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ACTUALIZADO 2011-05-14 16:42:24 AT
Levantar una piedra
Diego Enrique Osorno
REPORTERO
Mi love story
2011-05-14 16:42:24


(14 de 33)

Mi love story con De la Paz fue normal. Bonita la primera vez. Era un hombre manso. A mí nunca me pegó. Ni el último día de esa vez que estuvimos juntos. Lo curioso es que luego que nos calmamos las dos partes y regresamos, ya muchos años después, sí me llegó a golpear. Nomás cachetadas. Bueno, en una ocasión me quiso pegar con el puño cerrado pero se arrepintió. Le di lástima y sólo me dio de patadas, una de ellas cuando ya estaba tirada en el suelo. No estaba drogado el día que pasó eso. Estaba borracho. Me pegaba por celos, pero yo nunca di motivos. Drogado me golpeó una vez. Fue cuando lo fui a denunciar, el 16 de octubre del 2005. Esa fue la última vez que vi a De la Paz. Ya yo me fui después. No tenía caso. Y luego él también se fue de Ciudad Juárez. Pero a diferencia de él, cuando yo me fui me llevé en la panza a un niño de él. Al niño le puse Gael cuando nació. Sí, porque me gusta el actor, aunque como Gael nació el 12 de diciembre, estuve a punto de ponerle Guadalupe, como de hecho debió de haber sido. Supe que De la Paz se había ido a El Chaparral, Nuevo México, pero que en El Puente de El Paso lo habían detenido. Que luego de eso lo habían sentenciado como a siete años de prisión, nada más por la mentira. De la Paz se maneja muy bien con el inglés y se trató de hacer pasar por ciudadano de allá. Lo malo fue que lo descubrieron, y a los americanos no les gustan las bromas. Mucho menos las de los mexicanos. Estando en su cárcel me llegó a escribir unas cartas. Primero puras agresiones, puro reclamo de que por qué ya estaba yo casada con otro y cosas así, hasta que de repente las cartas dejaron de venir rabiosas. Ahora traían algo yo no sé si mejor o peor. Abrí una y leí. Era una película de terror. De la Paz decía que había declarado allá unos crímenes en los que había participado acá en Ciudad Juárez. Y que se sentía libre por eso. En esa misma carta comentaba que al parecer todo había iniciado en 1992, pero que él había empezado a participar hasta 1994. Que se había delatado a sí mismo a sabiendas de que si volvía a Ciudad Juárez iba a morirse. Que porque El Cala había dicho una vez que todos estaban entrados hasta la tumba con lo que habían hecho. Esa carta la quemé después de leerla, pero me acuerdo que De la Paz decía también que a lo mejor nadie iba a creerle. Que porque como siempre había andado en las drogas y al mismo tiempo siempre había sido una persona seria, no lo imaginarían capaz de hacer lo que él dice que sí hizo. Las otras cartas, las feas que me envió antes que esa, las quemé también. Sólo guardo tres, porque esas traen palabras medio bonitas para sus hijos, no para mí. No sé qué pasó, pero a diferencia de cuando lo conocí y tuvimos nuestra primera love story, De la Paz estaba muy distinto la segunda vez que nos encontramos. Como lo cuento, era muy agresivo y violento. A lo mejor por tanta droga. Sé que por un tiempo corto le había echado ganas para salir adelante de eso. Que estuvo en un centro de rehabilitación que está por la colonia La Cuesta. Ahí duró casi el año. Después lo llevaron al hospicio que queda por el kilómetro 27 de la carretera a Casas Grandes. En ese sitio De la Paz ya ni aguantó casi nada porque parece que era muy feo. Era como manicomio: todo el día había gritadera y ni siquiera daban la religión cristiana. Digo lo de la religión cristiana porque en las últimas fechas, antes de que estuviera detenido, lo noté más interesado en la religión. En las cartas -sobre todo en las medio bonitas- me decía que su conciencia estaba tranquila, y que ya Dios lo había perdonado por sus crímenes. No sé si De la Paz le llegó a confesar esto a otra persona, aparte de Dios y de mí. Yo creo que sí. Las cartas que me llegaban siempre venían cerradas con cinta adhesiva tape. Lo más seguro es que su hermana las abría y las leía antes de traérmelas, pero se hacía la que no. Claro que yo nunca le comenté a la autoridad nada de lo que me dijo De la Paz. Tenía miedo de que me pasara lo mismo que a las muchachas. Ya se sabe cómo pasa aquí con estas cosas si a alguien le da por andar contando. Y la verdad es que también primero pensé que eran mentiras lo que decía De la Paz. No sé, cosas de la misma droga. Esto que cuento ahorita, lo sé y me consta porque yo tuve una relación sentimental, y dos hijos con De la Paz. Pero hasta ahí. De lo demás no sé qué contar. De los otros dos que se mencionan en la historia menos. No sé mucho de ellos. Recuerdo a Édgar con una estatura de un metro sesenta y cinco centímetros, por decir algo. De complexión delgada, tez morena, pelo lacio y castaño, y de bigote ralo -no mucho-. Era de unos 18 años (también por decir algo). Sé que le vendían droga en la Maquiladora. Una vez estando yo a su lado le llevaron pastillas Roche. Y sé que cuando De la Paz no quería droga, Édgar le decía que cómo chingados no, que a huevo se tenía que tomar las pastillas. Y se las daba en las regaderas de la Maquiladora, a la fuerza. Édgar de por sí era muy agresivo con De la Paz. Eso que ni qué. Lo controlaba mucho y yo le llegué a reclamar a De la Paz por esto, pero él me decía que Édgar era su carnalito. Por esta situación tuvimos varios pleitos la primera vez que fuimos novios. El Cala era de una estatura aproximada de un metro sesenta. Tenía la complexión delgada. No recuerdo más ya que lo vi sólo en una ocasión y no lo volví a ver después, por suerte. De la Paz me decía que El Cala sí se drogaba más que ellos y que a veces despertaba sin alma. Eso a mí no me consta. Ni lo de la droga ni lo del alma. Lo que sí tengo muy claro aquí dentro de mi cabeza, es que tanto De la Paz, como Édgar y El Cala también trabajaron juntos en un Car Wash. Cuando De la Paz y yo tuvimos una nueva love story esta última vez, supe que Édgar estaba trabajando y viviendo ahora en Denver, porque la policía le seguía los pasos aquí, por eso de las muchachas muertas. Según supe, habían descubierto que Édgar estaba de sospechoso por ser el dueño de un carro blanco con vidrios polarizados al que las muchachas se subían para luego no aparecer nunca, o de plano aparecer como huesos regados en el desierto, como es que dicen que pasó -o que pasa- aquí en Ciudad Juárez, si uno ve las noticias de la televisión. Pero hasta ahí puedo contar. Yo no sé nada más. La mía fue otra historia con De la Paz. También con sus cosas buenas y sus cosas malas.



@diegoeosorno

 
 
   
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