Mircoles 23 de julio de 2014 
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Quin va a premiar a los muertos?
POR PHOEBE LING
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octubre 2011
Poniatowska: La Princesa Roja
Que Elena Poniatowska siga recibiendo premios y levantando polmica significa slo una cosa: es una de las figuras fundamentales del Mxico contemporneo.
Por Guillermo Snchez Cervantes / Fotos de Phoebe Ling
Retrato de una joven Poniatowska cuando incursionaba en el periodismo.
Elena Poniatowska est sentada en el estrado, soberbia. Slo mira al auditorio que murmura. Lleva el cabello cano, un collar de perlas y va vestida de negro. En sus manos sostiene el discurso que, en unos momentos ms, comenzar a leer. Rompe el silencio y dice:
Gracias a todos por estar aqu, esto es casi como el da de mi boda.


El pblico estalla en carcajadas. Es la noche del 5 de abril de 2011, y Elena Poniatowska, la princesa de las izquierdas mexicanas, presenta en el Palacio de Bellas Artes, en el Centro Histrico de la ciudad de Mxico, su ms reciente novela, Leonora, con la que ha ganado el Premio Biblioteca Breve que otorga la editorial espaola Seix Barral. El sitio est repleto y la gente no para de entrar. "Disculpe, perdn, disculpe", dicen los que llegan tarde para abrirse paso entre una multitud del todo inusual para la presentacin de un libro. Ah est la mujer a la que todos reconocen en la calle y que genera largusimas colas a la hora de firmar libros, pero que no por eso es menos controvertida. La mujer que apoy hasta el final al candidato de la izquierda Andrs Manuel Lpez Obrador en las elecciones presidenciales de 2006, de los discursos a favor de las mujeres, el aborto, las guerrillas y los indgenas chiapanecos. Es la escritora que encandil con su realismo popular y con sus entrevistas a los personajes icnicos del siglo XX mexicano.

Elena, Elenita, la Ponia, la Poni. La recin fallecida Leonora Carrington es la ltima en unirse a la lista de mujeres que ha retratado en perfiles, crnicas y novelas, desde la rusa Angelina Beloff hasta la italiana Tina Modotti: con todas ellas deberamos medir a Poniatowska "porque con ellas acta sin condescendencia, con ternura y admiracin, pero a ratos con la irona implacable de quien se sabe entre iguales", escribi el crtico literario Christopher Domnguez en Letras Libres.

Ahora, ante el auditorio, Poniatowska cuenta que conoci a Leonora Carrington en la galera de arte de su ta Ins Amor en los cincuenta. Y que durante aos le hizo una serie de entrevistas que guard en carpetas, hasta que un da comenz a escribir una novela inspirada en ella que haba llamado Fiona.

Pero cuando tena doscientas pginas pens: "Y por qu no hago una novela directamente sobre ella?", y me lanc. Leonora siempre tuvo una sonrisa para m, lo recuerdo como motivo de felicidad. Y guardo la ltima vez que me sonri en la escalinata del Palacio de Minera. Ser que me he vuelto sentimental? Leonora dice que el sentimentalismo es una especie de cansancio.

Concluye su discurso y, apenas termina, Poniatowska aleja el micrfono y muestra su legendaria sonrisa de dientes y encas. El pblico se pone de pie y la ovaciona con aplausos que multiplican su eco por todo el Palacio de Bellas Artes. Es una escena que me recuerda, por oposicin, una copla que me envi por mail Mal Huacuja del Toro, novelista y dramaturga mexicana y una de sus grandes detractoras, por aquello de los aduladores y admiradores, que, dice Huacuja, le han otorgado premios a su contentillo. Despus de recibir ese poema satrico, le ped a Huacuja una entrevista. An espero una respuesta.
Mientras tanto, los flashes disparan sobre el estrado.


Son las seis de la tarde y la parroquia de San Sebastin Mrtir comienza a dar sus reglamentarias campanadas. Elena Poniatowska ha aceptado una tanda de entrevistas en su casa, a mediados de abril, despus de que su ltima novela fuera recibida con bombo y platillo en el mundo editorial. Hlne Elizabeth Louise Amlie Paula Dolores Poniatowska Amor su verdadero nombre vive frente a esta iglesia en la colonia Chimalistac, al sur de la capital mexicana, un barrio empedrado que fue un pueblo colonial y qued atrapado en medio de la mancha urbana del Distrito Federal. Su casa est pintada de amarillo y tiene una puerta blanca con grandes buganvillias. Perteneca a una nudista que gustaba de baarse en las fuentes, la dominatriz Eva Norvind, y Poniatowska la compr apenas despus de haber quedado viuda. Estuvo casada durante casi veinte aos con el astrnomo Guillermo Haro, el fundador de la astronoma moderna en Mxico, a quien conoci al hacerle una entrevista en el observatorio astronmico de Tonantzintla, Puebla, en 1959. Es una casa con mucha luz y con amarillos salpicados por todos lados, en cuadros, sillones, lmparas y manteles; una casa burguesa repleta de libreros blancos y piezas de talavera y esferas de vidrio soplado por donde se mire. Por los rincones y las mesitas hay retratos familiares. Ah estn su padre, Jean Joseph Evremont Poniatowski Sperry, vestido de militar con todas las condecoraciones que recibi en la Segunda Guerra Mundial; su madre, Mara de los Dolores Paulette Amor Yturbe, mujer enigmtica que siempre habl con un fuerte acento francs y fue modelo de Schiaparelli, retratada por Edward Weston; sus hijos Emmanuel, Felipe y Paula; ella rodeada por sus diez nietos.

Ahora viene la seora dice Martina, con tono cantadito y mirada hostil.
Martina es la mucama que se encarga de la casa, de hacer las compras y de contestar el telfono. Poniatowska nunca ha tenido secretaria. Todo lo resuelve con una agenda negra, siempre y cuando est a la mano. Si no, empezarn a correr por toda la casa, Martina en un piso, Elena en el otro, hasta que suene el grito: aqu est!


Poniatowska puede no slo extraviar su agenda, sino textos y libros, olvidar citas y entrevistas, aceptar llamadas telefnicas de "ve t a saber quin", o recibir a estudiantes que llegan a preguntarle boberas que tienen de tarea. Y nunca faltan sus clsicas cuitas: que se le par el coche, que est preocupada por sus hijos, que se hace bolas, que no puede escribir, que no es escritora, que todo hace mal, que todo el mundo la critica.

