Martes 29 de julio de 2014 
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Septiembre 2010
Soy mujer, soy mariachi
La Plaza de Garibaldi no slo es cuna del mariachi, tambin es un cuartel del machismo. sta es la historia de las mujeres que lo estn derrumbando.
Por Sandra Ortega / Fotografas de Rodrigo Vzquez
De los cuatro mil mariachis registrados en Garibaldi, sólo cincuenta son mujeres.
Isabel aguilar es hija de un mariachi. Creci escuchando las notas del violn que su padre tocaba, pues l ensayaba en casa. Isabel adoraba esa msica pero no poda acercarse. Si lo haca, reciba un regao. "Vete a lavar los platos", le deca. "Luego llegaba el fin de semana, l se pona su traje y se iba a trabajar. Yo lo vea y pensaba que se era el mejor trabajo del mundo", me dijo Isabel.

Acaba de cumplir 30 aos. Es delgada, de baja estatura, usa lentes a la moda. Parece frgil, pero no lo es. Me cont que en realidad el amor por la msica se lo debe a su madre. Con ella escuchaba los discos de Lola Beltrn, de Flor Silvestre, de Pedro Infante y Jorge Negrete. Cantaban juntas durante horas mientras hacan las labores domsticas.

Al terminar la secundaria Isabel quiso iniciarse en la msica, como sus hermanos. Su padre se opuso. Isabel decidi remar contra la corriente y empez por su cuenta. Cuando tena 16 aos, en una fiesta de Santa Cecilia, la virgen patrona de los msicos, conoci al mariachi femenil Las Alazanas. Qued maravillada con su calidad, con su porte. Se acerc a sus ensayos y muy pronto inici con el violn y el canto.

Al principio no reciba un salario en Las Alazanas, pero pertenecer al grupo era estmulo suficiente para resistir. Cuidaba como oro el poco dinero que su madre poda darle. "Me las vea negras", dijo. Permaneci cuatro aos en el grupo, viaj con ellas a Marruecos y a Estados Unidos, donde estuvieron casi un ao de gira.

Las Alazanas fue el ltimo mariachi femenil que logr consolidarse en Garibaldi. Despus de 12 aos de existencia se deshizo en 2005. Sus integrantes comenzaron a casarse, y sus esposos les negaban el permiso para trabajar. Luego, algunas de ellas se fueron a Estados Unidos y se quedaron all. Tambin padecieron la falta de apoyo y reconocimiento de sus pares hombres.

"Les decan las holgazanas', tambin las prfugas del metate'", dijo en tono de burla Miguel Cruz, el Jarocho, mariachi originario de Veracruz.

"Los hombres mexicanos son machos, pero los hombres mariachis mexicanos, son ms machos; se supone que las mujeres tenemos derechos, pero aqu no es as", me dijo Isabel, quien despus de Las Alazanas dirigi un mariachi femenil, pero tambin desapareci.

Si Garibaldi es la Meca del mariachi, tambin es la Meca del machismo mexicano, del estereotipo del hombre que canta al amor, al despecho y a su Mxico lindo y querido. A pesar de las legendarias Lucha Reyes y Lucha Villa, de las muchas estrellas femeninas dedicadas a la cancin verncula y de algunos mariachis femeniles del pasado como Las Coronelas, Las Adelitas y el Mariachi Michoacano, hoy en da, en la Plaza Garibaldi, no es posible contratar un mariachi de mujeres.

Miguel ngel Nez es guitarrista y tiene unos 60 aos de edad. Le molesta hablar de la presencia de las mujeres en Garibaldi. "S hay mujeres, pero no son mariachis, se han fugado de sus casas; en lugar de estar lavando y planchando, se vienen ac a estar estorbndonos. No son mariachis porque mariachis somos los hombres. La msica es de inteligencia, y la mujer no es inteligente, la mujer es astuta. No soy machista, no tengo nada en contra de las damas, pero ste no es su lugar", me dijo mirndome a los ojos.

Actualmente, en la bulliciosa plaza hay grupos mixtos. A algunas mujeres se les ve, con su traje muy limpio y la botonadura brillante, con el violn o la vihuela listos para ejecutar una pieza, con un moo blanco. Ellas hacen la "maroma", lo que quiere decir que no pertenecen a ningn grupo y que pueden tocar con el conjunto que en ese momento las convoque.

