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Octubre 2010
Juana de Arco en Brasil
Dilma Rousseff, la candidata del partido en el gobierno a la presidencia de Brasil. Fue guerrillera, pero también la artífice central de la exitosa política energética carioca. Esta es la historia de la primera mujer con posibilidades reales para convertirse en la próxima presidenta del país más poderoso de la región.
Texto: Luiz Maklouf Carvalho / Ilustración: José Hernández
1
Según Igor, su madre, hija de ganaderos, era “la mujer más bonita de Uberaba”. Pedro Rousseff hizo buen dinero construyendo obras para la siderúrgica Mannesmann. “Mi padre era muy bueno haciendo números”, me dijo Igor en Belo Horizonte. Según recuerda, a su padre le encantaban los placeres de la vida: se fumaba cinco paquetes de Cairo al día, tomaba whisky, jugaba cartas y disfrutaba de mesas llenas de comida. Los Rousseff vivían en una casa espaciosa, con tres empleadas. Las comidas eran servidas a la francesa, con guarniciones y cubiertos específicos. Los niños tenían piano, y una profesora particular, madame Vincent, que los visitaba semanalmente para enseñarles francés. “Nuestro padre era estricto —recordó Igor—. Nunca nos pegó, pero a la hora de los reclamos, todo era un suplicio”. En vacaciones iban en avión a la playa de Guarapari, Espírito Santo, donde se hospedaban durante tres semanas en el Radium, el hotel-casino. Pedro Rousseff murió en septiembre de 1962. Igor tenía 15 años y Dilma uno menos. “La noche en la que murió mi padre fue dramática —recordó Igor—. Había ido a jugar al Club Campestre, regresó a eso de las 11 de la noche, de repente se sintió mal y comenzó a respirar con dificultad. Todos estábamos en la casa. Recibimos al médico, pero no hubo manera. Murió en casa y fue velado en casa”. Luben, el medio hermano búlgaro —del cual el padre hablaba con frecuencia—, fue notificado y formó parte de los herederos del testamento. Era ingeniero y murió en 2007. Según Igor, Pedro Rousseff dejó “unos 15 buenos inmuebles”. En 1965, cuando Dilma Rousseff entró a la escuela estatal central, el lugar ya era un sitio agitado políticamente, radicalizado por el golpe militar del año anterior. A los 17 años, la educación política de Dilma dio sus primeros pasos. Dos años después, formó parte de una organización llamada Política Operária (Política Obrera), conocida como Polop. Poco después de haber entrado, la Polop pasó por un periodo de turbulencia: mientras una facción defendía la reivindicación de la asamblea constituyente, la otra se inclinaba por la lucha armada. Dilma dudó, pero acabó por unirse a la segunda facción, que después se convirtió en el Comando de Liberación Nacional (Colina). En ese entonces, conoció a Cláudio Galeno Linhares, de 24 años. “Quedé impresionado por la belleza, personalidad e inteligencia de Dilma”, me dijo en el restaurante de un hotel en Belo Horizonte. Galeno tiene 67 años. “Yo no convencí a Dilma de nada, ella ya estaba al tanto de muchas cosas, ya tenía contacto con la organización”. Se casaron el año siguiente. Galeno también defendía la lucha armada. “Aprendí a hacer las bombas en la farmacia de mi padre”, bromeó. 