El modelo de las modelos
Un cambio de ropa más: Elsa Benítez sale del vestidor y camina con clase y soltura hacia el set. Son varios los elementos que los presentes en la sesión de fotos pueden apreciar: primero, su altura, un metro con 80 centímetros, más lo que midan los tacones; después, las luces y los gajos de su imponente cabellera, los brazaletes brillantes y voluminosos, la blusa, el cinturón y las botas negras que llegan a la parte alta del muslo.
Detrás de la lente, la transformación es instantánea. Sus miradas son frontales o ladeadas, su cabello ondea, el dorso de la mano le sirve de apoyo: a un tiempo esconde un gesto; a un tiempo, lo revela. De pronto, todos aquellos elementos, del más sutil al más vistoso, se integran, como si formaran parte de Elsa, quien ahora, por indicación de Allan Fis, el fotógrafo, baila con la parte superior del cuerpo y sonríe.
La sesión concluye. Espero a Elsa en una pequeña sala, desde donde varios de los asistentes la hemos observado posar ante la cámara. A los pocos minutos, sale del camerino, vestida con blusa, jeans y botas, todo en negro, y se sienta en el sillón de al lado. Me presento y empiezo por comentar sobre el dominio de sí misma ante la lente. Le pregunto si es algo de lo que ella se percata o si ocurre de manera inconsciente.
—Me transformo, me lleno de emoción, lo disfruto. Sé que las fotos van a salir increíbles, y eso mismo lo proyecto —responde la supermodelo, nacida en 1977 en Hermosillo, Sonora, y que este mes se estrena como conductora del reality Mexico’s Next Top Model, producción de Sony Entertainment Television, el cual buscará entre 20 aspirantes a “la nueva top model” mexicana con el fin de proyectarla como un talento internacional.
El jurado está integrado por el propio Allan Fis, uno de los más destacados fotógrafos de moda en México, formado en la escuela Spéos en Francia y encargado de las imágenes que acompañan esta crónica; el director artístico Óscar Madrazo, fundador de la exitosa agencia Contempo, que ha catapultado a modelos como Ignacio Valentín, Luis Kelleman y Liliana Domínguez —actualmente imagen del diseñador Tom Ford—; el director de imagen Jo Lance, que ha tenido una participación notable en campañas, editoriales y programas de televisión relacionados con la moda en todo el mundo, y la ex modelo Glenda Reyna, quien desde los años ochenta despuntó debido a su presencia en pasarelas internacionales y en las campañas de las principales tiendas departamentales de México. Como juez invitado, estará el fotógrafo y ex modelo Nigel Barker, quien ha hecho las veces de jurado en el ya célebre America’s Next Top Model.
Benítez, desde luego, acapara la expectativa a propósito del show. Es el centro de los comentarios que desde hace semanas se escuchan en los programas de radio y televisión dedicados al mundo del espectáculo. También su rostro y su cuerpo vuelven a llenar las páginas de las revistas, y no sólo de aquellas concentradas en la moda.
Parece que ahora Elsa Benítez adquirirá fama en su país de origen. Aquellos que ni siquiera sabían que era “producto nacional”, que la descubrieron por accidente en la portada de alguna revista, en las instantáneas de los desfiles o como la más reciente imagen de Sears, podrán verla en acción y hasta podrán conocer su voz, con su característico acento norteño.
Es como el ansiado retorno de una hija prófuga, quien antes de probar suerte en el extranjero, ya había cosechado varios éxitos locales: tenía 15 años cuando fue contratada por la agencia sonorense Albertina Top Models, mientras que a los 16 fue la ganadora del certamen La Modelo del Año, organizado por Televisa, lo que le hizo trasladarse a la Ciudad de México.
—La Modelo del Año se realizó durante dos años más y después ya no se hizo nada parecido. En el caso de Mexico’s Next Top Model, no estamos hablando de un concurso de modelos sino de un reality bien organizado: las chicas van a estar en una casa y habrá muchas sorpresas. En México hay mucho talento, mucha belleza. Hay muchas jóvenes que son muy guapas y muy altas, pero no saben por dónde empezar. Lo que falta es que se les promueva y se les apoye para que puedan destacar.
