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El arte de la destilación
Bosco Sodi no estudió pintura en ninguna escuela. Se hizo él solo después de que salió de la ciudad de México en 2000 y se fue a vivir a París, primero, y luego a Barcelona. Días después de su llegada, conoció al pintor catalán Antoni Tàpies, que después ejercería una gran influencia en su obra. De Barcelona, Bosco pasó a Berlín, de ahí a Nueva York, y hoy, el día que me encuentro con él, está en una galería en Southampton, el privilegiado lugar de veraneo de los neoyorquinos.
Bosco está a punto de inaugurar una nueva exposición. Piezas suyas cuelgan de las paredes de la pequeña galería. Son como un pedazo de materia seca, cuarteada y blanca. El suyo es un arte orgánico, una combinación de materia y color que remite a la tierra. "Siempre he hecho una búsqueda entre el color y la materia –dice Sodi–. A mí siempre me han gustado dos artistas: Tàpies y Mark Rothko. Rothko es puro color. Piensa que no hay necesidad de darle volumen. Y Tàpies piensa que la materia no necesita color. Y yo decía, caray, a mí me gustan las dos cosas. Comencé a hacer estos cuadros en los que el color se mezcla con la materia".
Pero Bosco también está en Southampton porque hoy se va a presentar la nueva colaboración entre el artista y el Tequila 1800, de la casa Cuervo. Se trata de una botella-escultura en cerámica roja. Es un concepto que desarrolló recientemente, después de trabajar con rocas cubiertas de cerámica en el taller de José Noé Suro, en Guadalajara. "Yo quería hacer algo que tuviera la esencia de mi proceso artístico –dijo Bosco–. A diferencia de otras botellas también diseñadas por artistas, cada una de éstas son piezas únicas, que incorporan el accidente implícito en la elaboración de la cerámica".
Las botellas se presentaron en una fabulosa fiesta en una casa construida por el arquitecto modernista Andrew Geller. Esa noche hubo cocteles preparados con Tequila 1800. La combinación perfecta entre fiesta y arte, color y materia.
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