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Al borde de la locura
Dicen que todos nos movemos al borde de la locura. Diariamente estamos a un paso -un empujoncito- de caer en el abismo. El mal de la taiga (Tusquets, 2012), la novela más reciente de la autora mexicana Cristina Rivera Garza, juega con esta idea desde una perspectiva casi mitológica. "El mal de la taiga es un mal real, de la gente que se pierde tratando de huir", explica la escritora, "también es como anduvo la idea en mi cabeza mucho tiempo, nada más dando vueltas y sin poder salir".
Esta novela interna al lector en la taiga, el bosque boreal en los confines del mundo. Una detective, asistida por un traductor, ha sido contratada por un esposo abandonado para traer de vuelta a su esposa. La mujer huyó con otro hombre para perderse en la lejanía, sin explicaciones, pero dejando tras de sí un sendero de migajas (telegramas, postales, cartas), como si quisiera ser encontrada.
"Hay una relación de espejo entre estas parejas y en efecto, la primera tiene por lo menos el pretexto de que lo están haciendo por dinero", dice Rivera Garza, "quería tener a estos personajes que se van pero sin la justificación del heroísmo, con toda la aleatoriedad, con todo el azar, sin objetivo prescrito. ¿Por qué las personas se van? Pues no sabemos, ni ellos tampoco, pero es incómodo".
Además de las palabras, Rivera Garza utiliza otras herramientas para contar la travesía: los dibujos del artista valenciano Carlos Maerker y una lista de reproducción musical. Esto añade nuevas capas a la lectura.
"Hay algo similar en la textura del trazo de Maerker con lo que yo escribía. Quería que en el papel hubiera algo como el lobo, siempre a punto de saltar, siempre a punto de desaparecer. Los dibujos te dan una idea del tipo de elementos a los que yo también estaba respondiendo conforme trabajaba la historia.
"Por el lado de la música, estos son los ritmos que yo espero hayan trasminado un poco al ritmo de la oración, no es música de fondo, es música con la que estoy trabajando como elemento de la novela".
La detective, el hombre que la contrató, el extraño niño salvaje que entra y sale de la historia como un lobo del bosque, la mujer desaparecida, cada uno de ellos camina en el borroso umbral entre cordura y demencia. La locura es un tema recurrente en la obra literaria y académica de Cristina Rivera Garza (Nadie me verá llorar, La Castañeda: narrativas dolientes desde el Manicomio General, México 1910- 1930). "Las obsesiones son obsesiones porque el obsesionado no las ve. Si las viera, serían proyectos de trabajo. Algo hay de eso con el tema de la locura y lo que queda más allá de la razón. Creo que no sería difícil establecer una continuidad de este tipo entre mis trabajos. Ésta es otra vía para regresar al tema de la locura, pero por otra puerta, abriendo otra geografía, tratando de establecer otro tipo de relaciones entre los personajes".
Lo que queda más allá de la razón es un reto para las convenciones sociales: la tentación de cruzar esa puerta y dejarse llevar. "Los libros que a mí me gustan son los que ponen las reglas en entredicho, los que por un momento me hacen otra vez ver la realidad y preguntarme las preguntas básicas aunque sepamos que nadie nos dará una respuesta. Pero preguntarlas y encontrar compañeros de ruta mientras te haces esas preguntas, yo creo que es parte de la comunión maravillosa de la lectura".
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