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Jamón a la infinita potencia
Paseando por la colonia Roma, ya con la idea muy clara de fundar una especie de santuario dedicado al jamón, la guapa Montserrat Mass (también conocida por ser gerente operativa del DO, en Polanco) encontró el lugar perfecto: sobre Álvaro Obregón, un local aparentemente pequeño, que al recorrerse hacia el fondo va revelando otras salas y remata en un lindo patio.
Aliada con el arquitecto Javier Sánchez Corral, Montserrat convirtió este espacio en la perdición de los carnívoros, quienes nada más al ver los suculentos jamones desde la calle, se detienen a salivar (y probar). Ahí dentro, el trabajo lo hacen Juan y Ricardo González, de los mejores cortadores de jamón de México, y el chef Huber Manuel Carrera, también ex DO.
Dan ganas de pegarle una mordida directamente a las patas exhibidas a la entrada, pero hay que controlar los instintos y empezar, según el clima y el antojo, con un tinto de verano o una burbujeante cava española. Aunque en la carta hay otras cosas que también son buenísimas (los canelones y el estofado son el más rico remedio para el hambre y el desasosiego), conviene pedir una degustación para probar los jamones disponibles, sobre los cuales Juan y Ricardo estarán dispuestos a hablarte. Otro platillo que no hay que perderse son las tapas de chicharrón que es jamón frito en aceite de oliva: lo más cronchi-delicioso que jamás has comido. Y en caso de vegetarianismo, los quesos añejados y el pan también son espectaculares.
Ya sea en alguna de las mesas de la calle (para los que gustan de encontrarse a todo mundo); en el primer salón, más iluminado, con los jamones a la vista; en el área interior, más acogedora y privada, o en el patio del fondo, fresco e ideal para una sobremesa eterna, es buena idea ir acompañado para pedir al centro y para compartir la emoción de degustar cosas tan buenas. Ah, y para probar más de un postre, al menos la tarta de Santiago y la leche frita, ambos maravillosos.
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