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El día de Agustín Lara
2011-10-09 14:51:04


Agustín Lara, la Ilíada y la geografía literaria (y una opinión autorizada sobre la pornografía)

El sábado fue el día de Agustín Lara en el Hay Festival. Durante una hora, Darío Jaramillo Agudelo, Daniel Samper Pizano y yo estuvimos platicando con el escritor veracruzano Rodolfo Mendoza. Fue, sobre todo, una conversación que giró en torno al Lara literario. Así es que no pudo ser mejor la idea de invitar a estos autores.

Por un lado, Darío Jaramillo, ha escrito un libro indispensable, Poesía en la canción popular latinoamericana. La maravilla de este texto está en su habilidad para poner poemas y canciones como en caminos con espejos. Ya sabemos que hay pequeñas estrofas, joyas de la concreción, como ésta de Bécquer, que sintetizan la verdad del amor:

     ¿Quieres que conservemos una dulce
     memoria de este amor?
     Pues amémonos hoy mucho y mañana
     digámonos ¡adiós!

Hay una canción que no me gusta nada cuando la escucho con Javier Solís, pero que puesta en el contexto de la poesía castellana, me emocionó como cualquier poema de Pedro Salinas o de Luis Cernuda:

     Llévame si quieres hasta el fondo del dolor,
     hazlo como quieras, por maldad o por amor,
     pero esta vez quiero entregarme a ti en forma total,
     no con un beso nada más,
     quiero ser tuyo sea por bien o sea por mal.

De pronto, en el libro de Darío, uno se topa con palabras como las siguientes, que parecen de pronto un poema de Novo, o de Pellicer:

     Yo quisiera besarte de otro modo,
     entregarte un amor desconocido,
     yo quisiera besarte no sé cómo,
     y conocer por fin tu amor que es tan bonito.

Y resulta que son versos de José Alfredo Jiménez. No siempre, cuando a una canción se le despoja de la música puede quedar en pie para la lectura. Sin embargo, creo que frecuentemente, en Lara ocurre así, que quedan versos, imágenes, grandes momentos. Como aquellos dos que le gustaban a Juan José Arreola: "la sangre marchita que tiene el coral" (Palmera) y aquella imagen con la que Lara describía el cisne: "pálida flor del mal", un guiño a Baudelaire. Por eso recordé dos momentos de Lara que se encuentran en un par de canciones medio desconocidas de los años treinta:

     Yo sólo sé que nos ha consumido
     el fuego azul de la melancolía.

Y estos versos de Mía:

     Has llegado, mujer, a envenenarme
     de tal modo que si me besas te mueres.

Por otro lado, está Daniel Samper, que escribió junto con su esposa Pilar Tafur una espléndida novela en la que el personaje es Agustín Lara. En este caso es un personaje ausente, mítico, al cual se le evoca una vez que ya pasó su vida. Daniel y Pilar han viajado por Veracruz y lo han hecho como quienes viajan por una geografía sentimental, para conocer las referencias vitales de Lara. Antes que a Xalapa, llegaron a Tlacotalpan, y ayer en la tarde fueron al puerto a conocer la Casita Blanca de Lara. Samper habló del fenómeno que representa el bolero en América Latina: una unificación sentimental, una columna vertebral que une a Hispanoamérica. Por alguna razón, los españoles son malísimos para hacer telenovelas. Un género para el cual los latinoamericanos tenemos toda la proclividad del mundo.






Piezas de Montse Pecanins (esposa de Brian Nissen) sobre Agustín Lara.

En una divertida conversación con Mario Bellatín, Margo Glantz habló de otra geografía literaria, de su visita a La India. De la impresión de un país agobiante y fascinador. De su decisión de no contar nada de sus viajes, porque siempre alguien ha viajado antes a Australia, a Bolivia y a Japón. Y muchas veces, los demás son destructores de novedades. Siempre los otros dicen: "Claro, yo viví un año en Australia". Y así un escritor se queda sin herramientas para transmitir la sensación de la novedad. Jacobo Glantz, el padre de Margo, fue un judío que nació en Kiev, antes de la Revolución Soviética, y que llegó a México en los años 30. Viajar para ver, para descubrir, parece ser la herencia familiar en esta escritora, que la impulsa a viajar. Aunque otra parte de su personalidad literaria esté enclaustrada en su afición por las monjas novohispanas.