Hay mariachis de mujeres en Guadalajara, algunos muy famosos, como Las Perlitas Tapatas. Los hay tambin muy reconocidos en Estados Unidos, como el Mujer 2000 o el Reyna de Los ngeles. En el Distrito Federal slo hay un mariachi completamente femenil, la Banda Mariachi Femenil Xchitl. Tres agrupaciones ms son, en su mayora, de mujeres: el Marichi Femenil de Mxico, Las Estrellas de Mxico y las Estrellas de Jalisco.

En Garibaldi trabajan "hasta cuatro mil msicos", dijo Miguel Ortiz, secretario del Interior de la Unin Mexicana de Mariachis, que agrupa a los mariachis de Garibaldi. Las mujeres? "Son pocas, no deben ser ms de 50, entre las que estn agrupadas, las que trabajan con sus familiares y las que trabajan solas".

Despus de la desaparicin de Las Alazanas, Isabel hizo la licenciatura en Composicin y arreglo. Saba que estudiar le dara herramientas para enfrentar algunas desventajas. Fueron seis aos de adquirir conocimientos y destrezas musicales. Tambin descubri que hay hombres que aprecian que las mujeres se dediquen a la msica. Se sinti respetada y admirada, y eso le dio valor para seguir adelante.

Sin embargo, la forma en la que los mariachis trabajan, musicalmente hablando, supone muchos retos, habilidades que no se aprenden en la escuela. Como los mariachis no tocan con partitura, hay que sacar las canciones "de odo" y memorizar letras, arreglos y adornos. Tampoco el sentimiento con el que se interpreta se aprende en un saln de clases. "Una cancin tiene que hacerte vibrar para que transmitas la emocin, es lo que desarrollas si eres sensible", dijo Isabel. Y luego continu, entre hablando y canturreando: "Si la letra dice estoy en el rincn de una cantina, oyendo una cancin que yo ped', te convences de que te quieres emborrachar porque te engaaron. Pero si ests cantando una rosa pintada de azul, es un motivo/ una simple estrellita de mar, es un motivo', pues es suave, para enamorados. Si logras poner en cada nota el sabor, el sentimiento de la cancin, es que ests haciendo bien tu trabajo".

Cuando estaba por concluir la carrera, Isabel decidi dar el siguiente paso. "Ya puedo escribir msica, ya puedo hacer arreglos, quiero hacer algo mo", se dijo en aquel momento. Reuni a varias jvenes y dirigi durante dos aos El Mariachi Femenil Sonidos de Amrica. Ella haca los arreglos, diriga los ensayos, organizaba las contrataciones y las animaba a tocar en Garibaldi. Fue un esfuerzo que sostuvo durante dos aos, de 2007 a 2009.

Llegaron a ser hasta 10 integrantes y resistieron las presiones de los mariachis que las rodeaban en la plaza para juzgar sus interpretaciones. Ellos las negaban cuando los clientes preguntaban por Sonidos de Amrica. "Despus mis compaeras empezaron a ser mams, y cada vez que una sala haba que buscar a otra, y esa otra no tena lo que ya habamos avanzado. Entonces el grupo se fue separando".

Fueron das de mucha frustracin: algo tan deseado se le desvaneca entre las manos. "Pero tampoco poda yo hacer nada contra la naturaleza, verdad? Despus pens que tal vez no era el momento. La idea todava la tengo y algn da lo voy a hacer".

Isabel quiere integrar un mariachi femenil profesional, bien preparado. Y la red de amistad y solidaridad que ha tejido con sus compaeras se percibe. En la plaza, una noche de sbado, entre el estruendo de las trompetas, Isabel saluda a todas, est al tanto, se hace presente.
Actualmente es la nica mujer miembro del Mariachi Internacional de la Ciudad de Mxico, dirige sin pago alguno un mariachi infantil que debutar en septiembre en Garibaldi y trabaja de manera ocasional con las Estrellas de Jalisco. "Cuando no tengo otra opcin, pues me voy a la maroma".


"La vida que a m me ha dejado ser mariachi, pese a los malos ratos, a los muuuy malos ratos, es la mejor vida que pude tener. Aun con todo lo que ha significado, quiero seguir en esto".