2Un estudiante de medicina, Jorge Nahas, formó parte de la primera acción armada del Colina, en agosto de 1968: vestido de policía, junto con cuatro camaradas, asaltó un Jeep de Hacienda que estaba trasladando valores. “Pero no había ni un centavo en el Jeep”, lamentó sonriendo el ahora secretario de Política Social de la ciudad de Belo Horizonte. “Dilma tenía una gran capacidad de liderazgo —continuó—, sabía imponerse en una reunión y era capaz de integrar con facilidad a ese grupo de hombres mandones”.Las cosas se complicaron el 14 de enero de 1969, después de un asalto al Banco de Lavoura da Sabará, cuando detuvieron a algunos militantes. Siete miembros de la organización se reunieron en una casa para discutir cómo sacar a sus camaradas de la cárcel. Cuando estaba por amanecer, un grupo de policías civiles irrumpió en la casa. Murilo Pezzuti baleó a tres policías con una ametralladora Thompson, de los cuales dos murieron y uno quedó herido. La policía, por su parte, hirió al estudiante Maurício Paiva. La muerte de los dos policías desató la cólera de los demás, quienes comenzaron a golpear a los militantes y amenazaron con fusilarlos a todos. El delegado que comandaba esa operación controló a su tropa y los siete militantes fueron llevados al Departamento de Orden Político y Social (DOPS). Aquella noche Dilma y Cláudio Galeno, cuando se enteraron de lo ocurrido, fueron al apartamento donde vivían, el 1001 del Condominio Solar, para destruir los documentos y todo lo que pudiera vincularlos a la organización. La pareja entró por la cochera sin ser vista. “En el apartamento teníamos hasta un microfilme escondido con información sobre una posible área de entrenamiento de la guerrilla —contó Galeno—. Nos quedamos ahí dentro, en el más absoluto silencio. Destruimos todos los papeles que pudieran comprometernos, limpiamos todo y salimos por atrás, en el elevador de servicio. Fue agónico”. Dilma, quien había terminado su segundo año en la facultad de Ciencias Económicas, acababa de cumplir 21 años en 1968. Ella y su marido se quedaron en Belo Horizonte unas semanas más, intentando reorganizar lo que había quedado del Colina, pero la organización determinó que fueran para Rio. Ya en Rio, la pareja formó parte de los deslocados (desplazados) —como se conocía a los militantes “transferidos”, a los clandestinos y buscados—. Dilma ayudaba en la dirección de la organización. Llevaba armas, dinero y municiones de un lado para otro. Iba a reuniones, redactaba y discutía documentos. En una de esas reuniones conoció al abogado originario de Rio Grande do Sul, Carlos Franklin Paixão de Araújo, jefe de la disidencia del partidão (Partido Comunista Brasileño). Tuvieron un coup de foudre, y Dilma informó a Galeno sobre su noviazgo con Carlos Araújo. En el restaurante del hotel, mirando una alberca desierta, Galeno encendió su tercer cigarrillo y dijo: “Dilma es transparente, no se anda con rodeos. Recuerdo que en ese momento llegó y me dijo: ‘Estoy con Carlos'. Fue algo natural, incluso me lo esperaba. Yo también ya tenía una novia, Martinha. En medio de todo aquello, las posibilidades de formar una pareja normal eran remotas. Y ella fue más valiente al exponer el tema en ese momento. No hubo secuelas, no hubo ninguna cicatriz. Seguimos siendo grandes amigos”. Dilma creía que la lucha de masas era más importante que la armada. No hubo un consenso entre esas dos facciones de la organización, y ésta se separó —por un lado estaba la VAR-Palmares “basista”, y por el otro la VPR “militarista”, de Lamarca—. Y dio inicio la disputa por el botín: el dinero y las armas. En octubre de 1970, casi dos meses después de haber entrado a prisión, Carlos Araújo haría una declaración a la policía militar de São Paulo. En ella diría que se quedó con 1.2 millones de dólares, dividido “en tres maletas de 400 000 dólares cada una”, y que el dinero se había quedado durante prácticamente una semana “en un apartamento de la calle Saldanha Marinho, donde también vivía Dilma Vana Rousseff Linhares”. Araújo no quiso hacer comentarios sobre esa declaración. 