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ACTUALIZADO 2012-01-03 AT 14:09:49
La conspiración de Hades
Fernando Montiel T.
ESCRITOR
Maquiavelo ¿maquiavélico?
2012-01-03 14:09:49


Si la sicopatía política -es decir, la idiotez moral- tuviese una liturgia, esta sería El Príncipe de Niccolò di Bernardo dei Machiavelli (1469-1527). Si se trata de la llamada "Razón de Estado", entonces el fin justifica los medios, y no caben consideraciones éticas o morales que frenen al Príncipe en su afán de construir y conservar su principado. Dicen los que saben que este es el corazón mismo del tratado; y dicen también, que con este tratado nacen las llamadas "ciencias políticas".

Para el profano en las artes políticas se trata de un texto infame. Atacado por personalidades de la talla de Voltaire y citado y comentado por políticos de la estirpe de Benito Mussolini, El Príncipe llegó a dejar el plano de lo perverso para internarse en el de lo infernal: digito diaboli ("con el dedo del diablo") fue como un religioso, contemporáneo a su autor, sentenció sobre la escritura del tratado.

Satánico o no, El Príncipe y su autor cuentan entre sus fanáticos más a políticos que a politólogos. "Maquiavélico" es como todo político quisiera ser catalogado en su fuero interno como sinónimo de astucia, inteligencia y talento. ¿Será porque los primeros, en su vicio de leer poco, lento y mal, se enamoran con facilidad de lo que "dicen que dice" El Príncipe sin saber absolutamente nada de su autor o de la obra y su contexto? ¿Maquiavélicos quieren ser llamados? Veamos.



ACTUALIZADO 2011-12-22 AT 21:03:40
La conspiración de Hades
Fernando Montiel T.
ESCRITOR
Oriente, Kim Jong-Il y prensa
2011-12-22 21:03:40


Los vicios racistas y eurocentristas sobre Oriente y lo oriental de los que adolece Occidente y el pensamiento occidental fueron desmontados hace mucho. Aun así, la ignorancia sobre lo que es y lo que ocurre al otro lado del mundo es ama y señora: Europa del Este sigue siendo "un misterio" para los desinformados; el conflicto entre Israel y sus vecinos comienza en las nomenclaturas (pregunta: ¿es Oriente Próximo o Medio Oriente? Respuesta: depende del amo colonial que nos educó) y los acontecimientos en la región Asia Pacífico apenas nos interesan, y cuando consiguen llamar nuestra atención es por una curiosidad morbosa. Tres "orientes": Europa Oriental, Oriente Próximo y el Lejano Oriente. Con la distancia, crece la distorsión, y con la distorsión, el racismo de la percepción y la aberración del juicio.

Cada Oriente termina el año con un fin distinto, la muerte de Vaclav Havel cierra una cierta visión romántica de Europa; la retirada imperial de Irak clausura, sin éxito, sin decencia, sin madre, el futuro de un pueblo; y la desaparición física de Kim Jong-il bloquea cualquier análisis serio del conflicto en la península coreana. Aquí en "Occidente" (pregunta: si México esta al oriente de Indonesia ¿por qué hemos de ser nosotros los occidentales? Respuesta: porque sí y punto) los impactos de cada uno de estos tres sucesos es claramente divergente: la primera es clara –debe entristecernos y provocar suspiros– la segunda es debatible –¿podrán esos salvajes gobernarse solos?-– y la tercera simplemente irrefutable: qué bueno que se murió, ahora el mundo es un lugar mejor. La lógica, que ancla su popularidad en un simplismo mediocre, no deja lugar a la incertidumbre: Vaclav Havel era un buen hombre que hizo cosas buenas; los Estados Unidos tenían buenas intenciones pero no tuvieron buenos resultados (o a la inversa: tenían malas intenciones –querían el petróleo– y obtuvieron buenos resultados: "liberaron" al pueblo irakí de un tirano) y Kim Jong-il era un mal hombre que hacía cosas malas. La blancura inmaculada del primer presidente checo es tan resplandeciente como oscura era la vida, la obra, las ideas, la historia, los planes, el espíritu, el alma y la estirpe del norcoreano. Así es el mundo, buenos y malos; entre más cerca y más europeos son mejores y entre más lejos y más asiáticos son peores. ¿E Irak? ¡Ah! Irak, ahí sí podemos debatir, ahí hay ambigüedad, no es claro, sólo cabe esperar, el tiempo lo dirá...

Y los estúpidos, que somos muchos, creemos todo a pie juntillas...



ACTUALIZADO 2011-12-15 AT 15:07:27
La cueva de Montesinos
Emiliano Ruiz Parra
REPORTERO
Killing an Arab
2011-12-15 15:07:27


Rodeado de arces y sicomoros, el estanque ofrece una de las vistas más apacibles de Aarhus. Los patos graznan a la espera de un pedazo de pan; las gaviotas vuelan alrededor y los céspedes, aun en lo más crudo del invierno, reflejan con el brillo de su verdor los pálidos rayos del sol. Situado dentro del campus universitario, cada tanto me siento en una de sus bancas a contemplar el espectáculo del silencio y la naturaleza. Esa mañana, sin embargo, la tranquilidad se perturbó por la carrera de un hombre de cabello gris con una red en la mano que perseguía a un pequeño gallinazo. Hubo una fracción de segundo que lo tuvo al alcance pero no se animó a arrojarse para atraparlo y el pajarillo se lanzó al agua. El hombre resolló y se dirigió a mí en una lengua que no comprendí.