Por qu? "No se puede describir, es el amor por lo que haces, es cuando estoy cantando y siento que la sangre me corre, es un placer extrao, como un palpitar, y es cuando dices esto quiero ser, soy mujer, soy mexicana y soy mariachi".

Todos los jueves el grupo de Mariachi Femenil Estrellas de Jalisco ensaya en uno de los pequeos departamentos que circundan la Plaza Garibaldi, en las calles de Honduras y San Camilito. Estas viviendas hacen de dormitorio, vestidor y saln de ensayo de muchos de los msicos de Garibaldi.

A diferencia de Las Alazanas, a las Estrellas las convoc a reunirse un hombre. El jaliciense Jos Luis Bernardo es quien dirige el conjunto. "Es atractivo, es algo diferente, llama la atencin, a la gente le gusta", me dijo en el departamento en el que ensayan.

El grupo trabaja gracias a los acuerdos que l hace por telfono, con clientes que las conocen por el reparto de tarjetas, la seccin amarilla e internet. No en la Plaza. Le pregunt por qu no trabajaban all. Me dijo que, por un lado, estaban las propias reglas del funcionamiento de Garibaldi. Para tocar y ofrecer sus servicios all, los msicos deben ser miembros de la Unin Mexicana de Mariachis y contar con una credencial que lo acredite; para obtenerla es necesario ser hijo (o hija en este caso) de un mariachi miembro de la Unin. Tambin porque "los compaeros mariachis ven como que ellas no caben en la Plaza y por motivos tambin familiares, por los esposos o porque ya tarde llega mucho borracho a la Plaza".

El espacio donde ensayan las Estrellas de Jalisco es pequeo, de techo bajo. Un poco de luz se colaba apenas por la ventana estrecha. El piso es de cemento, en una mesa haba una grabadora y cintas desordenadas de mariachis y solistas de msica ranchera. Un Sagrado Corazn pareca observar la escena. Hay dos camas individuales y un colgador del que penden los trajes.

Ensayaban de pie, como tocan en todas sus presentaciones. Se concentraban, miraban atentas, respiraban profundo buscando el tiempo y la nota adecuada para la ejecucin. Ninguna ha estudiado msica en la escuela, sino con maestros particulares, pero todas encuentran el perfeccionamiento musical como una de sus prioridades.

Ellas tienen entre 19 y 36 aos de edad. Ecatepec, Chalco, Nezahualcyotl, Santa Marta, son los lugares donde viven, todos en la zona conurbada de la ciudad y mnimo a una hora de distancia de Garibaldi. Casi todas provienen de familias humildes.

Esa tarde, Sandra, guitarrn del grupo, se despidi por un tiempo. No sabe cunto. Estaba por irse a Cancn con su instrumento y dos trajes "de charra". Iba de vacaciones "y a ver si sale chambita". Desde los ocho aos su padre le ense a tocar el guitarrn, y a los 10 debut con Las Alazanas. Tiene 21 aos y es madre soltera de un nio de tres.

Dijo de s misma que es la "loquita" del grupo y que es madre soltera porque mejor sola que mal acompaada. "Nosotras sabemos ser mujeres de valor y salir adelante, no tenemos que estar con un hombre que no nos deje trabajar y nos quiera tener en la casa".

Las historias de las otras integrantes de las Estrellas son tan diversas como sus personalidades. Mientras que Guadalupe sufri la oposicin de su padre, pese a que su hermana Isabel ya le haba allanado el camino, Jocelyn, la ms joven y reservada del grupo de familia de mariachis y msicos sinfnicos, inici porque de nia la obligaron a estudiar violn.

Artemisa es la cantante y la mayor del grupo. Seis aos de vivir en Estados Unidos le dieron una seguridad que las dems no tienen. Canta con garbo, aun en pantalones de mezclilla. El "cucurrucuc" de "Paloma herida" le exige en el falsete, cierra los ojos y se toca el pecho. Ella tambin fue rebelde, "el negrito en el arroz". Dice que si su familia la hubiera apoyado, sera soprano. "S, me siento frustrada por no haber podido realizar ese sueo". En Estados Unidos trabaj como cantante de ranchero. No puede olvidar cmo en un bar de Atlanta le pagaron la cancin ms cara de su carrera. "Eran unos burreros de Guerrero, me encaonaron para que cantara El rengo del gallo giro'. Me dieron mil dlares por cantar esa cancin tan fea", dijo. Tiene una hija de 12 aos a la que no le gusta el trabajo de su madre. Cuando la nia era chiquita le tapaba la boca para que ya no cantara. "Creo que lo relacionaba con que yo me iba". Adems de cantar, Artemisa es jinete de alta escuela y locutora de radio. Anhela llegar lejos, grabar con una disquera importante. "sta es una pasin que yo creo que se va a morir conmigo. Y sera muy feliz si me muriera cantando arriba de un escenario".

