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ACTUALIZADO 2010-12-27 16:51:37 AT
La cueva de Montesinos
Emiliano Ruiz Parra
REPORTERO
La influencia de Diego Rivera en los muros de Sevilla
2010-12-27 16:51:37


SEVILLA.- Verónica Werckmeister se emociona cuando sabe que habla con un mexicano. De inmediato refiere su admiración por Diego Rivera y José Clemente Orozco. Nacida en los Estados Unidos, pero de origen español y con sangra alemana, Verónica confiesa su “debilidad” por Rivera, de quien conoce en vivo “El hombre y la máquina”, del museo de bellas artes de Detroit. “Quiero ir a México a conocer a Orozco y a (David Alfaro) Siqueiros”, dice.

Ella desciende los 10 metros que la separan del suelo en unos cuantos segundos a través de un andamio hidráulico (no puedo evitar pensar cuántos pintores habrían salvado la vida en otras épocas de haber gozado de una grúa de estas características). Aun en movimiento retoca el vestido de la “bailaora” que pinta en el muro de un edificio del polígono de San Pablo en Sevilla, la capital de Andalucía. Al lado de su “mujer fenomenal” deja el fragmento de un poema de la afroamericana Angela Mayou:



Now you understand

Just why my head's not bowed.

...It's in the click of my heels,

The bend of my hair,

the palm of my hand,

The need of my care,

'Cause I'm a woman

Phenomenally.

Phenomenal woman,

That's me.

Su mural forma parte de “Arte para todos”, un proyecto auspiciado por Naciones Unidas y el Ayuntamiento de Sevilla para pintar 43 muros de un barrio de edificios de multifamiliares que colinda con la estación de trenes. Los autores son, todos, pintores profesionales, ya de caballete, como el peruano Luis López, ya formados en la pintada ilegal de paredes, como el español Lalone, o bien afamados en el circuito del mural contemporáneo como El Niño de las Pinturas o John Sarantitis. La idea, explica uno de los gestores del proyecto, Juan Antonio Jara, es llevar los objetivos del milenio de la ONU a las calles, y usar el arte como un pretexto para generar un cambio social.

“Ya hacía falta una nota de color al barrio”, comenta una vecina mientras mira el cuadro que pinta Lalone en la fachada de la parroquia, en donde el personaje central es un niño negro. Eduardo Baquerizo, pintor cordobés radicado en Italia, cuenta que algunos vecinos, al principio, estaban reacios a que se pintaran sus paredes, pero cuando vieron las fachadas de sus vecinos transformarse con los aerosoles o pinceles profesionales, pidieron ser incluidos en la pintada. A Baquerizo le toca dar color a la esquina de una calle que se llama Agua, por lo que pinta un acuario. Verónica, que se formó en la pinta de murales con las comunidades de chicanos en Los Angeles, recalca que la hechura de los murales debe ir codo con codo con la comunidad y crear un diálogo con los vecinos. Por eso deja un cuaderno junto al andamio para recibir comentarios. Uno le pide: “subtítulos”. El otro confiesa: “lo estoy flipando”.

El caballetista Luis López también se dice admirador de los muralistas mexicanos, además de amigo de José Luis Cuevas y de Héctor Duarte, el muralista michoacano que se formó en el taller de Siqueiros. Su mural, dice, apuesta por la fusión entre el hombre y otras formas de vida.

Los pintores bajan de los andamios, limpian las brochas. Algunos ya han terminado para el jueves 7 de septiembre. Otros terminarán mañana. Por lo pronto, algunos de ellos se dan una escapada a ver a las bailaoras de flamenco sevillano, como aquella que pinta Verónica junto a los versos de una poeta negra, feminista, que, junto con los muralistas mexicanos, ha dejado su huella en las calles de Sevilla.



La Luis Lpez, peruano radicado en Chile, a punto de terminar su muro.

 
 
   
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