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ACTUALIZADO 2011-09-02 AT 13:50:48
Cabeza de borrador
Pável Granados
ESCRITOR
Manuel Rodríguez Lozano
2011-09-02 13:50:48




(El pasado miércoles 31 de agosto, estuvimos Mónica López Velarde, directora de Artes Plásticas del INBA, Emely Baché, experta en arte mexicano y yo, en la fiesta de presentación del catálogo de la exposición de Manuel Rodríguez Lozano en el MUNAL, que estará hasta octubre. La presentación fue en Isabel La Católica 30, en donde se encuentra el mural El holocausto, de 1945, que Rodríguez Lozano pintó a petición de Francisco Sergio Iturbe. El catálogo Arte y pensamiento 1922-1958 tiene textos de Jaime Moreno Villlarreal, Berta Taracena, Patricia M. Artundo, Arturo López y uno mío. Les comparto el texto que leí en la presentación.)

El MUNAL reúne en una magnifica exposición la obra de Manuel Rodríguez Lozano. Antes, sólo dos veces, en 1971 y 1998, se había realizado esta empresa. No es una obra abundante, o quizá es que mucho se perdió en el peligroso camino que conduce del pasado al presente. Gracias a esta muestra, aquel que la visite podrá hacerse un juicio muy preciso y abarcador de sus casi cuatro décadas de creación pictórica. Son cuadros, ciertamente, reacios a conversar. Se les saluda, no devuelven el saludo. Sus mujeres están de espaldas. O están desnudas frente a uno, pero con una infranqueable decisión de no hablar que intimida. Sus calles están vacías y no se puede interrogar más que al silencio. Sus mujeres y sus hombres ya están bastante ocupados en sufrir, en derrumbarse o en morir. En el magnífico catálogo que hoy presentamos estamos convocados a interrogarlo (además de mí) Jaime Moreno Villarreal, Berta Taracena, Patricia M. Artundo y Arturo López Rodríguez. El resultado es un diálogo arduo, en el cual no participa mucho el pintor. Le gusta callar, volverse un mito, resurgir de sus cenizas, volar como Ícaro, ir al cielo como Prometeo, descender al infierno como Orfeo, darle vida a sus creaciones como Pigmalión, subir al cielo a sus amantes como Zeus y repartir la manzana de la belleza como si fuera la Discordia. Le gustaba ser amado sin esperanza. Y le gustaba considerarse la esperanza. Quizás le hubiera gustado ser el lago en el que naufragó Narciso. Él mismo gozaba con ser, con existir, con ser la tentación. Descubría el amor en unos muchachos a los que luego envidiaba. No sé si entonces su cariño se volvió destructivo. Como sea, se le pasó un poco la mano con Nahui Ollin. Bueno, también con Antonieta Rivas Mercado. Ah, y naturalmente con Abraham Ángel. Nadie es intacto al tiempo y Rodríguez Lozano se ha diluido en él: hemos conjurado la tentación y estamos aquí esta noche para ser sometidos, si es el caso, por sólo sus atractivos estéticos.



ACTUALIZADO 2011-09-01 AT 18:02:59
El blog de la redacción
Redacción Gatopardo
PERIODISTAS
Un escritor sin fe
2011-09-01 18:02:59




Cuando Fernando Vallejo acudió a la Feria del Libro de Barcelona en 1997, su libro La virgen de los sicarios era ya un éxito editorial. Era la novela sobre el bajo mundo del Medellín de fin de siglo, de las balas, los cárteles y la sensualidad entre un escritor adulto y un adolescente (llevada al cine por Barbet Schroeder). En aquella ocasión, en Barcelona, Vallejo se reencontró con varios amigos colombianos, críticos y escritores que no veía en años; parecía ser un día de aquellos difíciles de olvidar, de dicha inusual, como cuando el paria se reencuentra con su mundo. Entonces ahí, entre amigos, pasó por su mente la idea de una historia: un escritor que de pronto se sabe viejo.

Pocos han narrado tantas veces su muerte como Fernando Vallejo, me cuenta su editora Pilar Reyes Forero, quien reside en la ciudad de Madrid. "Es alguien que tiene una vida desesperanzada, que tiene conciencia de una vida que se va y lo mismo pasa con la patria, con el idioma, la familia o el amor. Todo es transitorio y su mirada es siempre fatalista". Vallejo llegó a la ciudad de México en los años setenta en busca de hacer cine —y desde entonces vive en la calle Ámsterdam de la colonia Condesa, que últimamente, dice, se ha vuelto más y más ruidosa.

Ateo, irónico, nihilista, homosexual, Fernando Vallejo, es un escritor de las injurias, enemigo de la Iglesia y de toda clase de políticos, como lo muestra esta entrevista para el canal chileno TVN:



ACTUALIZADO 2011-08-31 AT 13:22:21
Aspirina molida
Rodrigo Márquez Tizano
ESCRITOR
Ausencia
2011-08-31 13:22:21