3En una de las averiguaciones de la causa se dice que Dilma Rousseff “manipula grandes cantidades de la VAR-Palmares, que es una antigua militante de movimientos subversivo-terroristas. Asimismo, en su interrogatorio, se pudo verificar que es una de las piezas clave y uno de los cerebros de las acciones revolucionarias puestas en práctica por las izquierdas radicales. Se trata de una persona con aptitudes intelectuales bastante apreciables”. En otros informes de este tipo, fue llamada la “Juana de Arco de la subversión”, “papisa de la subversión”, “criminal política” y “personaje femenino de expresión notablemente triste”.Después de la escisión política (Vanguardia Armada Revolucionaria Palmares, VAR, y la Vanguardia Popular Revolucionaria, VPR), Dilma fue enviada a São Paulo. Tenía que resolver un problema práctico: esconder en un lugar más seguro un montón de armas que estaban corriendo peligro en apartamentos poco seguros. Se mudó a una pensión precaria, con baño colectivo. Compartía cuarto con Maria Celeste Martins, quien actualmente es su asesora. En una entrevista de 2003, Dilma contó lo que ambas hicieron: “Celeste y yo entramos con una cubeta, me acuerdo muy bien porque ésta estaba llena de municiones. Envolvimos las armas en un cobertor. Llevamos todo para la pensión y lo pusimos debajo de la cama. Había tantas cosas que hasta la cama quedó un poco alzada. Era muy complicado dormir ahí las dos juntas. Y era muy incómodo. Los fusiles automáticos ligeros, que nos habían sobrado, estaban todos ahí. Había ametralladoras, bombas plásticas. Cuando cuento esto, hoy día, me da la impresión de que ni siquiera era yo quien estuvo ahí”. El primer día de 1970, Galeno, el ex novio de Dilma Rousseff, y otros seis militantes secuestraron, en Montevideo, un avión de la Cruzeiro do Sul. Tres días después, llegaron sanos y salvos a Cuba. Galeno recibió la orden de tener entrenamiento de guerrilla y regresar. Intentó volver, pero, con la represión al alza, no lo consiguió. Se casó con la nicaragüense Maira, con quien tuvo dos hijas que viven fuera de Brasil, y que ya le dieron cuatro nietos. Quince días después del secuestro del avión, Dilma Rousseff fue apresada, en São Paulo, y torturada varios días con golpes y descargas eléctricas, pero no reveló lo que sabía sobre Carlos Araújo, su compañero, ni de Maria Celeste Martins. Ellos fueron apresados mucho tiempo después. Mientras Dilma estaba presa, Carlos Araújo tuvo un romance fugaz, pero intenso, con la actriz de TV Globo, Bete Mendes, quien en ese entonces simpatizaba con la organización. Pero fue atrapado el 12 de agosto. Estuvo 70 días en la OBAN (Operação Bandeirante, un centro de información y tortura), y luego pasó por otros centros de tortura. En esos ires y venires se cruzó con Dilma. Cuando estuvieron por unos meses en la misma prisión —Tiradentes, en São Paulo, con derecho a visitas conyugales—, Dilma le reclamó por la aventura con Bete Mendes. Y se reconciliaron, dispuestos a retomar el matrimonio después de cumplir sus sentencias. Condenada en algunos procesos y absuelta en otros, Dilma salió de prisión a finales de 1973, después de casi cuatro años de reclusión. Ella se mudó a Porto Alegre, donde Carlos Araújo cumplía los últimos meses de sus casi cuatro años de condena. Ella siempre lo visitaba, muchas veces con el suegro, el Dr. Afrânio, quien murió el 8 de junio de 1974, con el hijo aún preso. Actualmente, Carlos Araújo vive solo, con sus dos perros callejeros, Amarelo (Amarillo) y Negrão (Negrote), en una casa a orillas del río Guaíba, en Porto Alegre. De 71 años, y a pesar de un enfisema pulmonar, tiene energía de sobra. “Soy una persona muy feliz. Vivo de mi trabajo, no dependo de nadie, tuve la suerte de tener hijos que no me molestan y tengo muchos amigos”. Está en el balcón, con dos televisores enormes en las que mira simultáneamente partidos de futbol por cable. Desde allí se ve, en una isla, la prisión, ya en desuso, donde cumplió parte de su condena. “Es allí —apuntó—. ¡Cuántas veces me visitó Dilma!...”