–Disculpe, no hablo danés –le dije.

Me respondió en inglés fluido:

–Las gaviotas atacaron a la madre de este pequeño gallinazo y ahora debo rescatarlo o, de lo contrario, se lo comerán a él también si no está su madre para defenderlo. ¡Pero vaya que corre rápido!

–¿Y qué hará con él si lo atrapa? –pregunté.

–Cuando menos, llevarlo al estanque de allá, que es más pequeño. Pero creo que lo mejor será llevarlo al hospital.

–¿Al hospital?

–Sí, tenemos un hospital para los animales en situación vulnerable. Allá crecería, y ya más grande lo devolveríamos al estanque.



ACTUALIZADO 2011-12-14 AT 19:58:01
Otros viajes
Enrique Escalona
REPORTERO Y GUIONISTA
De pinta en el DF
2011-12-14 19:58:01




¿Quieres ver a un muerto?, me dijo mi amigo Roberto una mañana de mil novecientos ochenta y tantos, y como era un niño de 10 años y a esa edad sigues siendo valiente le dije que sí. Nos desviamos del camino a la primaria y llegamos a la pulquería La Coyota. En su banqueta yacía muerto un conocido teporocho de la colonia apodado "La Marrana". Estaba cubierto con una sábana y rodeado de veladoras. "Se murió de frío", dijo una borrachita, y para cerciorarnos picamos el cuerpo con una rama hasta que se nos hizo tarde y ya no nos dejaron entrar a la escuela. Nos tuvimos que ir de pinta y fue la primera vez que vagué por el DF sin mis papás.

El desparpajo de Roberto me impresionaba. Mientras yo debía esperar sentado sobre mi portafolio junto a la puerta de la primaria a que llegara mi mamá, él cruzaba la calle, iba al puesto de tacos de enfrente, pedía lo que se le antojaba y regresaba con todo lo que tenía prohibido comer. Mientras yo usaba "chasarillas" y suéteres de lana, él traía playeras de Van Halen que tomaba prestadas a su tío, y aunque le llegaban a la rodilla, eran mejores que mi atuendo de primera comunión. Él era Huckleberry Finn y yo estaba lejos de ser Tom Sawyer, si acaso era Sid, el hermano aburrido de Tom, tal y como salía en la caricatura japonesa que transmitían por esos días.

Para vencer mis miedos decidí volverme a ir de pinta con él. Nos subimos a un camión que nos dejó en Polanco, donde caminamos cuanto pudimos, hasta llegar a una tienda donde tomamos un refresco. Eso fue todo, regresamos justo a la salida de clases, ante la admiración de nuestros compañeros de salón, que no podían creer el atrevimiento y escuchaban nuestras aventuras magnificadas.



ACTUALIZADO 2011-12-14 AT 14:58:01
La llama y el vagabundo
Alonso Ruvalcaba
ESCRITOR
El pinche amor, otra vez
2011-12-14 14:58:01




Ningún ser humano está tan cerca de la muerte como un enamorado: cada separación, cada palabra desdeñosa son desesperación y vértigo. También si el amor es correspondido: el amado, ese dios falible, nos ha elegido a nosotros, increíblemente. Es demasiada la Fortuna: sabemos que no puede durar. Cada día vencemos a las posibilidades, a los presagios funestos –y el enamorado, que es un arrojado, un extremista, tienta al azar, vive de esa descarga nerviosa y pregunta siempre: ¿me amas? "Si algo me sucede –escribió Meleagro–, riega con vino mis cenizas, te lo ruego, y antes de sepultarlas talla en la urna esta inscripción: Regalo del Amor para la Muerte." Romeo y Juliet deciden que la muerte es la única manera de perpetuar el amor, que nace en contra de todo; Shakespeare, en cuyas obras aparece la palabra love, verbo y sustantivo, 2684 veces, rogaba a su amado que tuviera un hijo: tal vez así podría vencer a la muerte horrible y seguir siendo "del mundo fresco adorno": the world’s fresh ornament.

Ningún ser humano, es la verdad también, está tan cerca del nacimiento como el enamorado: el mundo, reverdecido por un instante que se eterniza, contiene todas las posibilidades. Las calles parecen recién pintadas: exigimos por eso la detención del Tiempo, a gritos queremos pedirle que deje de cantar su triste canción de despedida: reloj, no marques las horas. Dante es otro ejemplo: antes de conocer a Beatriz poco o nada se podía leer en el libro de su memoria; el día de mayo de 1274 en que la conoció pudo escribir en ese libro: incipit vita nova, aquí empieza una nueva vida.



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