Nuevo Laredo está rodeada por un laberinto de brechas, caminos con ambiente western que llevan a donde sea, rutas campesinas de antaño por las que también circula esa vida de las sombras. Durante la madrugada de este lunes veraniego, de acuerdo con la versión oficial, por uno de estos entresijos del noreste mexicano, viajaba Miguel Ángel Treviño. Iba acompañado solamente por un escolta que cargaba 8 armas largas y 500 cartuchos, y por un contador que llevaba guardados 2 millones de dólares en efectivo. Algo falló esta vez porque ni el arsenal ni el dinero –en una región donde ambas cosas son primordiales para sobrevivir– impidieron la detención de quien estaba catalogado como el líder de Los Zetas.


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