. 4Cuando Dilma Rousseff era ministra de Minas y Energía le pregunté en qué condiciones de salud se encontraba cuando dejó la prisión. “Nadie sale de eso sin marcas”, me respondió, en un despacho de la Presidencia de la República, en São Paulo. Fueron tres años de encarcelamiento: desde enero de 1970, cuando fue capturada en el centro de São Paulo, hasta finales de 1972, cuando salió, 10 kilos más flaca, del Reclusorio Tiradentes. Tenía 25 años.Una de las marcas sobre las que hablaba fue la de la disfunción de la tiroides, una glándula a la altura del cuello cuya función principal es la producción y almacenamiento de dos hormonas que, además de afectar a varios órganos, auxilian a regular el metabolismo. “Un año después de que salí de prisión, mi tiroides estaba completamente fulminada —contó—. Ésa fue la forma en la que reaccionó mi organismo a todo aquello. Desarrollé un hipertiroidismo (producción excesiva de hormonas) y después un hipotiroidismo (lo contrario). Fue una somatización, pero después me atendí y quedé bien”. Al salir de prisión se mudó a la casa a orillas del río Guaíba, en Porto Alegre —donde ahora vive Araújo—, que era la casa de sus suegros, Afrânio Araújo, abogado laboral y comunista de vieja cepa, y su esposa Marieta. Desde la ventana de esa casa veía la prisión en la que Carlos Franklin de Araújo cumplía su tercer año de condena, el penal de la isla de Pedras Brancas. Los meses que pasaron juntos en el Reclusorio Tiradentes —con algunos encuentros íntimos y muchos intercambios de notas secretas— fueron una especie de preludio para su reencuentro. Con Leandro, hijo de su primer matrimonio, Dilma visitaba a Araújo en la isla. Así lo recordó Araújo, en el mismo balcón: “Ella llevaba comida, cigarros y muchos periódicos. Hablábamos sobre nuestra vida emocional, del hijo que queríamos tener y de nuestro futuro político, y sobre cómo y dónde retomar la militancia. No eran visitas conyugales, pero nos las arreglábamos”. Araújo fue uno de los últimos presos en salir de la isla, cuando el penal de ésta fue deshabilitado, y cumplió el resto de su condena en el Reclusorio Central, donde Dilma lo visitaba dos veces a la semana. Fue liberado en junio de 1974, pocos días después de que murió su padre. Araújo y Dilma acabaron quedándose en la casa a la orilla del río. Dilma estaba tomando un cursito para presentar el examen de admisión en Ciencias Económicas en la Universidad Federal de Rio Grande do Sul. Paula Rousseff Araújo, la hija de la pareja, nació en marzo de 1977, cuando Dilma tenía 29 años. Algunas amigas de Dilma dicen que como madre era un poco descuidada para las cosas prácticas. Cuando Paula lloraba sin parar, su madre la metía al auto y manejaba hasta que el movimiento de éste la arrullara. 5Durante el crecimiento de Paula, la madre retomó los estudios: quería hacer una maestría en la Universidad Estatal de Campinas, a una hora de São Paulo. Paralelamente, participaba en un grupo de discusión con media docena de ex militantes de la VAR-Palmares.En la página web oficial de la Casa Civil (como se llama a la Presidencia) se puede leer que la Rousseff es “maestra en Teoría Económica por la Universidad de Campinas (Unicamp) y pasante en el doctorado de Economía Monetaria y Financiera por la misma universidad”. En la Plataforma Lattes, la base de datos de los currículum e instituciones de las áreas de Ciencia y Tecnología, el currículum de Dilma Vana Rousseff contiene una maestría en Ciencias Económicas, en la Unicamp, entre 1978-1979. El título