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La nueva ciudad del cine
Paula Astorga camina con chaleco y casco, la van siguiendo los periodistas a los que les muestra los avances de la Cineteca Nacional. Entre materiales de construcción, taladros industriales, vigas de acero y excavadoras, Astorga supervisa los trabajos de intervención y ampliación. Muestra las cuatro nuevas salas que se están creando, cubiertas de cemento y fierro por todos lados, y luego las que ya existían, que están siendo remodeladas. Ésta es la más reciente obra faraónica del Conaculta, a cargo de los despachos de arquitectos de Michel Rojkind y Mauricio Rocha.
La Cineteca cerró sus puertas a principios de año. Descentralizó su programación en nueve sedes alternas desde donde ha continuado su vocación de proyectar lo mejor del cine independiente y nacional. Pero se extrañaba ya la gran edificación de Coyoacán, la que ha formado a varias generaciones de cinéfilos.
Este espacio se había quedado justo atrapado en los años ochenta y noventa. Más que ser una institución nacional, parecía ya un pequeño cine del sur. Se la estaba comiendo la ciudad.
Cuando Astorga entró a dirigir la Cineteca en 2010, se dio cuenta de dos cosas. Primero, que las bóvedas que resguardaban el acervo fílmico estaban al 90% de capacidad y en tres años llegarían al tope. Seguir rentando espacios en la Filmoteca de la UNAM era una opción, pero era evidente que se necesitaba crear nuevas bóvedas y digitalizar los filmes. Y segundo, que había que renovar el espacio. Los baños ya eran desiguales, las alfombras tenían diferentes colores, había puertas al estilo Barragán y otras eran de aluminio, las pantallas de las salas eran de tamaños diversos. Era como si todo se hubiera resuelto con parches.
El complejo se deterioraba y 60% del terreno se usaba de estacionamiento. Para redefinir el rostro de la Cineteca se pensó en Rojkind Arquitectos, el despacho de Michel Rojkind y Gerardo Salinas. "Me invitaron a ver la Cineteca con ojos de meterle mano –dice Rojkind– y nos quedamos atónitos: era un terrenazo. El proyecto era rescatarlo como espacio público y crear una bóveda nueva, salas nuevas, un laboratorio digital y remodelar las salas viejas. Pedía a gritos que se renovara en todos los sentidos. El gran reto era la carga de identidad nacional".
El proyecto "Cineteca Nacional del siglo XXI" se puso en marcha con un equipo de 120 personas, entre arquitectos, ingenieros, arquitectos de paisaje, interioristas y especialistas en isóptica. Se compararon cinetecas en otras partes del mundo y los arquitectos vieron que, en todas ellas, el público llega a un edificio o a un vestíbulo, pero en ninguna a un parque, a áreas verdes o a un foro al aire libre donde te puedas sentar en el pasto. "Pensamos en una estética que remite a un campus cinematográfico y que nos recuerda a la funcionalidad de Ciudad Universitaria. Pensamos que en lugar de llegar a un lobby, llegaras a una especie de parque con un techo de celosías que permitan filtrar la luz pero con una cubierta de cristal", dice Rojkind, quien, además de las salas, diseñó un cine al aire libre donde el público podrá volver a ver grandes clásicos cinematográficos.
Pero aún quedaba un aspecto pendiente. "Estoy convencida de que para que haya un fenómeno cultural, tiene que gestarse primero un fenómeno de pensamiento –dice Paula Astorga–. Hablamos mucho con la presidenta del Conaculta, Consuelo Sáizar, lo de retomar el tema del Museo del Cine que había quedado pendiente. En Austria y Turín, las cinetecas son justo los museos del cine, entonces ¿por qué no crear un espacio para exponer nuestra historia fílmica a partir de una reflexión histórica, filosófica y artística?".
Mauricio Rocha, el hijo de Manuel Rocha, el creador de la Cineteca original, diseñó lo que será el Museo del Cine que albergará la Cineteca Nacional, así como una videoteca digital, espacios que continuarán el lenguaje arquitectónico que inició su padre hace casi tres décadas.
"Sé que algunos están asustados, creen que vamos a convertir a la Cineteca en una Plaza Antara de Polanco. Pero no es así. Yo me pregunto: ¿por qué si es cultural tiene que verse mal, por qué si es una película de arte no la puedo proyectar con la mejor tecnología, por qué si es una película que se hizo con un sistema de producción independiente, la tengo que ver en una butaca incómoda y sin poder cruzar la pierna porque no me caben las rodillas? La ciudad se merece algo más, los cinéfilos se lo merecen. Es en ese sentido donde buscamos redignificar a la Cineteca", dice Astorga.
Con una visión a futuro, a partir de noviembre, los cinéfilos volverán a su lugar predilecto. La Cineteca Nacional se transformará en un espacio único en América Latina, en el que se planea adoptar las más recientes tecnologías. La gran pregunta está en si la próxima administración tendrá en mente la necesidad de formar a las nuevas generaciones de cinéfilos del siglo XXI.
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