Al ver a su mucama es imposible no pensar en la relacin que ha fraguado Poniatowska con estas mujeres. Fue con ellas con quienes aprendi a hablar espaol en la cocina, cuando lleg de Francia en 1941, porque su madre no consideraba importante que lo hiciera en la escuela. El francs y el ingls eran suficientes, deca Paulette, quien tena grandes prejuicios contra el pas al que llegaba a vivir. El espaol lo aprendi con las sirvientas un espaol de sirvientas, mientras ellas se peinaban en el cuarto de la azotea. No slo le ensearon las palabras, sino tambin la realidad de un pas que la marcara aos despus. Qu hubiera sido de Poniatowska sin las sirvientas? Tal vez nunca hubiera conocido a Josefina Bojrquez, la verdadera mujer detrs del personaje de Jesusa Palancares, que origin su primera y emblemtica novela Hasta no verte, Jess mo de 1969. Jesusa est inspirada en la tehuana que conoci cuando caminaba rumbo al Palacio Negro de Lecumberri en la ciudad de Mxico. Josefina puso a Poniatowska a lavar overoles con gasolina y asolear gallinas con la consigna de contarle sus andares en la Revolucin y sus trabajos como empleada domstica.

Ahora su voz se escucha a lo lejos. Aparece sonriente, indefensa, bajando las escaleras. Ah est la hija de la Malinche, como la llam la escritora Margo Glantz. Viene con un pantaln y una blusa azules que parecen pijama y unos zapatos bajos negros. Pese al atuendo, no deja de lucir distinguida. Mira entonces con sorpresa, sin poder disimularlo: haba olvidado que tena una entrevista. Pide disculpas por la tardanza, dice que estaba con la computadora porque perdi veinte correos y no sabe cmo recuperarlos. Ni siquiera los pudo leer, dice Poniatowska consternada. Como tiene la promocin de Leonora, ella est hecha un lo. Se cubre entonces un poco la boca. Acaba de comer pescado y no quiere oler a ajo. Se sienta en un sof amarillo y toma una caja morada de chocolates que acaba de traer de un viaje por Francia.

Montpellier me gust muchsimo, mi nieto Lucas me hizo caminar por todos lados dice, mientras ofrece un par de chocolates rellenos de licor. En general siempre me ha gustado viajar, Rosa Nissan dice que me voy a morir en un aeropuerto. La gente adems es muy linda conmigo en todos lados. Es la ventaja de ser chaparrita. La gente me platica todo con gran facilidad, porque me sienten como acojinadita y me cuentan todo.

Sus ojos lucen diminutos, como si hubieran empequeecido con el tiempo. Los aos han pasado por su rostro. Habla con una cadencia un poco marcial, marcada por grandes pausas, como el vaivn de un columpio.

Conrado! grita al chofer. Ya no voy a utilizar el coche, mejor vyase. Estar trabajando en casa. Si necesito algo, camino, que falta me hace. Como en Francia, all hacen eso: toman, tragan y caminan.
No te han ofrecido nada? Esa Martina! Quieres t? pregunta al reportero.
Martina llega con el t en una bandeja de madera. El t es de fresas. Elena se cerciora de que sea cierto: no quiere tomar t negro.
Eres capaz de darme gato por liebre le dice la escritora.
Ay, cmo cree! retoba la muchacha.


Elena Poniatowska naci en Pars en 1932, hija de padres ausentes y viajeros imparables. Sus padres, Paulette y Jean, se conocieron en un bal de la familia Rothschild, celebrado en una casa de la Place de la Concord, segn recuerda el bigrafo Michael K. Schuessler en su libro Elensima. Johnny, como le decan a Jean, haba nacido en Francia, pero provena de una familia de prncipes polacos los Poniatowski exiliados desde el siglo XIX. Paulette, nacida tambin en Francia, provena de una familia mexicana porfiriana que haba abandonado el pas en tiempos de la Revolucin, y tena bastante dinero para vivir en Biarritz y en Pars.

Viv mi infancia casi con mis abuelos paternos entre Pars, Vouvray y Mougins dice Poniatowska, porque mis padres estaban en la guerra, como pasaba con los ciudadanos franceses que se alistaban. Recuerdo que viva cerca del ro Sena, en la Rue Berton, pero me tenan prohibidsimo acercarme a la orilla. Mi pap salt muchas veces en paracadas en campo enemigo y mi mam manej una ambulancia. Era una de las diez mujeres que estaban dispuesta a salir a cualquier hora. Manejaba muy bien, un poco aprisa. Recuerdo que sus ojos estaban un poco tristes... En general son pocos los recuerdos que tengo de ella en Francia. El resto es de Mxico, porque llegu a enamorarme de ella, para estar juntas y no separarnos jams.

Lleg a Mxico en 1941 en un barco de refugiados, el Marqus de Comillas, con su madre y su hermana Kitzia, porque la guerra pareca no acabar en Europa. Su padre Jean se qued por un tiempo en el ejrcito y se les uni aos despus en Mxico fund los laboratorios farmacuticos Linsa, pero no le fue bien, luego puso un restaurante, con el que tampoco tuvo suerte; sin embargo, siempre se las ingeni para vivir bien. Su familia se instal en el elegante Paseo de la Reforma, en la calle Ro Guadiana. A la pequea Elena le sorprenda que hubiera naranjas en forma de pirmides en las esquinas de las calles, y que la gente anduviera descalza: era la pobreza, dice, pero no saba lo que significaba entonces.

"Elenita creci con una educacin muy rgida, en un entorno muy francs, muy europeo, siempre viendo hacia Francia", dice la cronista Guadalupe Loaeza.
"Tena en Mxico a su familia materna, los Amor, y a su abuela Elena Yturbe, que viva aqu entonces. Los Amor eran una de las familias importantes mexicanas. Era una familia muy tradicional, rodeada de muchas mujeres, muy prejuiciosa, esnob, de abolengo, pero muy de artistas". Ah estaban las tas: Ins, que fumaba mucho y que puso una de las primeras galeras de arte en la ciudad la famosa Galera de Arte Mexicano (GAM); Carito, que fund una editorial mdica, y Pita, la poeta excntrica, la de los escndalos, a quien Diego Rivera pint desnuda.


"Las Amor se sentan muy superiores al resto de las seoras en Mxico dice Bertha Fuentes, hermana del escritor Carlos Fuentes. Las hermanitas Amor eran muy alzadas, nunca iban a las fiestas o a los eventos importantes. Ellas estaban siempre por encima de los dems, por encima de cualquiera".

Elena y su hermana Kitzia asistieron a la Windsor School de Mxico, una escuela inglesa que estaba en la colonia Roma, y ms tarde a un internado de monjas en Torresdale, Pensilvania, en Estados Unidos, porque as se educaba entonces a las nias bien. Con su regreso llegaron los bailes del Jockey Club, las embajadas y el Ministerio de Relaciones Exteriores. "Elena iba con su mirada de gatito y su collar de perlas. Era muy tmida, siempre iba detrs de su hermana Kitzia, que era como su madre, guapa y alta, como de Harper's Bazaar", dice Bertha Fuentes. Fue en una de todas esas fiestas que conoci al novelista Carlos Fuentes, mucho antes de que ambos fueran famosos. Aunque Fuentes no era muy buen bailador, dice Poniatowska que fueron, durante un tiempo, un par de pillos parranderos.