Desde mi vuelta a la ciudad apenas he tenido tiempo para llevar a cabo los planes que urdí desde la molicie transatlántica. Sucede por lo regular de esta manera: el espacio y el tiempo nos parecen vastos, casi infinitos a la distancia, y más tarde, cuando hemos llegado al fin al lugar dispuesto para que todo transcurra con naturalidad, nos topamos con un escenario farragoso e intratable. Puedo, para fines imprácticos, separar mis planes no cumplidos en dos grandes grupos: los compromisos ineludibles y las cosas que importan de verdad. No hay distancia palpable entre ambos: esta columna, por ejemplo, había caído en las manos del abandono involuntario sin que hubiese nada más en común con otros tantos propósitos de muy distintas complexiones, que el haber corrido con idéntica suerte. He aquí que un fenómeno se convierte en obsesión. La nostalgia con intereses y ese prolongado novenario del acogimiento han devenido en el rehús de una borrachera de muchos días: el resacón anímico, la grasa aérea y los heraldos prietos de la bienvenida han podido más con mis células que la sospecha de un jetlag interminable. Pese a todo, (o precisamente por ello) sigo procrastinando. No me he hecho sacar la muela del juicio –que promete convertirse pronto en un foco infeccioso de alto riesgo– ni mucho menos he conseguido que le cambien esas llantas tan lisas al coche del que juré deshacerme apenas tocara suelo capitalino. Iba también a operarme los ojos (la miopía se ha vuelto una tormenta de nieve), a vender una esclava de oro que heredé de un tío que fue cinturita (no estoy interesado en quedarme manco), y a ponerme al día con Hacienda (que está dando muestras claras –al menos en lo que a mi morosidad corresponde– de ser una de las pocas dependencias que cumplen con su cometido en este vertedero).



ACTUALIZADO 2011-08-31 AT 12:25:06
El blog de la redacción
Redacción Gatopardo
PERIODISTAS
Mariguana y medio ambiente
2011-08-31 12:25:06


La noticia de la quemazón del Casino Royale me agarró en medio de un viaje a San Francisco, y acabó por afectar toda mi visión de la ciudad. Sólo tenía ojos para ver los asuntos relacionados con drogas. Por ejemplo. De camino a una cita en el barrio llamado The Mission, vi cómo unos policías arrestaban a un junkie. Esa misma noche, caminando por un parque, escuché a un dealer ofrecer abiertamente hongos alucinógenos y vi a un grupo de muchachos correr a comprar la droga.

Se percibía en las calles un ambiente más bien alegre. Caminando con Adriana Camarena, mi sobrina, que vive allá, nos topamos con unos chicos que se preparaban para asistir a un festival en el desierto de Nevada, llamado Burning Man. Estaban empacando sus cosas en un camión de volteo. Burning Man es una concentración de decenas de miles de personas que montan con sus campamentos una especie de ciudad utópica dedicada al arte y a diferentes formas de expresión personal. Incluye una generosa dosis de drogas. Adriana se puso a conversar con uno de aquellos muchachos, quien libremente comenzó a hablar de su consumo personal.



Imagen de Burning Man tomada de www.tagbanger.com

Me pareció evidente que en esta guerra, alguien se estaba divirtiendo mientras nosotros estábamos poniendo los muertos.



ACTUALIZADO 2011-08-30 AT 14:40:08
La llama y el vagabundo
Alonso Ruvalcaba
ESCRITOR
Más apuntes para un brindis
2011-08-30 14:40:08




El código del brindis es tan firme –estamos celebrando, alegres, dedicamos esta copa o estas copas a la salud de alguien, presente o ausente, o a su honor o a la dicha de estos tiempos o de los que fueron o de los que serán– que se presta al símbolo, a la señal ominosa. En cine es incesantemente así. Nadie no recuerda el brindis amoroso pero que ya anuncia el drama de Rick en Casablanca (Michael Curtiz, 1943): "Here’s looking at you, kid":



Un ejemplo mejor: al principio de Mala mujer (Scarlet Street, 1946), obra maestra de Fritz Lang, fúricamente misógina y, para el caso, intachablemente misantrópica, se brinda por el año veinticinco de servicio de Chris Cross para un banco: veinticinco años sentado ante su caja. Su jefe le regala un reloj de oro atribulado de diamantes, le da puros, champaña; los compañeros alzan su copa también por la salud de este hombre que intuye, en el fondo, que no se brinda aquí por un logro sino por una vida funeral cuyo único sentido es la repetición de todo interminablemente... Tan bien lo sabe, que a la salida del brindis conocerá a Kitty March, hermosa y mortal como un sable japonés, y se atreverá a encenderse, a amar, a mentir, a robar, a matar, a enloquecer: todo eso estaba preparado en aquel brindis... Otro: el primer verdadero brindis entre Joe Clay y Kirsten Arnesen en Días de vino y rosas (Days of wine and roses, 1962) de Blake Edwards. Están en el muelle, en su primera salida: en Joe está la pedez y la condición de pobre diablo, en Kirsten la ingenuidad y la fe. Entonces, con la vista en el mar negro, Kirsten repite unos versos de Ernest Dowson:

They are not long, the days of wine and roses:
Out of a misty dream

Our path emerges for a while,then closes
Within a dream:


son breves estos días de vino y rosas: el camino se abre entre un sueño y una niebla y un momento después se cierra en otro sueño. (La rosa, el vino, la brevedad de todo recuerdan los brindis en rubáiyát de Khayyám; este, por ejemplo.) "Son breves estos días" dice Kirsten, y Joe saca su anforita, la alza en un salud y bebe sus heces: no saben ellos (pero nosotros sí, horriblemente) que en ese brindis está ya la Kirsten del futuro, abyecta y rota de alcohol barato.



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