Ahora, ante el desafío que le significa el paso del catwalk a la conducción ante las cámaras de tv, Elsa dice:
—Es algo que nunca he probado, pero tengo la confianza de que lo puedo hacer bien.
Aunque la serie mexicana aparece después de Brazil’s Next Top Model, pionera en Latinoamérica, y de la original America’s Next Top Model, desde un principio Benítez le dijo a su compañía que la condición para aparecer como conductora era ser ella misma y no actuar como nadie: ni como Fernanda Motta ni como Tyra Banks, ambas modelos que han llevado la conducción del reality.
La casa donde se alojan las contendientes se conoce como “top house” y está ubicada en Atizapán de Zaragoza, en el Estado de México. En la sala hay una pasarela y de uno de los muros laterales cuelgan tres retratos en blanco y negro de Elsa Benítez. También hay fotos suyas en marcos sobre mesas y libreros, y clavadas en las paredes, junto a las camas de algunas de las concursantes, tal vez como símbolo de admiración e inspiración. En una de las piezas se encuentra el “confesionario”, que consiste en un sillón ante una videocámara, y un área para registrar los testimoniales. Las llamadas telefónicas se hacen desde una recreación de cabina londinense, cercada por muros con dibujos de cables, tenis colgados y demás detalles característicos de la Ciudad de México.
En total son 20 jóvenes, provenientes de distintos puntos del país y cuyas edades oscilan entre 18 y 27 años. “Son chiquitas, van empezando”, dice Benítez, quien desde los 10 años comenzó a tomar clases de pasarela y creció viendo las imágenes de Linda Evangelista y Claudia Schiffer.
Lo que prácticamente le dio el banderazo rumbo a las pasarelas internacionales fue su triunfo en otro concurso, el The Look of the Year, celebrado en Costa Rica y organizado por la agencia neoyorquina Elite. Para cuando llegó a establecerse en la Gran Manzana, tenía 18 años y, como no hablaba inglés, se comunicaba por medio de un traductor.
En 1996, el fotógrafo Steven Meisel la seleccionó para aparecer en la portada de Vogue Italia, donde la modelo lleva el pelo lacio y luce un vestido rojo con lunares amarillos. Ése fue su primer trabajo, el cual hasta la hizo “llorar de la emoción”. Benítez representaba una imagen renovada de la mujer latina: por un lado, la frescura de un rostro diferente y la elegancia de un cuerpo espigado; por el otro, la cabellera castaña, los ojos avellanados y los labios carnosos le conferían un aire sofisticado, propio de diva de cine, a la manera de Sofía Loren o Gina Lollobrigida.
Elsa recuerda entonces que a su debut en revistas de moda siguió la campaña de Dolce & Gabbana y, con ella, su primera pasarela de alta costura. Aunque nadie lo notó, ella sentía que hasta las rodillas le temblaban:
—No me lo esperaba. Todo el mundo de la moda estaba ahí. Sentía la presión y los nervios, pero me repetía: “Esto es lo que quiero hacer… Dios, dame fuerza”. Al término del desfile, salí al escenario con Domenico de un lado y Stefano del otro.
Vogue Italia volvió a mostrarla en la tapa de las ediciones de agosto y septiembre de 1996. También fue portada de Vogue Estados Unidos, ELLE, Glamour, Mademoiselle, Harper’s Bazaar y Marie Claire. Poco a poco se presentó en más y más pasarelas y fue la imagen de un número considerable de campañas: Macy’s, Episode, I·N·C, J. Crew, Oscar de la Renta, Valentino y Jones New York, entre otras.
A la fecha, no importa lo que haga, los nervios persisten, lo que para ella es señal inequívoca de disfrute y autoafirmación: “El día que algo deja de emocionarte significa que ya no te gusta, que no es lo tuyo y no tienes que seguir ahí”. Tal vez el ámbito donde más ha tenido que lidiar con su timidez innata han sido los retratos en traje de baño y semidesnuda, como el que hizo para la edición 1999 del inquietante calendario Pirelli, titulada “La mujer en el tiempo” y en la que, fotografiadas por Herb Ritts, las modelos representan diferentes décadas. Benítez aparece en septiembre, como emblema de los años setenta: el torso desnudo, los senos a la vista, delineados por la marca del traje de baño, y el pelo lacio y voluminoso. Cierto: la mirada desafiante, la boca semiabierta, la dentadura blanca y perfecta, la hacen ver como una mezcla de la Loren y la Welch. Dos años después, sería la portada de la revista Sports Illustrated Swimsuit Collection y formaría parte de la pasarela de la firma de ropa íntima Victoria’s Secret.