Carlos era un muchacho ms de las fiestas. l iba y observaba a todos, estaba ya trabajando en La regin ms transparente, que es una novela soberbia. Tena el pelo largo y era muy apasionado, como posedo por la escritura. No nos contaba nada de lo que escriba, pero era entusiasta, se fijaba en todo, tomaba notas mentales y todos fuimos a dar a sus libros. Deca Carlos que yo pareca un sueo bello de Jean Cocteau.

Sonre y mira al techo. Comienza a tararear y a mover sus piernas.
Bailbamos el chachach y la raspa, tata-tat tata-tat. Y la bamba y el mambo de Prez Prado. Nos sabamos todas sas. Ahora lo veo poco, Carlos vive en Inglaterra, pero l sabe que lo quiero.
De pronto se queda callada.
Oye, y cmo se te da la computacin?
Por aquello de los mails perdidos.


Debut en el periodismo en los aos cincuenta, cuando era fcil encontrarse saliendo de un coche a Salvador Novo o a Xavier Villaurrutia. Poniatowska era entonces becaria del Centro Mexicano de Escritores e incursionaba como periodista: siempre con una libretita Steno, una grabadora y una mquina de escribir porttil Olivetti, que tena una calcomana de los Supermachos del caricaturista Rius. Su primera aparicin en las libreras fue en 1954 con su relato Lilus Kikus, publicado en la coleccin Los Presentes, que editaba Juan Jos Arreola el mismo ao en que Carlos Fuentes debutaba con Los das enmascarados. Era la historia de una nia inquieta y preguntona, de piernas largas y pies chuecos, que iba descubriendo el mundo gracias a su curiosidad incontrolable. Un ejercicio sobre la inocencia infantil que pas ms o menos inadvertido. Tardara ms de diez aos en volver a la narrativa.

En cambio, en el periodismo caus sensacin. Gracias a las amistades que cultiv su madre con la alta sociedad mexicana, obtuvo su primer empleo en Exclsior y luego en Novedades, en el suplemento de Fernando Bentez, Mxico en la Cultura. Todos se preguntaban quin era esa joven reportera, con nombre de bailarina rusa, que despepitaba a diestra y siniestra. "Ahora qu va a decir esta brbara", decan. Sus entrevistados eran Jos Clemente Orozco, Alfonso Reyes, Lola lvarez Bravo, Mara Flix y Juan Soriano, entre muchos otros. Fernando Bentez el maestro de toda una generacin de cronistas mexicanos fue quien la instruy y form como periodista. Ella cre un personaje de entrevistadora que la consagrara: la graciosita impertinente, metiche implacable, que llegaba a todas partes con preguntas aparentemente tontas con las que terminaba acorralando a sus entrevistados. Como a Diego Rivera, a quien le pregunt si sus dientes eran de leche. "S, y con estos me como a las polaquitas preguntonas", respondi l, o a Mara Flix, a quien le pregunt si era cierto que tena voz de sargento. "Ms vale tener voz de sargento que voz de pito", respondi ella. "Espreme, Elena, que soy de chispa retardada y usted me pregunta as noms a bocajarro", le deca desesperado Juan Rulfo.

Haba en el periodismo pocos espacios para las mujeres dice Poniatowska. Las mujeres que trabajaban seguan siendo vistas como que andaban buscando algo, y una qu iba a andar buscando en la calle. Pero noms as me volv autosuficiente. Y alguien que trabajando se vuelve autosuficiente, deca Rosario Castellanos, se vuelve respetable. No dependes de nadie. Tuve una capacidad que muchas mujeres de mi poca no tuvieron: si sus maridos las abandonaban, siempre se preguntaban. "Bueno, y ahora qu voy a hacer?".

Ms de un poltico encumbrado se arrepinti de haberle dado una entrevista porque, debajo de esa apariencia de chamaquita simptica y torpe, llevaba una bomba entre sus preguntas. Por ejemplo: en una entrevista que le hizo al fundador del Instituto Nacional de Nutricin de la ciudad de Mxico, Poniatowska le pregunt al doctor Salvador Zubirn Anchondo: Oiga doctor, entonces aqu en Mxico nuestro problema es la desnutricin? "S, Elenita". Oiga, y en China? "En China pues no hay desnutricin porque los nios crecen bien. Tienen erradicadas muchas enfermedades alimenticias. Pero yo prefiero no hablar de China, porque no compartimos su sistema de gobierno. All no hay libertad. Aqu s tenemos". Ay, entonces muertos de hambre pero libres. "No, Elenita, no lo diga as!" Tal fue el xito de sus entrevistas que fueron antologadas en publicaciones que van desde Palabras cruzadas de 1961 hasta los ocho volmenes de Todo Mxico de 1990.

Eran las incoherencias del pas lo que me empezaba a interesar. El mundo de las clases altas ya lo conoca, y no me sorprenda en lo absoluto. Eran los "otros", a los que no tuve acceso, los que me interesaban. Comenc a hacer artculos y entrevistas sobre los desfavorecidos, a quienes les toc nacer en "chilaquil". Era algo que me apasionaba, era como ir siempre hacia lo desconocido.

Escribi entonces una serie de crnicas urbanas sobre lo que los pobres hacan domingo a domingo, publicadas en Novedades, con ilustraciones de Alberto Beltrn y luego compiladas en Todo empez el domingo de 1963. Se suba a los microbuses usando zapatos de "plan quinquenal"; era la vida "de a de veras", el encanto de las clases pobres y sus contradicciones, recorriendo barrios por donde su madre no hubiera pasado ni muerta: Los Remedios, Tepito, La Villa, Xochimilco. Pero no slo recorra las calles por donde la ciudad de Mxico se iba haciendo chaparrita, sino que tambin pisaba los agitados movimientos sociales, y as visitaba a los presos polticos de la penitenciaria del Palacio Negro de Lecumberri, en la capital mexicana, y entrevistaba, bajo el sol y rodeada de policas, a los presos del Movimiento Ferrocarrilero que arm huelgas laborales y manifestaciones callejeras por el pas, que exigi aumentos salariales y mejores condiciones de trabajo entre los aos 1958 y 1959. Poniatowska escribi artculos a favor del lder Demetrio Vallejo, que estuvo preso once aos all. Se dicen fciles, pero no se viven as, dice Poniatowska.

Vallejo era un hombre fuera de serie. No era muy agraciado, pero era un lder nato. Y cuando los ferrocarrileros hablaban, les sala un grito del alma. Yo viv un poco el movimiento por medio de los presos polticos, hombres castigados que en el encierro trataban de encontrarse a s mismos. Y l fue uno de ellos, que anduvo en "el apando" y mucho tiempo en huelga de hambre. Le hice varias entrevistas, a l y a Valentn Campa, y las guard por aos hasta que hice la novela sobre los ferrocarrileros (El tren pasa primero, 2005).