de su tesis es Modelo energético del estado de Rio Grande do Sul, y estuvo asesorada por el profesor João Manoel Cardoso de Mello. Ahí también se puede ver que, en 1998, comenzó un doctorado en Ciencias Sociales Aplicadas —pero no aparece el nombre del asesor ni de la tesis del doctorado. “Dilma Vana Rousseff nunca se inscribió en ninguna maestría en la Unicamp”, informó el director de Registro Académico, Antônio Faggiani, a quien le pedí que no sólo consultara en el sistema computarizado, sino también en el archivo muerto; es decir, en los documentos en papel de la Unicamp. Dicho y hecho, Faggiani constató que: “Lo que existe, oficialmente, es la ficha del doctorado, en 1988, el mismo que abandonó en 2004, cuando se cumplió el plazo para actualizar los créditos”. Al enterarse de la postura oficial de la universidad, ella me dijo: “Entré a la maestría, pero no la acabé ni hice la tesis, y por eso regresé a la universidad, para hacer el doctorado. Luego me hice ministra y tampoco terminé el doctorado”. En resumen, la página web de la Casa Civil está mal: Dilma no es ni maestra ni pasante del doctorado. Araújo y Dilma formaron parte de la articulación que recreó el Partido Trabalhista Brasileiro (Partido Trabajador Brasileño) a principios de los años ochenta. El partido fue fundado por los seguidores de Getulio Vargas, un político de izquierda que fue cuatro veces presidente de la república, pero había sido disuelto en 1964 después del golpe militar. Un discípulo de Vargas, Leonel Brizola, trató de relanzar el partido al final de la dictadura, pero la hija de Vargas le disputó el nombre y se quedó con sus siglas. Entonces se formó el PDT (Partido Democrático Laborista) al que entraron Dilma y Araújo. Dilma consiguió un empleo como asesora de la bancada del PDT en la Asamblea Legislativa del estado Rio Grande do Sul. A sus 81 años, el ex gobernador Alceu Collares sigue siendo una persona simpática, conversadora y con una impresionante memoria. Después de la dictadura, fue el primer alcalde electo en Porto Alegre, en 1986, la capital de Rio Grande do Sul. Tanto el diputado Araújo, como Dilma, apoyaron su candidatura con cuerpo y alma. 6A finales de los ochenta, Alceu Collares se postuló como candidato del PDT para gobernador del estado. El PDT arrasó a Pedro Simon, candidato del Partido del Movimiento Democrático Brasileño, un partido de centro. “Obtuvimos casi un millón de votos más que ellos”, continúa celebrando el senador y dice que eso fue gracias a las influencias de Carlos Araújo, “pero también debido a las capacidades de ella”. Entonces Dilma se volvió presidenta de la Fundación de Economía y Estadística (FEE), en la que permaneció hasta finales de 1993. El peso de Araújo y su grupo de militantes contribuyó para que Dilma fuera nombrada ese año secretaria de Energía, Minas y Comunicaciones del Estado.En diciembre de 1994 dejó el cargo, poco después de ver cómo terminaba su matrimonio. Cuando Dilma se embarazó de Rodrigo, entre 1994 y 1995, empezó el fin de los 26 años del matrimonio. Ella puso las cosas de Araújo en varias maletas, y él dejó la casa. “Sucedió —dijo Araújo—, nuestra relación afectiva estaba desgastada. Después nos reconciliamos y regresé”. Pero esa tentativa duraría hasta 2000, cuando Dilma rentó un departamento para mudarse. Dilma retomó la vida pública en 1999, cuando Olívio Dutra fue electo gobernador de Rio Grande do Sul. Dutra era el candidato de otro partido de izquierda, el Partido de los Trabajadores (PT), pero ganó gracias al apoyo del PDT, en la segunda vuelta. Dutra colocó a Dilma en la misma Secretaría de Energía. Dilma era de los pocos pedetistas que asumieron cargos. El líder del PDT Leonel Brizola, por