Martes 25 de noviembre de 2014 
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El poder de las voces antiguas
Escuchar al músico y artista sonoro Tarek Atoui (Líbano, 1980) puede parecer una experiencia caótica. Entre un sinfín de mesas con dispositivos electrónicos, él acciona perillas y botones a diestra y siniestra hasta desatar raudales de sonidos: desde grabaciones de radio y televisión, hasta otros que él mismo construye de manera digital. Para accionarlos, Atoui no deja de moverse entre un aparato y otro. Como un poseso, gesticula y se agita con un semblante que hace pensar al espectador que está más bien ante un performance y no un concierto. Sin embargo, el caos no suena: lo que Atoui hace es liberar el sonido y confiar en que fluya por sí mismo. La prueba es que en su más reciente proyecto, The Dahlem Sessions, ha pasado de un simple ejecutante de sonidos a director. “Vengo de la música electroacústica, del noise. Programo en Max/MSP y hago instrumentos con sensores. Así que trabajar con seres humanos era el último paso que necesitaba dar. Después de trabajar tanto con software, noté sus limitantes”, dice en entrevista.

Atoui tuvo acceso a la colección de instrumentos antiguos del Ethnologisches Museen Dahlem en Berlín, donde permanecían embodegados con datos sobre mecánica y época pero sin el menor rastro de cómo sonaban. “Era como si la historia alrededor de ellos hubiera sido borrada. Lo único que sabíamos era que producían sonido. Ahora una nueva historia puede empezar a contarse”, dice el artista, quien para reescribir esta historia invitó a 18 músicos a improvisar con ellos y generar grabaciones en el marco de la Bienal de Berlín 2014. Mudos durante siglos, los instrumentos volvieron a tener una voz carente de estilos. Organizó enseguida presentaciones en vivo para explorar el sonido colectivo de diferentes formas “donde ya no se pudiera distinguir qué es cuerda, qué es viento, qué es percusión. Que todo se fusione de manera integral, orgánica”, dice el artista.

La última etapa de The Dahlem Sessions llega a la Ciudad de México por medio de la galería Kurimanzutto: Atoui pidió a fabricantes de instrumentos que escucharan las grabaciones realizadas y construyeran lo que ellos imaginaban había producido esos sonidos. El objetivo era descubrir qué tipo de conocimiento se podía generar a partir de nuevos instrumentos y cómo sería su vida y uso en el mundo contemporáneo. Se crearon máquinas que mezclan viento, cuerda y percusión para borrar cualquier tipología musical y producir nuevas sonoridades: un arco motorizado operado con un pedal, una rueda que pulsa cuerdas mecánicamente, órganos accionados con una compresora de aire o tubos de hasta veinte metros de largo que producen sonidos gravísimos. Para esta exposición, invitará a músicos mexicanos a generar grabaciones en vivo y organizar sesiones colectivas, además de la exhibición de los ocho instrumentos creados.

Este ejercicio busca repensar la música en otros términos, abrir los oídos a partir de estrategias más cercanas al arte como el performance, algo que los compositores del siglo XX como Young, Cage, Stockhausen o Fluxus desarrollaron en paralelo a su práctica musical. “Hoy ya perdimos esa tradición, no tenemos gente que se salga de la sala de conciertos. Es una pena que la música se abrió demasiado y ahora tiende a formatos y normas más convencionales. Lo bueno es que en el arte, la forma es cuestionada y podemos trabajar en proyectos largos, o de sitio específico, algo que el mundo de la música no nos está ofreciendo”, concluye.

The Dahlem Sessions
Galería Kurimanzutto, hasta el 13 de diciembre
Rafael Rebollar 94, San Miguel Chapultepec
kurimanzutto.com

Imagen: El músico Axel Dörner en la presentación de The Dahlem Sessions en Berlín. Cortesía de Kurimanzutto.
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