Poniatowska visit tambin la penitenciaria en compaa del cineasta espaol Luis Buuel. Iban juntos a ver a los homosexuales, que dorman en camas acomodadas como en un internado, unas frente a otras. Lo mismo, al poeta colombiano lvaro Mutis, preso en Lecumberri por malversacin, en una celda que ms bien pareca el camarote de un barco.

Llev a Buuel a Lecumberri por peticin de lvaro Mutis. Lo fui a ver a su casa. Le dije: "Oiga, Mutis lo quiere ver, est preso". Y se anim. A Buuel le interesaba conocer la penitenciaria, ver cmo vivan los presos, dnde jugaban futbol, dnde coman y dorman. Nos llevaron a la cruja "J" de los homosexuales. Los veamos cmo andaban maquillados y vestidos. Recuerdo que en una ocasin les ordenaron vestirse con la cuartelera, y uno de ellos de plano se neg a desmaquillarse: los celadores le tallaron la cara con piedra pmez y lo dejaron ensangrentado. Buuel se preocup mucho por l.

A finales de la dcada de 1960, Poniatowska era una treintaera, nacionalizada mexicana, ya casada con Guillermo Haro, un cientfico que le llevaba casi diecinueve aos y que haba contribuido a las investigaciones astronmicas y al desarrollo cientfico del pas. "Sin duda eran una pareja singular dice el escritor Pvel Granados. l todo un acadmico, miembro del Colegio Nacional, y Elenita, una reportera que no haba ido a la universidad, educada con monjas, pero que se haba hecho de fama dentro del periodismo. Todo el que visitaba su casa comentaba que haba justo en la entrada el ttulo de astrnomo de Guillermo Haro, del Colegio Nacional, y junto a ste, el diploma de taquimecangrafa de Elenita! Era como mostrar quin era el acadmico y quin la famosa". Poniatowska estaba ya escribiendo su novela Hasta no verte, Jess mo. Haba conocido a Josefina Bohrquez en sus ires y venires por Lecumberri, y las entrevistas eran cada mircoles en una vecindad. "Ahora van a decir que eres la ms pelada de Amrica Latina", le deca a ratos Guillermo Haro. Pero la pobreza que descubra en este personaje signific su despertar poltico. Era 1968, Poniatowska se senta impotente porque vea lo que estaba haciendo un gobierno autoritario con la oposicin y no estaba haciendo nada. El ferrocarrilero Demetrio Vallejo era su inspiracin para soar con cambios. "Vivamos aos muy difciles entonces dice el periodista Ivn Restrepo. Habamos vivido los aos de la represin de los ferrocarrileros, la represin a los maestros, la de los mdicos que pedan mejores condiciones de vida y mejores hospitales, y finalmente el infame desenlace del Movimiento Estudiantil del 68. Elena se form dentro de esa realidad del autoritario Partido Revolucionario Institucional (PRI), del Mxico del 'Qu horas son? Las que usted mande, Seor Presidente'".

Poniatowska no se involucraba en el movimiento. Se quedaba en casa mientras amamantaba a su segundo hijo, Felipe, que haba nacido el 4 de junio, pero haba ido al menos a tres manifestaciones y dos asambleas en las que conoci a lderes como Luis Gonzlez de Alba y Marcelino Perell. Segua el movimiento a distancia. Mientras que Guillermo Haro asista a los mtines y a la marcha del rector de la Universidad, ella se mantena enterada por medio de amigos intelectuales y periodistas, hasta que lleg el 2 de octubre, la fecha en que el Ejrcito, por rdenes de Daz Ordaz, aplast el movimiento, masacr y arrest a cientos de estudiantes que se reunan en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, en el Distrito Federal, durante un mitin que congregaba a mujeres, nios, universitarios y vecinos. Eran las nueve de la noche, recuerda Poniatowska en el libro Elensima, de Michael K. Schuessler, cuando llegaron a su casa dos amigas desesperadas que le contaron que haba sangre en las paredes de los edificios de Tlatelolco, que estaban perforados los elevadores con balazos de ametralladora, con vidrios por todos lados y tanques del Ejrcito. Al da siguiente, Poniatowska fue muy temprano a Tlatelolco: no vio ningn cuerpo, pero se encontr con zapatos tirados y arrumbados en montones. No haba agua ni luz. Comenz entonces a recoger testimonios en la penitenciara de Lecumberri con los lderes del movimiento, ahora presos en la cruja "C". Pero result ms complicado que con los ferrocarrileros: no la dejaban meter nada, ni grabadora. Tena que echar mano de su buena memoria y recopilar testimonios escritos que los presos le pasaban. As form la crnica que publicara poco despus, La noche de Tlatelolco.

A su madre, Paulette Amor, le daba retortijones al ver a su hija involucrada en tal trabajo periodstico. Salvador Novo, que era amigo de la familia, le dej de hablar inmediatamente. "Ya vimos que andas con esos revoltosos, qu ha de decir tu madre", le deca Rosario Sansores, poeta y cronista de sociales. Pero despus del 2 de octubre de ese ao naci una efervescencia que se reflejara en sus publicaciones posteriores, porque haba ncleos que seguan an peleando con el apoyo de intelectuales. Ah estaban los inseparables Carlos Monsivis y Elena Poniatowska, que se daban una vuelta por los mtines. "Vivimos en Tlatelolco un hecho de ignominia: Tlatelolco, y nos quedamos a un lado, parados en la tierra, intiles, junto a nuestros muertos", dijo Poniatowska en una entrevista en 1969 para La Revista de la UNAM.

Hasta no verte, Jess mo se public en 1969 y result ganadora del Premio Mazatln de Literatura. Dos aos despus, en 1971, se public finalmente La noche de Tlatelolco: "Fue una locura cuando lo publicamos", dice Neus Espresate, editora de Ediciones Era. "Siglo XXI no se lo haba querido publicar. Nosotros nos sentamos amenazados de algn modo, pero nos arriesgamos. Se le hizo mala publicidad, se deca que recogan los ejemplares de las libreras. Daz Ordaz y Echeverra mandaron a seguir a Elena, la espiaban afuera de su casa, la seguan en coches. Pero fue todo un xito". Ese mismo ao le otorgaron el Premio Xavier Villaurrutia, el premio de escritores para escritores. Poniatowska lo rechaz pblicamente y le pregunt a Luis Echeverra lvarez, entonces presidente de Mxico: "Quin va a premiar a los muertos?". Entonces, la prensa le puso el mote de Princesa Roja.

Es la primera semana de mayo de 2011. Elena Poniatowska est de regreso en la ciudad de Mxico despus de presentar Leonora en San Francisco. Son ya las cinco de la tarde y baja de su coche, un Honda City plateado, en la puerta de su casa. Cuenta que viene de casa de la feminista Marta Lamas: una comida entre amigas, pero como son "de carrera larga", no la dejaban partir a tiempo.

