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ACTUALIZADO 2011-11-24 23:52:11 AT
Otros viajes
Enrique Escalona
REPORTERO Y GUIONISTA
El hostal Auschwitz
2011-11-24 23:52:11


Tenía 25 años, llevaba meses viajando y no veía cuándo parar. Trabajaba en lo que fuera para seguir adelante, -como mesero, lavando trastes y hasta disfrazado de revolucionario para un restaurante de comida mexicana en Praga-. Cuando juntaba algo de dinero saltaba a otro país y volvía a empezar, con menor o mayor fortuna, pero siempre con buenas experiencias.

Así fue como llegué a Atenas, aprovechando un vuelo baratísimo desde Budapest que me permitió atravesar los Balcanes y salir del paisaje medieval del centro de Europa rumbo al seductor Mediterráneo griego.

En el vuelo conocí a un par de italianos que me hablaron de un hostal barato (del que les habían contado) y relativamente cercano a todos los atractivos de Atenas. Al llegar a la capital griega subimos al metro y me dejé guiar por ellos hasta el barrio de Pangrati, que encontré hermoso con sus parques, cafeterías y pequeños locales de comida.

Tocamos la puerta de una casa sin letrero y nos abrió una chica hermosa, alta, de cabello negro, cuerpo perfecto, parecida a Angel Dark, la actriz porno. Ella nos pidió con señas esperar en el patio. Al parecer no hablaba otra cosa que su idioma, -que después supimos era el checo-. Adentro parecía el dormitorio de un reformatorio hippie, con paredes llenas de publicidad sobre fiestas y recados; un jardín abandonado y cuartos llenos de literas. Por todas partes había jóvenes tomando cerveza o buscando un espacio para colgar su ropa húmeda.

Habríamos salido corriendo si no fuera por el inmenso letrero que decía "Beds for 3 000 drachmas", ¡unos 150 pesos mexicanos por noche! Era justo lo que podíamos pagar y a los tres nos gustó la chica checa, así que decidimos quedarnos.

Del fondo del pasillo apareció un griego gigantesco, barbón y gordo, que me recordó de inmediato al cantante Demis Roussos. Se presentó como Yannis. Nos vio de arriba a abajo, gritando: ¿español, italiano, portugués! Dijimos italiano porque yo era minoría, y a gritos nos dio las reglas del lugar: "nada de ruido, cero escándalo, no drogas", y, sobre todo, indicó la compleja lista de cargos extra que nunca comprendimos del todo, porque una sábana costaba, el agua caliente también, una almohada igualmente. Había que comprar fichas para la lavadora y para usar el refrigerador se requerían unas monedas.

Más como militar que como recepcionista, Yannis nos pidió depósitos para entregarnos las sábanas y nos instaló en un enorme cuarto lleno de literas, anotando el número pintado a mano que cada sábana tenía. Alguien que leía en una de las 12 camas nos dijos: "Welcome to Auschwitz".

Claro que visité todos esos lugares de postal en Atenas, el Partenón, los museos, el puerto de Pireo... Pero lo que realmente extraño son las caminatas desde el hostal por un laberinto de calles tapizadas de hojas secas, guiado por el Partenón que aparecía entre los edificios; la increíble comida de los restaurantes baratos de la zona, donde los griegos pasaban horas conversando y raramente un turista aparecía, y las salidas nocturnas para comprar cerveza y beberla en la azotea de "Auschwitz", junto a viajeros que teníamos sólo algo en común: deseábamos escapar de algo.

Si alguna vez regreso a Atenas quisiera cerciorarme de que ese hostal realmente existió. No tengo su dirección pero sé que podría guiarme por los pequeños detalles que tanto amé en el barrio de Pangrati, como las paredes llenas de enredaderas o las rejas de una vieja mansión. Con suerte, otra Angel Dark me abrirá la puerta.

Nota: Si lo que quieren es leer un texto sobre el Auschwitz real y el turismo en él, entonces den clic aquí.

@lagiraffecom

@enricoescalona

 

 
 
   
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