su parte, comenzó a presionar a los pedetistas para que salieran de la administración del PT. Pero Dilma se quedó en el cargo. En el año 2000, debido a que las elecciones municipales estaban por llegar, el conflicto se acentuó. Brizola quería que Collares fuera el candidato, mientras que el PT se inclinaba por Tarso Genro. Por su parte, Dilma apoyaba la candidatura de Genro, el candidato petista, que finalmente ganó. Dilma acabó por afilarse al PT. Brizola tildó de traidores a los que salieron del PDT. Olívio Dutra entendió así la situación: “Yo siempre dije que sería un honor enorme si Dilma venía al PT. Salir del PDT no fue fácil para ella; me parece que en ese entonces ella fue visionaria”. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva, en una entrevista a finales del año 2009 en la revista Piauí, contó cómo conoció a Dilma Rousseff en los años noventa: “Yo sólo sabía que ella estaba a cargo de una secretaría en el gobierno de Olívio Dutra, pero no teníamos mucho contacto, quizá justamente porque ella era del PDT. Cada año teníamos tres, cuatro reuniones con varios ingenieros del sector energético. No fue sino hasta cerca del año 2002, cuando apareció en una de estas reuniones una compañera con una computadorcita en la mano. Desde que comenzamos a hablar noté que era diferente a los demás, ella tenía un sentido práctico, natural en alguien, según vi, que había estado en la Secretaría de Minas y Energía de Rio Grande do Sul. Y fue ahí cuando me quedé pensando: creo que ya encontré a la ministra de Energía. Fue así como acabó entrando a mi gobierno”. Las reuniones con Lula tenían lugar en el Instituto da Cidadania, en São Paulo, que él montó para que hiciera las veces de gobierno paralelo. El prestigioso físico e ingeniero nuclear Luiz Pinguelli Rosa era la estrella de ahí, seguido por Ildo Sauer. Su misión era elaborar una plataforma que planteara el tema energético para la campaña presidencial. En junio de 2001, Pinguelli invitó a Dilma a participar en dicha tarea. 7Maurício Tolmasquim, hoy presidente de la Empresa de Investigación Energética, también formaba parte del grupo, aunque discrepaba de Pinguelli y de Sauer, que se oponían a las privatizaciones que el gobierno promovía en el sector. Tolmasquim estaba en contra del estatismo, y Dilma también. Apenas se anunció la victoria del PT a la presidencia de la república en 2002, Pinguelli Rosa llamó a Ildo Sauer y le dijo: “El grupo de transición del sector energético lo vamos a montar aquí en Rio, porque para mí es más fácil”. La decisión de Lula se vio influida por la simpatía que Antonio Palocci, futuro Ministro de Hacienda, tenía por Dilma. Más que personal, la simpatía era política: Palocci sabía que ella tenía una muy buena relación con los empresarios del sector. Olívio Dutra me confió: “Después de la elección hablé con Dilma y le dije: ‘Mira, Dilma, Lula te va a convocar para el proceso de transición en el área de Minas y Energía, y habrá más cosas, te digo, sobre las cuales tendrás que hacerte cargo'”. ¿Qué fue lo que Lula vio en ella?, pregunté. “Cierta moderación —respondió Dutra—, que ella tuviese una visión articulada sobre el tema, discreción, una modestia sin falsedad. Ella y su laptop; ahí tiene todo: números, elementos, cuadros. Ella es positiva”.En enero de 2003, Lula nombró a Dilma Rousseff como ministra de Minas y Energía. Lo que ella hizo allí fueron tres cosas: cumplió los contratos del gobierno anterior, evitó otro apagón (en 1999, 10 estados habían padecido un gigantesco corte de energía) y construyó un modelo para el sector eléctrico menos estatizante. Alguien que fungió como interlocutor en estas tareas fue el empresario Luiz Fernando Leone Vianna, presidente