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ACTUALIZADO 2012-11-07 AT 19:03:07
La cueva de Montesinos
Emiliano Ruiz Parra
REPORTERO
Ovejas negras
2012-11-07 19:03:07




Tengo muy presente el recuerdo de dos sacerdotes celebrando una misa en plena calle, en Polanco, uno de los barrios más exclusivos de esta ciudad. El altar era una mesa de plástico y los feligreses seguían la misa sentados en sillas plegables. Esos feligreses, por cierto, no eran los altos ejecutivos de Polanco, sino campesinos y mineros pobres de la zona carbonífera de Coahuila, sobre todo mujeres. La imagen de los dos sacerdotes se reflejaba en el vidrio-espejo de las oficinas de Grupo México, un emporio minero cuyo dueño, Germán Larrea, figuraba en las listas de los hombres más ricos del mundo, esas listas tristemente célebres de la revista Forbes.

Esos dos sacerdotes eran el fraile dominico Raúl Vera López y el sacerdote jesuita Carlos Rodríguez Rivera. Ahí estaba también la teóloga laica Cristina Auerbach. Era el 19 de septiembre de 2007 y, como cada día 19 de cada mes, alguno de esos dos curas celebraba una misa frente a las oficinas de Grupo México. Era cada 19 porque un 19 de febrero, pero de 2006, una explosión en la mina Pasta de Conchos había sepultado a 65 trabajadores. Sabemos la historia de esa explosión: los trabajadores no tenían condiciones mínimas de seguridad. Tras la explosión, a la mina llegaron los familiares de los desaparecidos a reclamar su rescate. Esos familiares fueron cuatro veces regañados y despreciados: por la empresa, que se negó a rescatarlos vivos o muertos; por el gobierno, que le dio carta de impunidad a Grupo México; por el cacique sindical Napoleón Gómez Urrutia, que llegó con un abrigo de pelos de oso y huyó de la zona sin volver a dar la cara tras revelarse que pesaba sobre él una orden de aprehensión por fraude; y por el obispo de Piedras Negras, que regañó a los deudos de Pasta de Conchos por atreverse a reclamar el rescate y los llamó a la reconciliación y el perdón.

Recuerdo mi visita al albergue Hermanos en el Camino, de Ixtepec, Oaxaca, en junio de 2011, en donde vi a Alejandro Solalinde compartir la comida podrida que le regalaban del mercado de Juchitán, con los transmigrantes centroamericanos. Dormía en un colchón que tiraba en medio del patio y dedicaba sus horas a conversar, confortar y defender a los migrantes, muchos de ellos víctimas de secuestro. Unos meses atrás, la delegada del Instituto Nacional de Migración, Mercedes Gómez Mont, con el entonces obispo Felipe Padilla Cardona, lo presionaron para cerrar ese albergue y cambiarse a un terreno que estaba a tres kilómetros de las vías de ferrocarril, a donde jamás llegarían los migrantes. Solalinde, por supuesto, se negó.

Recuerdo al padre Pedro Pantoja acudir un 6 de enero, día de la Epifanía, a celebrar una misa al Rancho Temporales, a unos kilómetros de Saltillo. Se trataba de un pueblo aterrorizado por los Zetas, que habían ejecutado a dos jóvenes con el simple propósito de marcar su territorio y establecer quién mandaba ahí. Pantoja se fue a parar a ese pueblo no sólo a llevar la liturgia católica, no sólo a llevarle pan y piñatas a los niños, sino a hablar de política y a concientizar a los campesinos de Temporales acerca de la solidaridad que le debían a los transmigrantes centroamericanos. Pantoja, por cierto, es el director de otro albergue importantísimo para la defensa de esta población: la Casa del Migrante de Saltillo o Belén Posada del Migrante.



ACTUALIZADO 2012-11-07 AT 13:16:23
El blog de la redacción
Redacción Gatopardo
PERIODISTAS
Morelia en celuloide
2012-11-07 13:16:23


Por Guillermo Sánchez Cervantes



El lunes por la noche mientras uno bajaba por el Conservatorio de las Rosas, en la ciudad de Morelia, se podía ver a lo lejos una multitud que atiborraba la entrada del Cinépolis Centro. Iba a proyectarse una de tantas premieres en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM). El reloj marcaba las ocho de la noche y comenzaba a llegar a la alfombra roja el elenco de la nueva cinta de Luis Mandoki, La vida precoz y breve de Sabinas Rivas, a días de su estreno en circuitos comerciales —tal como lo hiciera hace años cuando estrenó Voces inocentes en el festival—. Desfilaron los actores Joaquín Cossío, Angelina Peláez y la venezolana Greisy Mena, quien protagoniza esta cinta —y que Mandoki descubrió un día buscando demos de actrices latinoamericanas por internet, y resultó toda una revelación—. Por ahí también estuvieron los productores Perla Ciuk y Abraham Zabludovsky, quien produce además su primera película. Luis Mandoki aborda en su nuevo filme la realidad más cruda que se vive en la frontera sur de México con Guatemala, entre corrupción, narcotráfico y la violencia que generan las maras.



