Martes 30 de septiembre de 2014 
SGUENOS:
BLOGS
ACTUALIZADO 2011-10-08 13:16:30 AT
Cabeza de borrador
Pvel Granados
ESCRITOR
Dos novelistas frente al lago
2011-10-08 13:16:30


Hace unos minutos todavía escuchábamos el sonido del arpa, amenizando los últimos momentos del coctel que el gobierno de Veracruz ofreció a los invitados al Hay Festival. Estaban Jordi Soler, Michael Nyman, Toño Lazcano, José Homero, Elena Poniatowska, Rodrigo Rey Rosa, Santiago Rocangoglio, Brian Nissen y Montserrat Pecannins, entre muchos otros. Como en una película de los años cuarenta, en el lobby del restaurante Remé, justo enfrente del tercer lago de la ciudad, absorto en su caballito de mezcal y con un cigarro en la mano, Martin Amis parecía el típico escritor misántropo. Sin embargo, dedicaba amplias sonrisas a los lectores que se le acercaban todavía hasta la medianoche para pedirle un autógrafo. Ésa fue la actitud que mantuvo durante su conversación en la Casa del Lago, durante la tarde de hoy. Quizás lo más llamativo de su presencia es la mirada aguda con la que acompañaba sus palabras, unas palabras llenas de duda sobre la siguiente generación: "La pornografía es la separación del amor y del sexo". La pornografía es una pedagogía porque sustituye la educación familiar. ¿Será esto lo que determina a los jóvenes de hoy? En todo caso, lo que más sorprende al novelista inglés es la aceptación natural de las mujeres al tema de la pornografía. Una falta de prejuicio ante la separación total del amor y del sexo. Cada uno ha tomado su camino.

Como muchos ensayistas ingleses, su forma de hablar es una divagación que parece que sabe a donde va con muchísima precisión. Sin embargo, lejos de parecer un plan escrupulosamente preconcebido, su conversación semejaba más bien una especie de diálogo consigo mismo. Me pareció que su forma de mirar la literatura es la de un escritor que comienza con perplejidad el camino de la creación. Por eso, su opinión de que la novela utiliza también los recursos del ensayo. Amis empieza el camino de la creación sin saber demasiado de su propia novela. Muchas veces ha comenzado a leer el inicio de un texto cuando ya está terminado sólo para darse cuenta de lo poco que sabía de su propia obra al comenzar a escribirla. Crear es conocer. Pensé entonces que "crear" y "descubrir", en la literatura, no son operaciones simultáneas. Quizás los terrenos estéticos que descubre la literatura son creaciones de un artista. Como sea, crear es un acto doloroso. Y Amis afirma: "Si es doloroso, es muy probable que el resultado sea malo. Y si es placentero, también, con toda seguridad, será malo." Sólo la combinación de dolor y placer en la creación puede garantizar que el arte tenga un resultado satisfactorio. ¿De qué otra manera podría ser bello el arte si no excita la emoción del artista?

Claro que estoy mezclando mis palabras con las de Amis, pero sólo se debe a que no tengo claro qué decía él y qué reflexionaba yo. Y eso fue precisamente lo que volvía apasionante su conversación: su capacidad para mezclar su experiencia personal con su literatura. Como el momento en que habló de Jane Austin, una autora de la que frecuentemente habla con sus alumnos de literatura: "No te fijes en lo que dice el personaje", les dice, "fíjate en lo que dice Jane Austin". ¿Pero cómo se puede pasar esa barrera de la novela y llegar a saber lo que piensa un autor? ¿Se trata de un novelista que considera como una limitación las frecuentes divisiones entre vida y obra que acostumbra la academia? Sí, de eso se trata. Y eso fue lo más atractivo de escuchar a Amis: oír al novelista que compartía su experiencia en el arte, lo cual no es distinto de su experiencia en la vida, pues habló del paso del tiempo: "Durante los primeros cuarenta años de la vida, uno se la pasa diciéndole hola, y durante los siguientes cuarenta, uno se la pasa diciéndole: adiós... pero también es resonante".

"Un escritor muere dos veces, porque antes de morir ve morir sus capacidades creativas". Con esta idea, Amis terminó su charla: con el recuento de los escritores que al final de su vida pierden el oído, la musicalidad de la prosa, la capacidad de construir escenas convincentes. Y apenas unas horas más tarde, en ese mismo espacio, frente al lago, se presentó Elena Poniatowska, la refutación de las últimas palabras de Amis.

Desde temprano, las autoridades del gobierno y de la Universidad estaban preocupadas porque ya estaban agotadas las entradas para escuchar a la autora de La noche de Tlatelolco. A las nueve de la noche había más de 800 personas esperándola. Y apenas subió Elena al escenario, se escucharon unos prolongados aplausos. Elena y sus entrevistados. Elena y el 2 de octubre. Elena y López Obrador. Elena y su tía Pita. Elena y la ciudad de México. Elena y sus recuerdos del periodismo de los años 50. Cada anécdota fue celebrada por el auditorio con risas y con aplausos. Y ya sé que esto es lo más previsible y falso de cualquier crónica. ¿Pero será que Elena Poniatowska es un fenómeno extraliterario? ¿un fenómeno que excede a sus textos? Afortunadamente, sí: porque Elena es también la suerte de escucharla, la suerte de oírla cuando le da vida a Rosario Castellanos, a Luis Buñuel, a Juan Rulfo, quien le decía: "¿Ves a esa señora que viene por allá? Me quiere chingar". Juan Rulfo era un desconfiado, un eterno rencoroso. Y Elena contó algunas de sus vivencias con el autor de Pedro Páramo. Con algunas pinceladas hizo los retratos de Pita Amor y su chino sobre la frente, de Luis Buñuel, a quien acompañaba a la cárcel de Lecumberri para visitar a Álvaro Mutis. Pero quizás la sustancia de la conversación de hoy fue su crónica del 3 de octubre de 1968, cuando visitó Tlatelolco y vio todavía los tanques militares sobre la plaza. Y escuchó a las personas que, en los teléfonos, decían: "Estoy todavía encerrado, pásame al niño". Es decir, las familias que vivieron la noche de la represión. Elena comenzó a reunir los testimonios de los testigos y sus familiares. Visitó a Oriana Fallaci y a los estudiantes presos, quienes le dieron sus testimonios y le hicieron llegar sus textos, rigurosamente inéditos porque la censura impedía cualquier publicación. Elena trabajó el material reunido todavía sin pensar en publicarlo, hasta que un día, de visita en su casa, Neus Espresate vio todo el montón de papeles y le dijo que se lo iba a publicar.

Todavía en esta noche brumosa de Xalapa resonaban las palabras del día de ayer, cuando tanta gratitud hubo hacia editorial ERA por haber publicado a Sergio Pitol. Hoy, en el segundo día del Hay Festival, se volvió a reconocer el trabajo de Neus Espresate, la editora de ERA, la editora que hacía el milagro de multiplicar y publicar los buenos libros desde los años 60. Son las dos y veinte de la mañana y me gustaría saber si Elena Poniatowska ya terminó de firmar los libros a todos los admiradores que se formaron para platicar con ella frente al lago de Xalapa.

 
 
   
LO MÁS LEÍDO
Retrato de una leyenda del rock.
El encuentro improbable entre un Zeta y el pe...
Por qu Ren Favaloro, salvador de incalcula...
Una entrevista inusitada con Bertrand Gros, p...
Por Vera Rosemberg
COMUNIDAD
Copyright © 2010  -  www.gatopardo.com