—No fue fácil. Al principio, me negaba a hacerlo. Quieras o no, vengo de una familia muy conservadora. Con el tiempo, viviendo en Nueva York y viendo que éste es el mundo de la moda, cambié un poco mi manera de pensar, me hice más abierta.
Ante el proceso interior que le representa mostrar su cuerpo y dada la importancia que pone en el cuidado y la selección de las imágenes, se entiende que la modelo haya levantado cargos contra quien, en agosto del año pasado, le tomó fotos mientras se asoleaba desnuda en su casa de Miami. El argumento principal de la demanda es que, para lograr las fotos, debió tratarse de alguien que allanó la propiedad de Benítez.
En los foros de las páginas electrónicas que muestran dicha serie de imágenes, la gran mayoría de los participantes reprueba el hecho, sin que ello les impida admirar la belleza de Elsa. No está de más decir que, según un sondeo realizado por el portal AskMen.com, la top model se encuentra entre las 40 mujeres más deseadas del mundo.
***
A los 32 años de edad y madre de una niña de seis años, Elsa mantiene su peso en el límite de los 55 y los 56 kilogramos y, aunque ya no vive a base de “lechuga y yogurt” como llegó a hacerlo durante alguna etapa de su carrera, evita las carnes rojas, por ser difíciles de digerir, y prefiere las ensaladas, un trozo de pollo o de pescado, especialmente salmón, y frutas y sopas de vegetales. Dice que ahora cuida todavía más su alimentación, pues tiene que ser “el ejemplo” de las chicas que participan en el reality.
El ejercicio la ayuda no sólo a mantenerse en forma sino a liberar las tensiones del trabajo: no deja pasar una mañana sin ir al gimnasio, sin importar en qué parte del mundo se encuentre: París, Londres, Nueva York. También su carácter le ha sido de ayuda para mantenerse al margen de conflictos:
—De repente estás en un desfile y ves todo tipo de situaciones. No digo nombres, pero hay chicas que tienen un temperamento demasiado fuerte. Yo suelo quedarme aparte de todo eso. Le pregunto si en el medio del modelaje, existe la amistad entre mujeres.
—Estaba platicando con mi hermana de eso precisamente. Siempre me ha sido difícil tener amigas, tal vez por lo que hago, por mi carrera. La mayoría de mis amigos son hombres. Y éste es un medio muy competido.
Y, en estos términos, ¿cómo se mantiene a salvo el amor? Aunque prefiere no dar detalles sobre su relación con el empresario Roberto Slim o su divorcio de Rony Seikaly, ex jugador de los Magic de Orlando de la NBA, sí reflexiona sobre la pareja. Desde su punto de vista, la creciente independencia de las mujeres las ha llevado a decir “esto no funciona” y separarse.
—Cada quien se va por su lado. Aunque yo pienso que se debe luchar lo más que se pueda por un matrimonio, no nada más dejarlo ir. Yo todavía, como buena norteña, le doy su lugar a la unión entre dos personas. Siempre va a haber problemas y ambos tienen que estar conscientes de ello. Son momentos que pasan y, si los dos lo quieren, lo pueden salvar.
Toda esta reserva a propósito de su vida sentimental se esfuma cuando habla de su hija Mila, de seis años de edad, producto de su matrimonio con Seikaly, y del impacto que la maternidad ha tenido en su profesión. Desde que la pequeña nació, Elsa procura no estar lejos de ella durante más de seis semanas y se organiza de tal manera que ninguna de sus dos prioridades desmerezca.
—Es difícil en un principio. Pero más adelante ves que funciona y puedes darte tiempo para lograr un balance.
—¿Qué tanto de ti ves en tu hija?
—Es muy coqueta. Le gusta combinar la ropa, se cuelga collares, se pone todo. De pronto, entra a mi clóset y llena de asombro me pregunta: “¿Mamá, todo esto va a ser mío?”.
