Entre diciembre de 2010 y enero de 2011 platiqué con políticos del Estado de México para escribir el perfil del obispo de Ecatepec, Onésimo Cepeda Silva, quien estaba involucrado en un presunto fraude procesal por un pagaré de 130 millones de dólares (reportaje publicado en el número 119 de Gatopardo). Los políticos del PRD y el PAN se veían contentos. Estaban seguros de que irían en alianza electoral para las elecciones de gobernador en julio del 2011. Cuando un dirigente estatal del PAN me dijo la frase "yo vería bien a Alejandro Encinas como candidato" pensé que hablaba en serio. Encinas pertenece al equipo político de Andrés Manuel López Obrador. Hacerlo candidato de una alianza era prácticamente darle la gubernatura del estado más poblado y rico del país al lopezobradorismo. Dos políticos del PRD me contaron una historia similar: El candidato que se había propuesto originalmente para la alianza era Manuel Camacho Solís. Pero era poco conocido en el Estado de México y su residencia iba a ser muy difícil de explicar. Encinas era una opción aceptable para todos. Era lopezobradorista, pero también negociador y socialdemócrata. En el año 2000, Vicente Fox le había ofrecido la Secretaría del Medio Ambiente, que no aceptó. En 2006, como Jefe de Gobierno interino, había negociado el retiro del plantón de Reforma y el Zócalo a cambio de que Fox no diera el Grito el 15 de septiembre en la capital de la República. Encinas estaba hasta arriba en las encuestas entre los candidatos opositores. López Obrador, pensaban, no pondría objeciones.
El objetivo era cambiar el escenario político nacional. Desterrar la percepción de que Enrique Peña Nieto será inevitablemente el presidente de la República en 2012. Ni el PRD ni el PAN eran competitivos si iban solos. Si iban juntos tampoco tenían segura la gubernatura pero tendrían condiciones para dar la pelea. Si daban el campanazo y le quitaban la gubernatura, Peña Nieto ni siquiera tendría la seguridad de ser el candidato del PRI. Pero aun si la alianza perdía por un margen pequeño las condiciones no eran las mismas para Peña Nieto. El PAN y el PRD entraban nuevamente en un escenario electoral de tres tercios, similar al que ocurrió en 2006. Un equipo de perredistas acudió a las oficinas del PAN a redactar un programa político para la alianza. Me aseguraron que la candidatura de Encinas gozaba de la simpatía de los niveles más altos del panismo. El secretario particular del presidente Felipe Calderón, Luis Felipe Bravo Mena, renunció a su cargo para competir por la gubernatura del Estado de México y desde el primer momento manifestó su simpatía por la alianza opositora.
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Otra de las informaciones que recogí fue la cercanía de Onésimo Cepeda con el alcalde de Ecatepec, Eruviel Ávila. Los perredistas y panistas reconocían a Eruviel y lo veían como un candidato ideal de la alianza opositora. Eruviel gobernaba el municipio más poblado de la entidad –y del país entero—. No pertenecía a las familias del Grupo Atlacomulco. Venía de abajo: cobrador en un autobús, colocador de vidrios, abogado de la Unitec, doctor en Derecho de la UNAM, secretario del ayuntamiento, alcalde. Un perredista me contó las palabras que le dijo a Eruviel: "Tú nunca vas a ser candidato a gobernador con el PRI. Vente para acá para que seas candidato de la alianza". En el escenario político mexiquense se perfilaba que el favorito de Peña Nieto era Luis Videgaray, pero que el candidato del Grupo Atlacomulco era Alfredo del Mazo Maza, alcalde de Huixquilucan. Pero si la alianza reclutaba a Eruviel, se enfrentaba al dilema de que Encinas encabezaría entonces una coalición lopezobradorista con el PT y Convergencia, y nuevamente se partía el electorado en tres partes, cuando la única manera de ser competitivos era polarizando la elección entre la continuidad priista y la alternancia opositora.
Eruviel era secretario del ayuntamiento de Ecatepec cuando Onésimo llegó a la diócesis de ese municipio. Desde entonces trabaron amistad. Generoso, el alcalde de extracción humilde le pagaría años después las cuentas al obispo que presume haber sido socio de Carlos Slim en negocios bursátiles. El 24 de marzo de 2004, Eruviel pagó 24 mil pesos de su bolsillo al restaurante Arroyo, que ofreció el banquete del cumpleaños 67 del obispo. Eruviel gastó una cuarta parte de su sueldo de 95 mil pesos mensuales, pero igual le salió en una ganga, porque el famoso restaurante sirvió comida para 500 invitados –Norberto Rivera, Alfredo Harp Helú, los gobernadores Arturo Montiel y Manuel Ángel Núñez Soto entre ellos— con un costo de 48 pesos por persona incluyendo bebidas. "Nos pusimos de acuerdo para festejarle al señor obispo, y en este caso contribuimos únicamente con la comida, que fue pagada con recursos propios, fueron 24 mil pesos... el señor Chucho Arroyo nos hizo un buen descuento", dijo Ávila entonces al reportero Francisco Ortiz, de Reforma. Jorge Alcocer, quien fue fundador del PRD y ahora dirige la revista Voz y voto, escribió la semana pasada en Reforma que Onésimo Cepeda fue el que promovió la candidatura de Eruviel Ávila para gobernador. "Poca o nula atención ha merecido el activismo que por Eruviel habría desplegado el obispo de Ecatepec, Onésimo Cepeda, quien ha sido, dicen, actor y factor importante en las elecciones que para alcalde han tenido lugar desde su llegada a esa diócesis", escribió Alcocer el 29 de marzo pasado. Hace un mes, el obispo Cepeda estaba cerca de pisar la cárcel por un presunto fraude procesal –no se ha hecho público la resolución de los jueces, o si el prelado llegó a un arreglo extrajudicial con sus acusadores— y ahora aparece como una figura clave para que Eruviel obtuviera la candidatura del PRI al estado de México.