Ya no manejo, ahora me hace el favor Conrado. Manejar se me hace ya muy difcil. Fjate que el primer coche que tuve fue un Hillman que me compr mi pap. Pero pas el tiempo y se puso viejito. Tan derruido estaba que ya no frenaba bien. Un da lo llev a la agencia para ver si me lo compraban. Me dijeron: "Pues le damos mil pesos pero con usted adentro". Ya no recuerdo si lo vend o qu le hice.

Se detiene en la entrada, en la mesa para la correspondencia. Revisa varios sobres de reojo y un sinfn de libros que envan amigos y editores para que los prologue o los presente. Aparece enseguida una gata parda, que se detiene entre sus pies.
Se llama Vais, es muy amigable. Tambin tengo otro pero es ms tmido, Monsi, es negro con manchas blancas, viste de esmoquin. Haz de cuenta que digo "Monsivis" como veinte veces al da! Pero se esconden por cualquier cosa, ellos hacen todo distinto. Mary, mary, quite contrary tararea una rima inglesa.


Se sienta en el mismo sof de la vez anterior y su gata Vais se le sube encima y se acomoda sobre sus piernas. Poniatowska usa un vestido caf claro, zapatos color miel y un suter color hueso puesto sobre los hombros. Martina trae el t y ella, otra vez, revisa que no vaya a ser t negro.
Es que si no, no duermo dice.


Su biblioteca no parece seguir otro orden que el del azar. Por ah tiene algunos libros que le dedicaron sus tres grandes compinches, los escritores Jos Emilio Pacheco, Sergio Pitol y Carlos Monsivis, a quien conoci cuando colaboraban para el suplemento Mxico en la Cultura.

Jos Emilio era jefe de Redaccin y yo llegaba cada semana para entregar mi artculo o mi entrevista. Todos ellos eran una maravilla, jvenes, alegres, inteligentsimos. Nos una el amor por la escritura, el querer hacer algo. Hubo una poca en la que fuimos muy unidos. Te estoy hablando de antes de los sesenta. Despus Jos Emilio se cort un poco. Pero era muy guapo, delgado y alto, siempre vesta de negro y muchos lo crean seminarista. Cuando se suba a un taxi, no faltaba el que le dijera: "No me pague, padrecito, mejor deme la bendicin". Tambin por esos aos, conoc a la poeta Rosario Castellanos. Me senta muy honrada de que ella fuera cariosa conmigo, me pareca una mujer llena de sentido del humor y muy ingeniosa. Muri electrocutada, una gran prdida para Mxico.

Junto al retrato de su hijo Emmanuel estn las obras completas del colombiano Gabriel Garca Mrquez, al que entrevist muchsimas veces. Cuando Vargas Llosa le dio aquel puetazo en la cara, Elena estaba all. "Elenita cuenta que por l no fue buena reportera", dice el escritor Pvel Granados. "Porque mientras Ana Cecilia Trevio, la Bambi, editora de la Seccin B de cultura y sociales del diario Exclsior, sali corriendo a dar la nota, Elenita fue por un bistec crudo para bajarle la hinchazn. Le ganaron la primicia".

Tampoco faltan libros de Octavio Paz. Cuenta Poniatowska que lo admir cada da de su vida y se escribieron con frecuencia. Lo conoci cuando haba recin llegado de su residencia en Pars, en 1954, con su entonces esposa Elena Garro, en una cena que le prepar Carlos Fuentes en su casa de la calle Tbet. El editor y periodista Braulio Peralta rescata del tomo cuatro de sus Obras Completas lo que escribi el poeta de vuelta en el pas: "Termin por regresar... Un Mxico distinto. Nuevos amigos: Carlos Fuentes, Jorge Portilla, Ramn y Ana Xirau, Elena Poniatowska, Jaime Garca Terrs...".

Lo quise mucho. En aquella cena yo iba de impertinente a preguntarle qu le pareca ser el becerro de oro, porque todo mundo le renda pleitesa. Y recuerdo que despus en mi casa de la Del Valle haba un ahuehuete enorme y Paz le dedic un poema. Slo que ya no me acuerdo cmo le puso... Al rato investigamos. Pero le hice muchas entrevistas, hubo muchas conversaciones entre nosotros, eran como duelos de espadas, deca Paz.

En una entrevista con Braulio Peralta, Paz seala que desde un inicio Elena Poniatowska le pareci una mujer encantadora, inteligente, que le sorprendi "primero por su vivacidad y por su inmensa simpata; inmediatamente despus, porque empec a leer sus textos, que me encantaron: haba introducido en el periodismo mexicano una frescura, una gracia, una imaginacin que la hacan algo muy distinto. nica". Pero lo cierto es que durante un tiempo, a finales de los aos ochenta, hubo un distanciamiento entre ambos: al poeta ya no le agradaba que Poniatowska todava tuviera inclinaciones polticas de izquierda tan arraigadas, cuando l, en cambio, abanderaba una forma de pensamiento neoliberal y apoyaba a Carlos Salinas de Gortari. Mucho menos le agradaba que Poniatowska escribiera sobre la fotgrafa italiana y comunista Tina Modotti, protagonista de su novela Tinsima (publicada en 1992), una mujer que, para Octavio Paz, cambiaba de ideas segn su amante en turno.

"El premio Nobel era terriblemente anticomunista, estaba muy derechizado y acus a Modotti de haber sido pistolera de la KGB sovitica dice el periodista Humberto Musacchio. Tina Modotti nunca estuvo en eso, fue miembro del Socorro Rojo Internacional que tena otras funciones, era la agrupacin de los sindicatos de izquierda que apoyaba las causas obreras en todo el mundo. Se tiene que decir, adems, que Tinsima fue el primer intento de entrar a fondo en la obra de Tina Modotti. Eso se dice muy poco, que fue la primera vez que se abord la obra y la vida de este personaje con esa amplitud y seriedad". Muchos crticos an afirman que Tinsima sigue siendo su novela ms ambiciosa. Poniatowska mezcl, en ms de seiscientas pginas, el arte, la militancia poltica de los aos treinta en Mxico y la pasin de una mujer revolucionaria. Le dedic casi diez aos de investigacin. Le sigui la pista paso a paso y registr toda la vida de la fotgrafa italiana, hasta su muerte, en circunstancias sospechosas, a bordo de un taxi en la ciudad de Mxico. Poniatowska viaj por Cuba e Italia, en busca de informacin sobre los hombres que haban influido en la italiana, desde Julio Antonio Mella, Edward Weston hasta el comunista italiano Vittorio Vidali.

Otra que no vea con buenos ojos su trabajo periodstico era la ta Pita Amor: la poeta extravagante que hablaba siempre en verso, enloquecida por la tragedia de perder ahogado a su nico hijo. Cuenta Poniatowska que, de joven, Pita pos desnuda. Ya anciana, caminaba con un moo enorme en la cabeza, llena de extravagancia, y daba bastonazos a quien se le pusiera enfrente. Sus vecinos de la Zona Rosa la apodaban La Abuelita de Batman.