Parafraseándola, le pregunto que, si como norteña “es directa para hablar” y “no se anda con cosas”. ¿Qué trato deben esperar las concursantes? Ella suelta la carcajada y se lleva la mano a la cabeza:
—Si algo me pasa por aquí, lo digo. La gente que me conoce desde hace tiempo no tiene ningún problema con ello. Soy muy abierta y muy directa, pero no en mala onda. Soy honesta, nada más. Acepto a las personas tal como son, y en mi profesión eso es fundamental: tener una personalidad que te permita llevarte bien con todo el mundo, ser accesible para crear un buen ambiente de trabajo en todos los sentidos... Insisto: yo doy lo que quiero recibir.
Conforme ha transcurrido la entrevista, Elsa se ha reacomodado en el sillón. Se le ve natural y relajada, al tiempo que sus respuestas han adquirido un tono más suave, profundo e íntimo. Desde ahí, calibra sobre lo que hay más allá de una fotografía, sobre el tras bambalinas de la pasarela, las revistas de moda y la celebración.
—La gente piensa en el glamour y la felicidad. La impresión que tengo es que todos me miran y dicen: “¡Wow, wow!”. Efectivamente, estás en la playa o al lado de un monumento y la foto se ve linda, maravillosa.
Sin embargo, pocos saben que a la modelo le tomó hasta las cuatro de la mañana estar ahí, que tuvo que soportar el sol de la una de la tarde, que se la pasó sudando.
—Nadie piensa en la fuerza interior que debes de tener para decirte: “No importa que me muera de calor, tengo que verme como si nada esté pasando” o si te molesta la piedra sobre la cual estás sentada, a pesar de que no puedas demostrarlo. En Alaska, hice unas fotos en bikini y en pleno hielo. Aunque me estaba congelando, tenía que verme divina. Hay que ser realmente fuertes.
Elsa se confiesa ávida de transmitir estas experiencias y ofrecer lo que ella no tuvo para ayudar a los demás a allanarse el camino; relatar todo aquello por lo que pasó, y el costo que le significó no tener alguien a su lado que pudiera orientarla; y hablar sobre los errores que cometió.
¿Pero qué errores pudo haber cometido la modelo que ha sido portada de las publicaciones más prestigiosas en el mundo de la moda, diva indiscutible de Domenico Dolce y Stefano Gabbana? Elsa ríe. A lo que se refiere es al riesgo que implica confiar en la gente que se encuentra alrededor:
—Sobre todo al principio, me concentré exclusivamente en trabajar, trabajar y trabajar. Hay cosas que no se le pueden confiar a ciertas personas. Lo mejor es disponer de una misma para realizar el propio sueño. Está en ser organizada, conocer su agenda de trabajo y cuidarse de la gente destructiva.
En los reality shows, tanto el triunfo como el fracaso son asuntos públicos que tienen un cuantioso alcance: para Mexico’s Next Top Model, por ejemplo, se calcula una audiencia de 34 millones de hogares. Del otro lado de la curiosidad, de la fascinación que le significa al espectador atestiguar cómo otros se comportan bajo condiciones de encierro y competencia, se encuentran la vulnerabilidad y hasta la humillación televisadas.
Esto lleva a un cuestionamiento recurrente, aunque no siempre resuelto, a propósito de este tipo de programas: ¿Cómo prevenir el desencanto y la frustración de aquellas concursantes que sean eliminadas, aquellas cuyo sueño sea destrozado ante el “gran público”?
—Pensemos en cuánta gente famosa participó en distintos concursos y nunca ganó: Britney Spears, el mismo Justin Timberlake... Es ahí donde entran las ganas y la decisión de cada quien para decirse a ser uno mismo: “Esta vez no fue, pero será para la próxima”… Sí, es verdad que la presión es muy fuerte, pero nadie debe abandonar un sueño sólo porque no entró a la primera. Hay que insistir hasta conseguirlo.
El set ha sido desmontado. Las diseñadoras de vestuario guardan las prendas en bolsas y sacos, mientras el maquillista acomoda los cosméticos en un maletín. La conversación concluye con un gesto amable y sonriente por parte de la modelo mexicana más reconocida en la esfera internacional. Y pienso que no sólo las chicas concursantes se van a poner a prueba, sino que también ella misma estará bajo una nueva luz pública, y en todo lo que su experiencia le ayudará para tener éxito como conductora de este reality show. //
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