El ensayo lleg a su fin y, mientras guardaban los instrumentos, bromeaban y hablaban sobre los trabajos que habra el fin de semana. Vania y Guadalupe no paraban de rer,  son, definitivamente, el ala relajada del conjunto. Aun as, Vania se cohibi con la entrevista, casi en un susurro me dijo que amaba el violn porque le permite expresar lo que siente. "Es dulce y delicado. Es como una mujer, es como yo". Ella tiene tres hijos y ha aprendido a organizarse "como todas las mams que trabajan".

Casi todas las Estrellas tienen pareja y aunque sus maridos las apoyan lo que quiere decir que no se oponen a que ellas se dediquen al mariachi las tareas domsticas y relacionadas con los hijos corren por su cuenta. "La semana pasada lav 16 camisas, entre las suyas y las mas", dijo Vania, sin tono de reproche. Tambin hay celos y roces por las horas a las que llegan. Y las abuelas siguen teniendo un papel protagnico. Es gracias a ellas que pueden trabajar por las noches.

Vania est convencida de educar a sus hijos con nuevos modelos: "Necesitamos hacer lo que nos gusta y que los hijos aprendan a sentirse orgullosos de nosotras, de que somos mujeres que trabajamos, que estudiamos".

Lleg el fin de semana y con l las presentaciones de las Estrellas de Jalisco. Se reunieron nuevamente en el departamento de San Camilito, que esta vez hizo de camerino. A toda prisa las mariachis iniciaron el ritual de vestirse de charras. El traje consta de una falda larga y entallada que lleva en los costados adornos de metal conocidos como "botonadura".  Algunos tienen grabada la Virgen de Guadalupe o el Calendario Azteca. Tambin hay caballos, sombreros y herraduras. Hay quienes dicen que deben llevarse 32 botonaduras a cada lado, pues representan los estados de la Repblica Mexicana. Camisa, chaleco, chaqueta corta con bordados y botonadura, moo al cuello, botines y, cada vez menos, sombrero. No deben faltar las flores o adornos en el pelo y las pestaas?: lo ms largas que se pueda. Los trajes se fabrican a la medida por sastres que tienen sus locales en Garibaldi. Las telas que ms se utilizan son grano de plvora y tricotina. Un traje con todo y botonadura cuesta alrededor de tres mil pesos.

Sandra, que deja ver un tatuaje en la pantorrilla, dijo que portar el traje significa dedicacin, esfuerzo y estudio. Tambin es fuente de respeto. "Aqu en Garibaldi hay mucho vicioso, mucho ratero, pero te ven vestida de mariachi y es como si trajeras un traje de polica. Siento que valgo ms de charra que de civil". Como a muchas jvenes de su edad, le gustan los cortes despeinados, los tatuajes y las perforaciones. Ahora se ha retirado varios piercings y se est dejando crecer el cabello porque "con el traje bien puesto representamos a nuestro pas, el orgullo de ser mexicanos".

A la carrera, las largas faldas color hueso ocuparon el lugar de los jeans, las chamarras y sudaderas se guardaron en las maletas y las chaquetas bien planchadas tomaron su lugar. Los cierres de las botas suban y los comentarios sobre la limpieza y la calidad de los zapatos se dejaban or. "Gstenle!", exigi en broma la ms elegante a sus compaeras. Ella calzaba unos preciosos botines color camello, de gamuza natural.
Faltaba el moo, que ya viene hecho, con un resorte para sostenerlo en torno al cuello. Alguna pregunt por la plancha, pues lav su moo de madrugada y an no terminaba de secarse. El pelo y el maquillaje tomaron su tiempo. Se turnaban el pequeo espejo que penda sobre el lavabo. Las impacientes sacaban el de bolsillo, las que no se apuraron lo suficiente terminaron de maquillarse en el camino.