Siempre me dijo que yo era una "pinche" periodista.
"Pita no estaba bien de la cabeza dice Michael K. Schuessler, bigrafo de Poniatowska y Pita Amor. Fue una alucinacin para toda la familia, les sala con cosas como hacerse pip en el comedor. Era impactante e impredecible. Y le tena adems prohibido a Poniatowska firmar sus 'articulitos' con el apellido Amor, porque haba una gran diferencia entre ser una periodista y una poeta de tinta americana como ella".


La misma Elena cuenta que en una fiesta, en casa de su ta en la calle de Duero, Pita Amor al verla conversar con Octavio Paz, se encendi de furia y le grit a voz en cuello: "No te compares con tu ta de sangre! / No te compares con tu ta de fuego! / No te atrevas a aparecerte junto a m, / junto a mis vientos huracanados, / mis tempestades, mis ros! /Soy el sol, muchachita, / apenas te aproximes te quemarn mis rayos!". Al da siguiente, a la una de la tarde, le llam por telfono, fresca como la maana: "Eres feliz?", le pregunt.

Cuando naci el movimiento feminista en Mxico, en los aos setenta, despus de Tlatelolco, muchas mujeres vean con admiracin a Elena Poniatowska, como una intelectual que desafiaba a los gobiernos autoritarios y demostraba que tena pantalones para dar voz a los que no la tenan. Por eso la invitaban a reuniones y conferencias, dice la antroploga Marta Lamas, aunque Elena dudaba en asistir: deca que no era feminista, porque no haba ledo nada de feminismo. No se pona la etiqueta, pero ah estaba su preocupacin por la situacin de las mujeres en sus textos y artculos. Sobre todo en sus intensos cuentos como "De noche vienes" (publicado en De noche vienes, 1979), donde desarroll, por medio de la ficcin, la historia de una mujer que la polica arrestaba por estar casada con cinco hombres.

"Elena hablaba de poltica, le preocupaba mucho lo que estaba pasando en el pas dice Marta Lamas. Le interesaban las mujeres y el 'nuevo feminismo'. Por eso la invitbamos al movimiento. Asistamos acadmicas, trotskistas, ex monjas, artistas y hasta cientficas. Y hablbamos de tabes, de sexualidad. Llegaban del extranjero muchas feministas famosas, como Gisl Halimi, y algunas veces nos reunamos en casa de Elena". Pero Guillermo Haro no vea con buenos ojos el feminismo. Cuando algunas de estas reuniones tenan lugar en su casa, sala su hija Paula, aleccionada por su padre, y les deca a todas las feministas presentes: Yo soy femenina, no feminista! Tena cinco aos. "Guillermo era muy inteligente, pero muy crtico y muy latoso. Sola interrumpir, criticar, interrumpa la reunin y le peda cosas a Elena, la sacaba de la junta, como que saboteaba un poco todo lo que tuviera que ver con feminismo. Fue un hombre duro", dice Lamas.

"Nos toc vivir el nacimiento del feminismo a todas nosotras dice la editora y tambin feminista Marta Acevedo. La Jesusa Palancares coincidi con el movimiento, hasta la hicimos radionovela y la gente llamaba a Radio Educacin para decir: 'Oiga, esa seora s que sabe lavar las sbanas'. Fue un gran revuelo. Eran los aos en que reconocamos, por primera vez, nuestra situacin como mujeres. Y cambiaba nuestra forma de ver a nuestros padres, nuestros esposos y nuestros hijos".

Hay un arquetipo que Poniatowska ha explorado en sus retratos, cuentos y novelas de las ltimas dcadas, en que ha buscado redescubrir a la narradora que lleva dentro, y su reciente trabajo sobre Leonora Carrington lo confirma: su fascinacin por mujeres emblemticas, producto de los aos revolucionarios, y a la vez vanguardistas, de las primeras dcadas del siglo XX. Hay un inters por dar a conocer su retrato, entre la soledad y la incomprensin, y hacer pblico que ellas existieron. Aunque, cuando se trata de estas mujeres, opta por gneros hbridos que rara vez convencen a crticos como Christopher Domnguez: "La biografa novelada o la novela biografiada, que carece de la libertad de la novela y el rigor de la biografa, esas decisiones, en mi opinin, las que ha tomado Poniatowska infravalorando su capacidad de investigacin y dando a sus poderes novelescos un derrotero temerario", escribi en Letras Libres, a propsito de la publicacin de Leonora. Es la pasin de la mujer artista, obligada a ser dos veces artista en un mundo de hombres, lo que le fascina a Elena Poniatowska y la ha impulsado a escribir: con ellas saca chispas, dice Christopher Domnguez.

Mira el ejemplo de las mujeres que puse en Las siete cabritas (2000), como Mara Izquierdo dice Poniatowska, que le dijeron que no estaba capacitada para hacer murales, por ser mujer, y no la dejaron; Nellie Campobello, que firm como hombre sus primeros poemas; Nahui Ollin, que caminaba desnuda por la Alameda, o Pita Amor, que de joven recitaba poemas de San Juan de la Cruz en la TV, con blusas escotadas, y le decan que no poda andar enseando los pechos. Luego, Tina Modotti, acusada de asesinato, y Leonora Carrington, encerrada en un manicomio en Santander, desquiciada. A todas ellas las tildaron de locas. Y podemos sumar a Angelina Beloff, pintora liberal, que fue la primera esposa de Diego Rivera en Pars y que sufri, con tristeza y soledad, la ruptura de su relacin. De Angelina hice una novelita epistolar (Querido Diego, te abraza Quiela, 1978), un libro de mucha soledad. Diego Rivera jams volvi a verla.

"Por qu ser que le fascinan estas mujeres a Elena Poniatowska? se pregunta la cronista Guadalupe Loaeza. Siempre he credo que tiene un sentimiento de culpa, por haber nacido princesa, y por haber nacido en Pars, y por haber llegado en un momento dado a Mxico, maravilloso y paradisiaco, pero con mucha pobreza. Elenita siempre ha sido muy sensible a la pobreza y a la desigualdad. Por eso se ha manejado toda la vida con un sentimiento perenne de culpa. Se exige demasiado y tiene muchos miedos. Y tal vez en el espejo ve a todas estas mujeres. Porque a ella la han criticado muy fuerte desde que sali, crticas muy duras". Decan que no era una Rosario Castellanos, que no era una Elena Garro.

Yo no creo ser como todas ellas. Es ms bien que escribo como para salir de m misma, porque en el fondo fui una gente muy dcil, educada en un internado de monjas. No poda decir quiero esto, soy aquello. Tena que hacer lo que decan los dems. El catolicismo me cort un poco las alas, en cierta forma, porque te hace sentirte culpable por obra, palabra y omisin. Ellas s que se atrevieron a mucho ms, hasta la misma Josefina Bojrquez, que anduvo por la Revolucin de soldadera.