de la Asociación Brasileña de Productores Independientes de Energía Eléctrica. “La gestión fue buena porque se centró en un modelo competitivo”, dijo el empresario, en Brasilia. “Ella no sólo mantuvo en libertad al mercado energético, sino que lo amplió, usando un criterio técnico y no ideológico. Ella escucha, asimila y decide: las decisiones son enteramente de ella”. Pero el director del Centro Brasileño de Infraestructura, Adriano Pires, considera que la Rousseff “vendió la imagen de que no era ambiciosa, de que estaba ahí para servir. Ella es el delfín del Presidente”. Luciano Zica cumplió tres periodos como diputado federal del PT, y hoy no quiere saber más de política. Zica, que conoció y fue amigo de Dilma en 2001, dijo que “ella era vibrante, tenía una gran capacidad de convencimiento y mucha agudeza a la hora de los argumentos”. Las cosas cambiaron cuando el diputado discrepó respecto a las condiciones en las cuales se llevaría a cabo la sexta ronda de la subasta de las áreas de explotación petrolera. Como no consiguió convencer a la ministra de sus ponderaciones, Zica se las expresó formalmente al presidente Lula, a quien le pidió la suspensión de la subasta. “Ahí sí, ella se enfureció —agregó—. Me habló por teléfono, me dijo que no era leal. Fue muy dura, bastante autoritaria”. Hay una frase de Dilma que permanece en la memoria de Zica: “Ahora sí la regaste”. Dilma piensa que las diferencias con Zica “fueron una cuestión gubernamental, no personal. Porque un diputado del gobierno no debe actuar en contra del gobierno sin avisar”. Para el ex diputado, esta experiencia hizo evidente que “Dilma es la persona más democrática del mundo, siempre y cuando uno esté 100% de acuerdo con ella”. El secretario particular del Presidente, Gilberto Carvalho, me recibió en su despacho, donde me contó que, a principios del gobierno de Lula, Dilma Rousseff veía al Presidente por lo menos una vez a la semana. “Hubo dos cosas que hicieron que Dilma estuviera bajo la mirada del Presidente: la valentía para encarar las situaciones difíciles, y sus aptitudes técnicas”, dijo. 8En 2005, Lula nombró a Rousseff como ministra de la Casa Civil (un cargo equivalente a jefa de gabinete). “Cuando el Presidente se inclinó por Dilma, todos nos sorprendimos, incluso yo —dijo Gilberto Carvalho—. Fue una jugada en solitario del Presidente, como algunas de las que suele hacer”.En la Casa Civil, Dilma comenzó a reunirse con el Presidente prácticamente todos los días hábiles, algunos feriados, y excepcionalmente durante los fines de semana. Una revelación hecha por el despacho personal del Presidente muestra que, desde que ésta asumió el mandato de la Casa Civil, en junio de 2005, hasta el 17 del mes pasado, la Ministra y el Presidente estuvieron juntos 1 093 veces. En 49 meses, es un promedio de más de un encuentro por día hábil. Las reuniones entre los dos, a solas, fueron 144; es decir, más o menos tres a la semana. El relevamiento permite ver cómo la enfermedad de la Ministra disminuyó el número de reuniones entre ambos: entre enero y el 17 de junio hubo nueve encuentros, de los cuales ninguno se presentó en mayo ni junio. El primer semestre del año pasado, tuvieron 25 juntas. En las audiencias con representantes de entidades, empresarios, visitas internacionales y medios, la Ministra estuvo presente en 352 ocasiones. Desayunó, comió o cenó con el Presidente 28 veces. Lo acompañó en nueve viajes internacionales y 77 nacionales. El ministro de Comunicación Social, Franklin Martins, quien estuvo presente en varias reuniones entre el Presidente y Dilma, hizo la siguiente observación sobre la química que hay entre estos dos últimos: “Tienen una relación de padre