Lleg la hora de partir y cada quien tom su instrumento. Bajaron una por una por la estrecha escalera del edificio de San Camilito. Pareca como si las prisas fueran parte de la rutina.

Ya en la camioneta,  iniciaron el viaje hasta la colonia San Juan Ixtacala, en Tlalnepantla, Estado de Mxico. Terminaban de maquillarse y conversaban. Jocelyn hojeaba una revista para muchachas de veintitantos.

Llegaron al lugar con unos minutos de anticipacin. En medio de la llovizna afinaron sus instrumentos, pusieron brea en los arcos de los violines. Guadalupe y Vania en un instante ya tenan entre las manos un vaso con patas de pollo en salsa que comieron aprisa, cuidando de no manchar su traje.

Cuando las contratan, no saben a qu tipo de fiesta las han invitado. Hay bodas multitudinarias y cumpleaos con seis asistentes. Hay quienes les ofrecen de comer y beber, y quienes no dan "ni un vaso de agua". Al llegar deben percibir el nimo que reina y adaptarse.

La puerta de la casa se abri, y a la cuenta de Jos Luis se arrancaron con "Las maanitas". Padre e hija festejaban sus cumpleaos. Era una reunin pequea pero todos cantaban y a veces bailaban.

A los pocos minutos de comenzar a tocar, empezaron los chistes, los pasos de baile, el cotorreo con los festejados. El cumpleaero pidi "El Rey", y el mariachi, bromeando, toc el principio de "El rey de chocolate", de Cri-Cri. Los chistes giraban en torno a los nombres de las canciones asociados con la fidelidad, los celos, las preferencias sexuales, todo con un doble sentido no muy subido de tono.

Es la onda expansiva de "El Mariachi Loco". Guadalupe dijo que esta nueva modalidad, ms cercana al show, "son los clientes los que la van pidiendo".  Hace apenas unos cinco aos que empez a usarse y permite, por ejemplo, que "Caminos de Michoacn" se convierta en un reggaeton a ritmo de trompeta. "Hay clientes matamariachis, as les decimos a los que no nos dejan ni respirar, y ya exigen la siguiente cancin, a los que se molestan cuando no nos sabemos alguna", dijo Guadalupe.

Transcurrieron las dos horas solicitadas. La seora de la casa coment que ya haba contratado mariachis, "pero esta vez quise algo diferente, por eso traje mujeres". Se le vea contenta, y entreg a Jos Luis los 5 600 pesos pactados.

Nada ms se cerr la puerta de la camioneta, los celulares salieron de los bolsos. Hubo un momento de silencio e iniciaron las conversaciones, principalmente con los hijos. Luz, vihuela del grupo, sostuvo una larga pltica con su hija de dos aos en la que la nia le preguntaba si ella tambin estaba viendo la Luna.

Alejandra, cuarto violn, comparti con sus compaeras una grabacin de su telfono: era su hija cantando "Espejito", de Chayito Valdez. A ella le gustara, en el futuro, "tener un mariachi familiar, con mi esposo y con mi hija".

Ese sbado, las Estrellas no tuvieron ms compromisos. La camioneta se estacion de nuevo en San Camilito, cada una de las mariachis recibi apresurada los 500 pesos que les corresponda en partes iguales y abonaron algo a Jos Luis para los trajes nuevos que piensan confeccionar. Es difcil cuantificar el ingreso de un mariachi. "Depende de la suerte", dijo Jos Luis. Pero una vez que se ha consolidado, es posible que los mariachis femeniles logren mejores ingresos, pues despiertan mayor inters que los mariachis masculinos y son muy pocos.

Jocelyn, que viaj callada casi todo el trayecto, se dio tiempo de encender un cigarro delgadito. Mir a la calle con su cara de nia. Quiz pens en lo que, me dijo, es uno de sus sueos para el futuro: presentarse en un gran escenario en Estados Unidos, tocando con un buen mariachi de mujeres, como el Mujer 2000, o el Reyna de los ngeles.

No hay padre, novio o marido a quien Nancy deba informar dnde va o de dnde viene. Es fuerte, cuadradita, y cuando no lleva el traje de mariachi usa gorra de beisbolista. Tiene 26 aos y  trabaja en la Plaza Garibaldi en "la maroma". Aprecia su independencia y le conmueve repasar su propia historia.