Mencionaba hace un momento a la pintora surrealista Leonora Carrington, cmo fue entrevistarla tantas veces?, qu necesit para que accediera a hablarle de su vida?

Bueno, Leonora nunca permiti una grabadora, no le gustaban. Mucho menos las reporteras impertinentes. Pero result que habamos tenido una infancia parecida, entonces yo le contaba que haba aprendido a montar a caballo cuando era nia, y ella me deca: "Yo tambin". Todo lo apunt en una libretita, palabras sueltas con caligrafa apretada. Luego regresaba a casa y me pona a transcribir todo lo que me haba dicho. Desde luego, hubo cosas de las que no quiso hablar y yo no insist: nunca me quiso contar sobre Max Ernst, por ejemplo. Pero s me habl con mucha facilidad de su episodio en el manicomio, del Cardiazol que le inyectaban, una medicina que hoy est prohibidsima, que le provocaba espasmos. Creo que lo hizo para que me solidarizara con ella. Y por fortuna, hubo cierta complicidad entre nosotras. Imagnate, ms de cincuenta aos de conocernos. Ilustr la segunda edicin de mi Lilus Kikus y luego un poemario que saqu (Rondas de la nia mala, 2008). La quise mucho.

Cul cree que haya sido el mayor reto al escribir Leonora?
Bueno, el reto es desde el momento en que escribes cualquier cosa. Desde una novela hasta un artculo de peridico. Fjate que cada vez que tengo que hacer una entrevista tengo miedo de que no me vaya a salir bien, que no estn suficientemente preparadas mis preguntas, que no conozca suficiente mi tema. Soy en el fondo una gente que tiene poca fe en s misma. Porque si no fuera as, nunca me hubiera dedicado el periodismo. Haberme dedicado al periodismo fue como necesitar muletas para salir adelante, porque reflejas las palabras de los dems, las ideas de los dems, los pensamientos de los dems. En vez de lanzarte a pensar slo por ti, ya fuera bien o fuera mal.


Mira el reloj, agobiada.
Ya se nos pas el tiempo. Cundo nos vemos para la siguiente entrevista? No tardan en pasar por m para ir al teatro!
Baja de sus piernas a su gata Vais, que ronroneaba. Se levanta del sof y da tan slo dos pasos, cojea. Se le durmi una pierna.


A pesar de pertenecer a ella, pocas veces se incluye a Poniatowska como parte de su generacin, que comparte con Carlos Fuentes, Juan Garca Ponce y Hctor Azar, con quienes coincidi en el Centro Mexicano de Escritores, bajo la batuta de Juan Rulfo. En la Universidad Nacional Autnoma de Mxico (UNAM), la casa mxima de estudios en Mxico, pocos son los acadmicos que han trabajado su obra o que aceptan al menos una entrevista sobre ella. "No sabemos dnde ponerla. Es una escritora que se asoma a muchos gneros, como el ensayo, el periodismo, la narrativa testimonial, pero que hace un hbrido de todo un poco", dice Marcela Palma, doctora en Letras Hispnicas por la UNAM.

Sucede algo nico con Elena Poniatowska, cuenta Rosa Beltrn, doctora en Literatura Comparada. Todos hemos ledo su obra de modos distintos, ya sea sus novelas, libros de cuentos, crnicas, ensayos y biografas, entre muchos otros. Estn en boca de todos, es cita de quienes leen y quienes no leen. Pero ella, en cambio, nos recuerda que no es "escritora": "Todo lo que soy se lo debo al periodismo, si algo he hecho en la escritura ha sido gracias a l responde en una entrevista publicada en Me lo dijo Elena Poniatowska, de 1997. Creo de veras que mi educacin, mi formacin, mi cdigo moral, todo, lo he hecho por medio del periodismo. Soy una deudora del periodismo. Hay quienes piensan que es ms prestigioso ser escritor que periodista. A lo mejor tienen razn, aun as me sigo considerando periodista".

"A qu se deber la insistencia de Elena Poniatowska en dejar claro que antes de ser escritora es periodista?, y por qu esta declaracin despierta tantas suspicacias en quienes hemos ledo su obra? se pregunta Rosa Beltrn. Por qu, de las dos profesiones que ella ejerce, elige para definirse la menos prestigiosa? Desde el inicio de su carrera ella misma ha dicho que no tiene vocacin ni nada. Es un rasgo tpico de la mexicanidad, segn Octavio Paz, ese mtodo en la negacin de la propia persona hasta volverla voz que no existe. De escribir sin escribir y ser escritora sin serlo, as se ha formado una de las escritoras ms subversivas del pas: la que mira siempre desde un punto de vista 'deslegitimizado'".

Ser acaso una forma de blindarse ante una academia que la critica y la mira siempre con desdn?
"Sucede que Elena Poniatowska tiene el oficio que ella se invent y no tenemos los dems", dice la periodista y escritora Alma Guillermoprieto. "Porque nadie haba hecho lo que ella haca entonces, y lo haca sin frmulas y con curiosidad inagotable. Pudo crear y decir: 'Quiero hacer un libro sobre una sirvienta que me fascina', y se invent cmo hacer a la Jesusa Palancares. Se invent el libro de Tlatelolco. Fue creativa con los gneros y cont con muchas armas a su favor. El hecho de ser bonita, chiquita y modosita le permiti navegar siempre con bandera de pendeja, que como sabemos es una enorme ventaja a la hora de reportear, te abre puertas, te da accesos. Y qu le podramos criticar? Pues que es demasiado sentimental muchas veces, por supuesto que cae en la cursilera, por supuesto que cuando las cosas la emocionan pierde distancia, por supuesto que su uso de la exactitud periodstica no es tan grande como debe ser hoy. Pero ella tambin trabaj en una poca en la que esa exactitud periodista no era un criterio: ni se esperaba de ella, ni de Ryszard Kapuscinski, ni de Norman Mailer ni de nadie. Cambi el paradigma. Qu le critiquen sus publicaciones? Bueno, entonces es que hay algo ah que juzgar, hay un cuerpo notable".


Uno de los aspectos ms incmodos de la figura intelectual y pblica de Poniatowska ha sido su compromiso con la izquierda. Y nunca ha escatimado en recursos: form parte de la Unin de Periodistas Democrticos de 1983; fue pieza fundamental en las movilizaciones del sindicalismo en los aos setenta y cuando se impuls el reconocimiento poltico para el Partido Comunista y Partido Revolucionario de los Trabajadores; tambin la encontramos en la fundacin de Nexos y La Jornada, y en la fundacin de la editorial Siglo XXI. Todo el que haya dirigido un suplemento o una revista sabe que no puede ignorarla: o se le publica, o se le entrevista o se le critica. Los medios lo saben y los polticos lo saben. "Es una mujer involucrada y ligada en los proyectos colectivos de carcter cultural dice el periodista Humberto Musacchio. Es una mujer de avanzada. Ha sido una presencia indispensable, ha estado siempre muy cerca de nosotros, los periodistas. Siempre est ah, siempre se cuenta con ella. Ha sido una figura indispensable como lo fue Monsivis, que los sabemos nuestros, los sentamos nuestros".