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Los tres principales partidos políticos revelaron su animadversión a la democracia interna. Los priistas resolvieron la candidatura de Eruviel en una cena en la casa de Enrique Peña Nieto. Como a los cónclaves vaticanos a los cuales "el que entra como papa sale como cardenal", Alfredo del Mazo entró a la reunión como candidato a gobernador y salió como alcalde de Huixquilucan. Repite la historia de su padre, favorito de la caballada en 1987, que vio sepultarse su carrera política cuando Carlos Salinas de Gortari fue elegido candidato del PRI. Ni una sola consulta a las bases, ni una encuesta, ni una reunión de dirigentes priistas hizo falta para escoger a Eruviel.
Los dos panistas que competían contra el ex secretario particular de Calderón declinaron sin competir. Ulises Ramírez y José Luis Durán le levantaron la mano a Bravo Mena sin mayores resistencias. El hombre del presidente Calderón se impuso sin más.
En el PRD el proceso ha sido más o menos el mismo. A fines de 2010, sin consultar con nadie, López Obrador nombró a Yeidkol Polevsky candidata de su movimiento a la gubernatura del Estado de México. Luego la desechó sin más cuando Encinas aceptó competir. A Encinas le levantó la mano Andrés Manuel, Marcelo Ebrard, Dolores Padierna y Jesús Zambrano. La actuación del PAN y el PRD es en esencia la misma del PRI: una élite elige al candidato sin mediar precampaña, consulta, elección interna. Se convocó a una consulta para avalar la alianza opositora y se le encargó a figuras imparciales, Sergio Aguayo entre ellos, sólo para ser ignorada a las 24 horas de que se anunciaron sus resultados. Hubo dedazo en el PRI, dedazo en el PAN y dedazo en el PRD. El priismo no es monopolio del PRI. A los electores se les da a elegir entre el original y las copias.
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Los promotores de la alianza opositora no se imaginaron que Andrés Manuel López Obrador decidió anticipar la batalla por la candidatura presidencial en 2012 y librarla en el Estado de México. Para los activistas de las coaliciones PAN-PRD, las elecciones en Oaxaca, Puebla y Sinaloa eran sólo el ensayo para el Estado de México. Si una alianza en la entidad de Peña Nieto era mínimamente exitosa los aliancistas afianzaban su posición: Marcelo Ebrard y los chuchos en el PRD, y Felipe Calderón en el PAN quedaban como ganadores. Y dejaba abierta la posibilidad para una alianza PRD-PAN a la presidencia en 2012.
Pero Andrés Manuel dijo no. Argumentó principios irreductibles contra cualquier asociación con el PAN. En realidad su antialiancismo es coyuntural. Estaba de acuerdo con una alianza opositora en 2000, tal como lo estaba Vicente Fox entonces, una posibilidad que se cayó porque ambos partidos querían que su candidato encabezara la fórmula. Su programa político tampoco era tan distinto al de Calderón. Su manifiesto para las elecciones de 2006, por ejemplo, incluía la participación de la inversión privada en la industria petrolera y la ampliación de atribuciones para que el Ejército combatiera al narcotráfico. Sus intereses son más concretos: en el escenario de una alianza exitosa López Obrador quedaba fuera porque él jamás será candidato del PAN (como sí podría llegar a serlo Ebrard).
La derrota de la alianza en el Estado de México pone a López Obrador como el más fuerte precandidato del PRD a la presidencia y desplaza a Ebrard, que no se quiso enfrentar al tabasqueño. También sepulta una posible alianza para la presidencia. Y en el camino se fue la posibilidad de Encinas de ser competitivo en la competencia por la gubernatura del estado más importante del país.
En el PAN, el foxismo y el Yunque se fortalecen con el aborto de la alianza. Fox insistió que el PAN no debería aliarse con el partido "peorcito" con el mezquino fin de vencer a otro partido. Se le olvidaron sus esfuerzos por ser candidato de la alianza en 2000 con el único objetivo de vencer al PRI. Se olvidó también que en 1994 negoció con Graco Ramírez ser candidato a senador del PRD. Aquella negociación se cayó cuando Diego Fernández de Cevallos arrolló en el debate a Cuauhtémoc Cárdenas. Hoy, el foxismo tiene a dos precandidatos presidenciales, Santiago Creel y Josefina Vázquez Mota, ésta última con mayor cercanía con el ala más conservadora de su partido. Por su parte, la paradoja de Calderón es que no tiene candidato. Al principio de sexenio impuso que los reflectores sólo le apuntaran a él y los precandidatos que están en su gabinete no despiertan ningún entusiasmo. Por eso llama a su partido a buscar afuera, entre ciudadanos sin partido, lo que él mismo obstruyó adentro: una figura capaz de competir contra el candidato que será al mismo tiempo del PRI, de Salinas y de los poderes metaconstitucionales.
A Peña Nieto le salieron bien las cosas. Aceptó que el poder saliera de la esfera familiar que representaba su primo Alfredo Del Mazo –pues su padre se llamaba Enrique Peña del Mazo— y se lo entregó a un político popular proveniente del Valle de México y no del Valle de Toluca. Sacrificó la herencia familiar en el Estado de México a cambio de asegurar la candidatura presidencial. López Obrador hizo algo similar: sacrificó la competitividad de su leal Encinas para ganar la batalla interna por la candidatura en 2012. Pero aún faltan tres meses para la elección de gobernador. Y en tres meses, lo sabemos, las elecciones en México pueden dar vuelcos inesperados.