Lunes y martes canta a los parranderos empedernidos en un bar de Garibaldi. De viernes a domingo se pone el moo blanco y sale a la plaza con su guitarra, a esperar que un grupo incompleto la invite a tocar.

Me dijo que en Garibaldi debe haber unos 700 msicos que se dedican a la "maroma". Mujeres, "no ms de 20".

En esta modalidad de trabajo hay das buenos y otros en los que pasan hasta cinco horas sin que la convoquen. Durante la espera se ofrece a cantar "por pieza", con algn mariachi que la acompae. No est establecido, pero la mayora de los grupos paga lo menos 250 pesos por hora a cada elemento.

Desde muy nia supo que la msica era lo suyo, pero su familia no tena posibilidades de enviarla a una escuela de msica. A los seis aos empez a cantar y a los 10, a tocar la guitarra. Los cancioneros, el radio y la televisin fueron sus primeros maestros.

Cuando tena 14 aos empez a cantar en los camiones, primero por gusto. Despus, el abandono de su madre y la consecuente necesidad de tener un ingreso la empujaron a seguir.

Lleg a Garibaldi por azar. La invitaron a cantar en un restaurante y poco a poco en algunos grupos. Despus descubri que tena un familiar mariachi y pudo tramitar un permiso para tocar en la plaza. Pronto obtendr su credencial y desde hace un ao estudia guitarra clsica en la Escuela de Iniciacin Artstica de Bellas Artes.

No tiene horario. Hay das que empieza a trabajar a la una de la tarde y termina a las tres o cuatro de la maana. Entonces llega caminando a un pequeo departamento que renta en la calle de Honduras. Aunque no ha abandonado por completo la casa familiar en Ecatepec, ste es su lugar. Aqu llega desvelada por las noches y sale recin baada rumbo a la escuela.

Nancy disfruta ser la duea de su vida. "Soy muy libre, yo decido con quin trabajo. No tengo pareja, pero no me quejo de estar sola. A veces me gusta mi soledad."

Cuando habla de lo que desea para el futuro recorre su historia de carencias: tener una casa propia, terminar su formacin acadmica, tener una pareja mariachi de preferencia "para compartir las pasiones" y darle a otros lo que ella no tuvo, educacin musical a "nios que tienen el talento, pero no posibilidades".

Al terminar la conversacin Nancy suspir profundamente y guard silencio. Despus de soltar el aire despacito me mir a los ojos y con una sonrisa remat: "Dnde consigo una grabadorcita de sas?... Est buena la terapia".

Las mujeres mariachis enfrentan dificultades dentro y fuera de casa. Es el amor a la msica, al mariachi y la voluntad de dedicarse a lo que les gusta (y lograr que quienes las rodean acepten esa decisin), lo que las mueve a tomar sus instrumentos, vestir con gallarda el traje y seguir deseando consolidar un proyecto femenil.

Algunas de ellas recuerdan con mucha nostalgia a Las Alazanas. "Si se pudiera otra vez, yo sera la primera en estar ah", dijo Raquel Jurez, fundadora junto con sus hermanas de aquel grupo. "Ya nos hemos acostumbrado a trabajar solas, pero me gustara volver a empezar con un grupo de mujeres", dijo Rosario, que se dedica a la "maroma" y que fue tambin parte de Las Alazanas.

Se sienten cmodas de trabajar entre mujeres. "Nos hablamos, nos pedimos ayuda, y hay confianza por si hay algn problema", dijo Vania.

Saben muy bien que requieren  consolidar su preparacin "para que no nos achiquen musicalmente".

Necesitan que en la casa "se vuelva ms parejo". "Los hombres tambin son hijos y padres de familia, pero no tienen las mismas responsabilidades", dijo Nancy. No hay un solo mariachi que salga corriendo de la Plaza porque tiene que recoger a sus hijos de casa de la abuela. Ellas s.

Estas mujeres estn intentando torcer la tradicin. Por ahora lo que exigen es respeto. Isabel lo dijo en una frase: "No s si se puede, pero una de mis prioridades es lograr que en Garibaldi la mujer mariachi sea respetada". \\

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