Miércoles 28 de enero de 2015 
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Tijuana sí
Tijuana es como la ex novia que encuentras años después y te arrepientes de haber terminado con ella. Hace no mucho, por allá de 2008, visitarla era deporte extremo. Había que esquivar tanquetas militares, oír balaceras y evitar ciertas colonias. Será por 1 ó 100 razones –acuerdos entre cárteles, programas sociales, la creatividad de la gente–, pero aquella ciudad en guerra ha quedado atrás. Claro, siguen los clásicos problemas de la última y más transitada frontera entre el subdesarrollo y Estados Unidos, pero ¿acaso en este país hay otra ciudad con lugares para bailar hasta el amanecer cualquier día de la semana, una gastronomía mediterránea región 4 (y por lo tanto más sabrosa), una movida artística en efervescencia y música electronorteña? O, en términos más terrenales: ¿una ciudad donde vendan cerveza artesanal en el 7-Eleven? Hasta el ego chilango sucumbe.



Igual que en otras ciudades latinoamericanas con violencia extrema, el paso esencial para la recuperación ha sido salir a la calle, tomar el espacio público. Eso lo entendieron el fotógrafo Julio Rodríguez y la gestora cultural Cecilia Ochoa, quienes en 2005 crearon Entijuanarte, un festival que funciona como plataforma para mostrar el trabajo de artistas tanto locales como internacionales y llamar la atención del transeúnte por la cultura. En su más reciente edición, la primera semana de octubre, reunió a 77 000 personas en el Centro Cultural Tijuana (Cecut, "La Bola"). Hubo danza contemporánea y muestra de cine y cerró con un concierto de Nortec Hiperboreal y Celso Piña. Aunque no haya festival, la visita al Cecut es necesaria. Hay un museo sobre las Californias, un teatro, un domo con pantalla IMAX, un espacio de exposiciones y la primera sucursal de la Cineteca Nacional.



¿Qué más visitar? De día: Playas, el mítico lugar donde el muro fronterizo se prolonga hasta el mar. Hay un nuevo malecón. O la avenida Revolución, con su kitsch extremo: los burros pintados de cebra y las farmacias para gringos con nombres como Dr. House. Aquí la escala debe ser en el hotel-restaurante Caesar's, donde inventaron la ensalada César. Preparan el aderezo frente a ti y es realmente bueno. A unos 20 minutos en coche, otro lugar original para comer, recién abierto, es El Taller, del chef y cazador Miguel Ángel Guerrero, quien inventó el concepto de cocina Baja Med. A unos kilómetros se añeja el mejor vino mexicano, pero aquí se fermentan estupendas cervezas. Para probarlas ve a La Taberna, de la Cervecería Tijuana, o al recién abierto BCB Tasting Room, donde tienen unas 30 cervezas artesanales de barril y más de 100 en botella.



De noche, de madrugada y hasta el amanecer, la calle Sexta es el paraíso del bar hopping. Los imperdibles: La Mezcalera, medio hipster, con tres ambientes y mezcal bueno y barato; el Dandy del Sur, una vieja cantina que ha sobrevivido a todo; Tasca, más chela artesanal; La Estrella, un popular salón de baile al que igual van obreros y traileros que extranjeros, y el Blanco y Negro, otro salón cumbianchero donde el reto es que te quedes hasta que cierre.

Advertencia final: la intensidad de Tijuana provoca en quien la visita que, por más tiempo que estés, regreses sintiendo que te faltaron días para disfrutarla y entenderla.
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