|
Después de Cannes
La película Después de Lucía recibió el Premio del Jurado en la sección Una Cierta Mirada del Festival de Cannes en mayo. Un par de meses después, este drama desgarrador del cineasta mexicano Michel Franco inauguró el XV Festival Internacional de Cine de Guanajuato con ovaciones, ojos llorosos y uno que otro trauma resucitado en el público. Por si fuera poco, fue la película elegida para representar a México en la carrera por los premios Oscar en Estados Unidos y los Goya en España.
Alejandra y Hernán, hija y padre, perdieron a Lucía, su eje, en un accidente automovilístico, y para reconstruir su vida se mudan de Puerto Vallarta al DF. Para él hay un nuevo empleo al que su depresión y estado de shock le dificultan adaptarse. Para ella, la promesa de nuevos amigos en la escuela preparatoria donde vuelve a empezar se ve rota por la divulgación de un video en el que aparece teniendo relaciones sexuales con uno de sus compañeros. Sus supuestos amigos la humillan y la torturan física y psicológicamente, un tormento que la arrastra a las regiones más oscuras de sí misma.
Michel Franco (que antes realizó Daniel & Ana) pensó esta cinta para ojos mexicanos, que ya pueden verla en salas comerciales. "A quienes se la he mostrado terminan hablando más de sus vidas y de sus hijos que de lo cinematográfico. Para mí, es la mejor señal de que la historia funciona. La gente se involucra, eso es lo más fuerte".
La cinta no tendría la misma fuerza sin Tessa Ía en el papel de Alejandra. Debido a las escenas tan intensas, Tessa se apoyó en Michel y el reparto –quienes, aunque parezca inverosímil después de ver la película, son sus amigos de toda la vida– para lograr una interpretación impecable. "Me han preguntado que por qué [Ale] no dice nada, por qué no se defiende, pero es que ella en vez de enojo empieza a sentir vergüenza, se convierte en un objeto".
El bullying, un tema de moda en la preocupación nacional, es abordado por Franco desde una perspectiva alejada de las teleseries cursis. "Yo no hice la película para erradicar el bullying ni pretendo dar respuestas que no tengo. La gente va a ir al cine y se va a identificar con los personajes y con la historia y podrá sacar conclusiones que sirvan para su vida, para las relaciones con sus hijos. Qué bueno que la película ponga el tema sobre la mesa, pero no hay un afán concientizador". Tessa coincide: "Hay un verdadero cambio en el espectador después de ver la película. Es importante que eso pase en México y con los jóvenes, porque aunque no vivas directamente estas situaciones, están a tu alrededor y no es un problema nuevo, pero hay mucha falta de conciencia al respecto". Ante esta inquietud se plantearon funciones gratuitas en escuelas para, por un lado, dar espacio a la discusión del tema y, por otro, sensibilizar a los maestros y que cuenten con más herramientas para enfrentar este tipo de violencia.
La fuerza de Después de Lucía está en sus tomas fijas, sinceras, que no maquillan la evocación de la realidad. En sus silencios. En que nunca vemos a Lucía, la madre, la esposa, cuya falta deviene en tanto dolor. En la química del elenco. Y en la determinación de un cineasta con una habilidad natural para mostrarle al público un vistazo breve pero calcinante de un tema tan delicado. "En ese algo de verdadero está la belleza del cine", dice Franco.
|