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De las religiones cristianas históricas, la católica es la única que exige castidad a sus ministros. Noventa y cuatro por ciento de 100 mil sacerdotes que renunciaron a su ministerio en los últimos 50 años aducen diferencias con el celibato obligatorio.
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Al sacerdote Manuel Marinero lo echaron de la Iglesia por contraer matrimonio. Pueden celebrar misa los curas maniacos sexuales o alcohólicos activos, pero no los curas casados.
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"Un cura violador puede celebrar misa, pero no el sacerdote que da la cara por su esposa e hijo", cuenta Marinero, quien por el amor de su comunidad -San Bartolo Coyotepec, Oaxaca- sigue oficiando misas en domicilios particulares o salones de baile.
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"Hay quien tiene dos, tres o cuatro parejas. Hay quien ha roto matrimonios, y también los que viven con las monjas. El padre Amaro les queda pequeñito", advierte.
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"El sacerdote que escribió un folleto pastoral sobre el celibato en las épocas del obispo Bartolomé Carrasco vive con su esposa", una de tantas anécdotas sobre el celibato de curas de Oaxaca.
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Lauro Macías Raygosa ha alentado la organización de los curas casados para empujar la reforma de los ministerios en la Iglesia católica. Raygosa pertenece a Minsitrare ("servir", en latín), grupo activo durante más de veinte años.
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Los movimientos de sacerdotes casados en México son pequeños y débiles en comparación con sus pares en Estados Unidos, Canadá o Brasil, donde cientos de presbíteros -con esposa e hijos- han establecido redes de solidaridad y denuncia.
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8
Ningún obispo se atreve a cuestionar la doctrina oficial. El celibato y el sacerdocio de mujeres son tan tabú en la Iglesia, que hasta Raúl Vera -quizá el prelado más progresista de México- huye de ambos temas.
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