ACTUALIZADO 2012-11-06 AT 14:15:25
¿Sabrá tu novia que escuchamos Morrissey?
Maru Aguzzi
DISEñADORA Y CRíTICA DE CINE Y MúSICA
Velvet Underground, 45 años
2012-11-06 14:15:25


Este 2012 marca el 45 aniversario de la salida del álbum debut de la banda neoyorquina The Velvet Underground. The Velvet Underground & Nico es un disco emblemático que, bajo la insistencia del artista —y manager en ese momento— Andy Warhol, cuenta con la participación de la cantante Nico en algunas de las canciones.

El sello Castle Face Records, con base en San Francisco, es el encargado de conmemorar este aniversario editando un álbum tributo en el que cada canción es interpretada por una banda diferente. Para la ocasión, el arte del disco originalmente dibujado por Warhol también está reinterpretado por el artista David Shrigley.





ACTUALIZADO 2012-10-24 AT 19:32:09
El blog de la redacción
Redacción Gatopardo
PERIODISTAS
La subversión del periodismo
2012-10-24 19:32:09


Por Guillermo Osorno

Lo primero que tengo que decir de Diego Enrique Osorno es que no somos parientes, aunque él diga que yo soy su tío incómodo. Lo segundo es que durante muchos años yo pensaba que era el único Osorno periodista. Los hermanos de mi papá no se casaron o no tuvieron hijos varones. Y yo no conocía a otros Osorno, y menos que fueran reporteros.

Pero comencé a mirar a un Osorno que se colaba en las páginas de Milenio y, luego, que mandaba notas, como partes de guerra, desde el campo de batalla en el que se había convertido Oaxaca en 2006. Ese Osorno también hablaba en el radio para mantenernos al tanto de lo que sucedía por allá. ¿Y saben? Ese Osorno no era yo.

Ese era Diego Enrique, un reportero de Monterrey, el hijo de Carlos Gregorio Osorno Sánchez y de Martha Nelly González Garza, que nació en 1980, cuando sus papás vivían en colonia Terminal de Monterrey, y que vine a conocer en 2007, cuando llegó a la revista Gatopardo, que yo edito, a proponer un texto sobre una mina en Perú.

Desde entonces se ha convertido en un no-pariente cercano. Me ha tocado ser testigo de varias piruetas que ha dado en la vida. La más importante: su conversión al periodismo narrativo, que por mucho tiempo, frente al diarismo, consideró banal –tan ocioso, según me confesó hace poco, como mi persona y la revista Gatopardo.

Para explicar por qué Diego Enrique vivía en tan grave error, hay que hacer un poco de psicología de banqueta. Remontémonos a su adolescencia. A los 14 años Diego Enrique se encontraba en una situación complicada: no era muy listo, no era muy guapo, y su familia estaba a punto de perder la casa por culpa de la devaluación del peso, la inflación y el aumento inmisericorde de las tasas de interés que ocurrieron al final del periodo presidencial de Carlos Salinas de Gortari.



ACTUALIZADO 2012-10-19 AT 19:55:12
La conspiración de Hades
Fernando Montiel T.
ESCRITOR
Colombia: paz de los oligarcas
2012-10-19 19:55:12


Para Diego E. Osorno

Bogotá.- Se habla de paz y de pronto el mundo parece diferente. Hace algunos meses Alfonso Cano, alto dirigente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –Ejército del Pueblo (FARC-EP)– dio un paso al diálogo que luego el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, retomó. Dos naciones –Cuba y Noruega– se ofrecieron como garantes, y ya con el proceso en marcha la declaración del jefe del equipo negociador gubernamental –el antiguo ministro Humberto de la Calle– invita a esperar algo mejor: "Creemos que hay elementos estructurales que permiten abrigar la esperanza y la idea de que traeremos buenas noticias para Colombia".

Y entonces el anhelo de un futuro flota en el aire.



*****



Las palabras del jefe del equipo negociador aparecieron en Bogotá en la primera línea del primer párrafo de la primera nota de la primera plana del diario propiedad de la primera familia de la nación... la del presidente.

No se trata de una crítica estéril contra el titular del ejecutivo. De hecho, la crítica es apenas una insinuación de un hecho que tal vez por fundamental es ampliamente ignorado cuando no desdeñado de plano en medio del fervor por el proceso de paz en curso: el hecho de que la factibilidad del éxito dependerá, en buena medida, de la sinceridad con la que se negocie sobre los temas que son importantes y no sólo sobre los que son visibles.

Pero vamos por partes. ¿Qué es visible? Visible es que la paz llega herida, o peor aún: la paz llega errada.



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