e hija”. Después expuse esta interpretación a Dilma, y ella explicó así su relación con el Presidente: “El Presidente me reclama cuando tiene que hacerlo. Pero tengo que reconocer que, muchas veces —y sobre todo con todo este asunto de la enfermedad— me protege afectivamente. Ahora, nuestra relación es muy objetiva: tengo metas que alcanzar, cumplo lo que prometo. De todas maneras él es una persona en extremo afectiva, que respeta la dimensión personal. Durante mi enfermedad fue extremadamente protector. El Presidente mezcla muy bien la intuición y la sabiduría con el razonamiento más frío, con el análisis racional. Por eso es un personaje excepcional”. Lula sorprendió a todo mundo no sólo al escoger a Dilma como candidata a la presidencia, sino al adelantarse y articular la sucesión de forma pública, impidiendo que los precandidatos organizaran sus fuerzas. Con un tono bromista, el Presidente decía frases como: “Estoy pensando en lanzar a Dilma como candidata”. Pero cuando empezó a repetirlas fue evidente que ya no eran broma. Durante los cuatro meses que duró la realización de este reportaje, en los cuales se entrevistó a setenta personas, nadie dijo que Lula había hablado directamente con Dilma sobre su candidatura a la sucesión. “Nunca hablé sobre ese asunto con el Presidente”, afirmó ella. Después de enterarse de que tenía un cáncer linfático, Dilma mantuvo el diagnóstico en secreto lo más que pudo. El Presidente supo que ella tendría la cirugía en abril de 2009 apenas con 48 horas de antelación. Ella se hizo a la idea de que estaba curada y de que debía tomar el tratamiento sólo para evitar una recaída. Todo aquel que intenta convencerla de que trabaje menos o de que incluso pida una licencia recibe una clase entera sobre la enfermedad, además de una explicación acerca de que los supuestos efectos colaterales de la quimioterapia —como los dolores de pierna que la llevaron de urgencia al hospital— ahora sólo son consecuencias de los medicamentos, y no de su ritmo de trabajo. 9Un día después de la última sesión de quimioterapia para impedir el regreso del cáncer linfático, Dilma Rousseff estaba segura de que quedaría bien. “Estoy muy feliz —me dijo— primero, porque ésta fue la última aplicación; segundo, porque el 14 de julio termina el ciclo de 21 días durante el cual el organismo elimina los productos tóxicos. Así que el 14 de julio estaré sin ninguna traza ni consecuencia de la enfermedad”.Cree que la quimioterapia que pensó podría ser “muy desagradable”, no fue para tanto. Lo más difícil fue perder el cabello. “Pero no fue un caso extremo. Perdí el cabello en algunas partes, y opté por raparme para no estar perdiéndolo a pedazos —dijo—. Y hasta tuve un efecto gratificante: se siente muy bien cuando el agua escurre directamente por la cabeza”. Una vez terminada la quimioterapia, Dilma comenzaría la radioterapia. A finales de septiembre, recibió la primera de 15 aplicaciones. “Es un tratamiento menos invasivo, no tiene efectos colaterales, o sea, no se pierde el cabello, no quita el hambre, no te altera”, dijo. La literatura médica establece que, en una paciente con las condiciones y el tratamiento de Dilma, las posibilidades de que la enfermedad regrese son apenas de 10%. Pero, aun en el caso de que ella no hubiera podido llegar, por cuestiones de salud, a las elecciones del mes próximo, nunca hubo plan B. “El Presidente puede tener un plan B, pero no puede decírselo a absolutamente nadie. Porque, en política, la sola idea de un plan B cancela inmediatamente al plan A. Por eso la candidata es Dilma”, dice el ministro Franklin Martins. Este reportaje se publicó en Piauí, en septiembre de 2010. Traducción de Emiliano Becerril |