Rumbo a las elecciones de 2006, el entonces candidato de la izquierda, Andrs Manuel Lpez Obrador, la busc para que respaldara su campaa, realizara propuestas culturales y participara en mtines. Poniatowska vea en Lpez Obrador a un poltico que hablaba un lenguaje comprensible para todo mundo y con una autntica preocupacin por los pobres. "l responda a las necesidades del pueblo, no a las necesidades de las clases altas. Por eso lo apoy", dice Poniatowska. Al perder las elecciones presidenciales por un margen pequesimo, Lpez Obrador organiz un movimiento de resistencia civil para que se contaran de nuevo los votos: hizo plantones en el Zcalo y marchas por la ciudad, y bloque durante meses el Paseo de la Reforma, una de las principales arterias de la capital. Muchos de los intelectuales que lo seguan se hicieron a un lado ante tales decisiones. Pero Poniatowska lo sigui hasta el final. Defendi a Lpez Obrador y apareca en campaas publicitarias hablando a su favor. Los crculos ms conservadores le dejaron ir una avalancha de crticas; reciba llamadas telefnicas con mentadas de madre durante las madrugadas, y en la calle aguantaba insultos cuando la vean pasar por los barrios de la clase media alta. "Que Elena apoyara a Andrs Manuel le doli a mucha gente dice la antroploga Marta Lamas. Una mujer de familia de abolengo, princesa, que haya apoyado a alguien como l, que sealaban como un peligro para Mxico, doli muchsimo. A Elena le sorprenda el nivel de agresin al que llegaban las crticas, pero confi en sus convicciones, en lo que crea, y lo hizo pblicamente como pocos militantes de izquierda".

Apoy a Lpez Obrador por idealismo dice Poniatowska, en ningn momento busqu un puesto poltico, no buscaba el "hueso". Lo apoy por un sueo, por conviccin, cre en su propuesta y no me arrepiento. Lo volvera hacer, a pesar de todo lo que me dijeron, los spots de Manuel Espino, los insultos que recib, las mentadas de madre. Lo volvera a hacer.

Es el 10 de mayo de 2011. Es el Da de la Madre en Mxico.
Tengo tanto que escribir en los aos que me quedan dice Poniatowska. Tengo una novela en el tintero, tengo mucho material sobre Lupe Marn, la segunda esposa de Diego Rivera. Y quisiera escribir ms cuentos, escribir lo ms que pueda. Ya estoy vieja. Ya no puedo andar de madre ardiendo por el pas. Ya no puedo hacer lo que deca Renato Leduc, la dicha inicua de perder el tiempo. Ya estoy tocando los ochenta, creo que ya voy de salida.


Elena Poniatowska ha festejado el Da de la Madre con su amigo Pablo Ortiz Monasterio, lejos de sus hijos, que andan en sus cosas como siempre: Paula vive en Mrida, es fotgrafa y tiene influencia de los monstruos de Diane Arbus, dice Poniatowska; Felipe vive en Puebla, hace videos (y le ha enseado a usar su cuenta de Twitter, @Eponiatowska), y Mane, el mayor, Emmanuel, es fsico, jefe del rea cientfica del campus de Iztapalapa de la Universidad Autnoma Metropolitana.

Son las cinco de la tarde y Poniatowska recibe en su casa a la fotgrafa inglesa Phoebe Ling, para la sesin de fotos que acompaa esta nota. Est radiante: lleva gafas para sol, va maquillada, usa un traje sastre rojo, zapatos bicolor tipo Chanel y un collar y aretes de oro.
Pueden tomarme fotos donde sea. En la sala, en el comedor, en el estudio. Si quieren, me siento en mi escritorio y me pongo a escribir, o en el comedor, y le decimos a Martina que nos traiga comida.


La fotgrafa observa detenidamente los cojines bordados a mano con imgenes del Santo Nio de Atocha, el Subcomandante Marcos del EZLN (Ejrcito Zapatista de Liberacin Nacional), del movimiento de Andrs Manuel Lpez Obrador, y la Virgen de Guadalupe. Es su rincn mexicano.
Hay mucha luz, est bien dice Ling.
Con tanta foto me voy a poner self-conscious dice Poniatowska.


Se escuchan las campanadas de la capilla de enfrente, San Sebastin Mrtir, cuyo sonido hace eco por todos los rincones de la casa. Poniatowska cuenta que a sus hijos no los ve tan seguido como quisiera. Por eso ahora tiene mucho tiempo para pensar en su vida, en todas las cosas que ha hecho a lo largo de tantos aos.

Tengo tanto tiempo para pensar en las estupideces que hice y para llamarme idiota cada segundo. Bueno, cada segundo no, pero por lo menos tres veces al da. Finalmente uno siempre est solo... A veces pienso "por qu no hice las cosas as", o "por qu le contest esto a alguien", "por qu no me detuve", "por qu no escrib ms". No te pasa eso? le pregunta a la fotgrafa Pienso que si volviera atrs hara tantas cosas, escribira mucho ms, muchas novelas, porque creo que no deb haber hecho tanto periodismo. A veces quisiera volver atrs para hacer las cosas mejor. Una vez se lo dije a Juan Soriano un pintor mexicano de quien Poniatwoska escribi un libro que yo quisiera volver unos treinta aos o unos cuarenta aos atrs para hacer las cosas bien. l me dijo: "Elena, no te preocupes, ni quieras regresar, porque todo lo haras pero ms mal".

Ling comienza a disparar su cmara. Le dice a la escritora que mire a la luz, y ella dice: "S, miro a la luz". Mire al cielo, dice la fotgrafa, y Poniatowska dice: "S, miro al cielo que se oscurece, que quiere llover". Mire al jardn: "S, miro al jardn, verde que te quiero verde". Despus, lleva a la fotgrafa al comedor, donde tiene una catrina de yeso una figura mexicana femenina que representa la muerte. Mire hacia all, dice la fotgrafa.

S, miro a la muerte, que ah se viene, tan callada. Procuro no pensar mucho en la muerte. Todava no se sabe qu pasa cuando uno muere. No s que me vaya a pasar. No me gustara que me diera una trombosis o que me quedara paraltica y no me pudiera mover. Eso sera terrible para m. Espero no tenerle miedo. Recuerdo que Mariana Frenk, que era una mujer extraordinaria, que escribi muchsimos aforismos, le tuvo miedo a la muerte. Y si ella tan inteligente le tuvo miedo, pues igual y a la mera hora lo tendr tambin. Pero mejor... toquemos madera.//

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