Más tarde, fue la comida ofrecida por el gobernador de Veracruz, en la que se anunció el compromiso de seguir adelante con el Hay Festival en Xalapa. Peter Florence, Director General del Festival, expresó su intención de mantener esta celebración en Xalapa. Anteriormente, el festival se organizó en Zacatecas, pero una vez que terminó el gobierno de Amalia García, se terminó el apoyo para continuarlo en la ciudad. Y es una lástima, porque en Xalapa se observa el mismo fenómeno que el editor Malcolm Otero Barral observó en Segovia, la ciudad en donde se celebra el Hay desde 2006. De pronto, esta pequeña ciudad se convirtió en un centro cosmopolita, lleno de gente que pagaba por ir a escuchar a Doris Lessing y a Enrique Vila-Matas. Eso mismo ha ocurrido por Xalapa, una ciudad universitaria que llena todos los eventos del Festival. El gobernador Javier Duarte se comprometió a que durante los siguientes cinco años seguirá apoyando la permanencia del Hay Festival en Xalapa.

Finalmente, el Teatro el Milagro presentó una lectura de la Ilíada de Alessandro Baricco, dirigida por Sergio Zurita. Como se sabe, el novelista italiano hizo originalmente una adaptación para radio del poema homérico: siete monólogos, siete personajes que dan su visión de los últimos días del asedio a Troya. Fue una lectura dispar. No entiendo bien la intención del director de presentar el estilo homérico desde un punto de vista "desenfadado", conversado. Pero una conversación que hace perder todo el sentido a la intención literaria de Baricco. Un sonsonete "dramático", una separación entre el sentido de las palabras y la lectura, ademanes de declamador que no sabe bien qué es lo que está leyendo, manoteos que parecía que habían quedado superados hace décadas. Al intentar convertir el estilo homérico en algo coloquial, sólo convirtió los aciertos literarios del texto en momentos ridículo. Y quedó, sobre todo, la frustrante sensación de que los actores no saben leer en voz alta.

Bueno, eso fue la mitad de la lectura. La otra mitad fue el magnífico trabajo de Diego Luna, Andrés Montiel y Jaime López. En los tres era notorio su impecable trabajo con el texto, su lectura en la que daban el peso preciso a cada una de las ideas. Un dramatismo sumamente efectivo. En el caso de Andrés Montiel, una abarcadora comprensión del personaje de Héctor, del más poético de las sombras que narran su paso por  La Ilíada. En Diego Luna vislumbré lo que quizás quería ser la obra: la reencarnación de los antiguos personajes en hombres contemporáneos y palpables. Y Jaime López, con una intensidad notable, representó al aedo, el poeta que una vez que todo ha muerto, canta el derrumbe de la ciudad. Y se la canta a Ulises, quien oye mientras llora, los últimos momentos de Troya. Y eso fue lo que impidió el derrumbe estético de una lectura en voz alta.

Martin Amis habló ayer de la pornografía, habló de su aceptación y de su función cada vez más desprejuiciada en la vida contemporánea. Y hoy, Brian Nissen me obsequió su fascinante y pornográfico Voluptuario, prologado por Carlos Fuentes:

"La pornografía es, literalmente, la descripción de nuestro libertinaje, que a su vez es la libertad practicada por los desenfrenados o por los esclavos puestos en libertad. Es, en todo caso, una manera de desencadenarse, una sexualidad prometeica".

Éstas son las impresiones desperdigadas del tercer día de un Festival tan inmenso que es imposible de engarzar en una narración.

 
 
   
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