A todos nos llega el tiempo

A todos nos llega el tiempo

El anuncio de que el único diario de circulación nacional de Colombia, El Tiempo, será vendido muy pronto a inversionistas extranjeros causó revuelo. Sin embargo, es posible que este negocio —tal vez el más grande en la historia de las comunicaciones del país— traiga varios cambios positivos.
Si hubiera sucedido hace unos años, el anuncio de la venta del diario El Tiempo habría ocasionado una verdadera conmoción nacional. Pero ahora las conmociones suceden por motivos diferentes a la venta de las empresas. Mucha gente se pregunta por qué se vende el único periódico nacional de Colombia, una publicación casi centenaria que atraviesa la historia contemporánea de un país, en el que su presencia ha sido decisiva en algunos momentos y polémica en buena parte de ellos.

Fundado en 1911, el periódico ya llega a la cuarta generación, mientras los intereses de sus dueños se han diversificado casi tanto como la propia composición familiar. Pero además, el entorno de las comunicaciones ha cambiado dramáticamente: se ha aumentado la competencia, la publicidad se ha fragmentado y las tecnologías anuncian desafíos nuevos. Entre tanto, la circulación de los periódicos ha descendido sensiblemente, las rutinas de la lectura cambiaron y la convergencia entre medios electrónicos crece a la par que las nuevas necesidades de información de los ciudadanos.

Pero las preguntas más habituales de lo que está sucediendo con El Tiempo son sobre las posibles repercusiones de su venta. Para quienes creen que la intervención de un inversionista extranjero —en este caso los grupos españoles Prisa o Planeta— diluirá el significado nacional del periódico, existen argumentos respetables: los que compran medios suelen saber lo que le conviene, tanto a los lectores como al periódico —aunque los actuales dueños del Wall Street Journal no lo crean—, tienen cuidado con las extrapolaciones burdas y cuidan con celo su rentabilidad. Así, a la hora de la verdad, prevalezca sobre todo el valor de sus acciones.

Las cosas, por supuesto, no permanecerán iguales. La gestión empresarial pasará a las toldas de los compradores buscando mayores rentabilidades, las sinergias se aumentarán, se intentará tener un canal privado de televisión y se introducirán paulatinamente cambios necesarios en el funcionamiento informativo del periódico. Es posible que en el futuro los colombianos tengan un periódico con más cuerpo informativo, mejor cobertura internacional, revistas más modernas, mayor seguimiento de los problemas nacionales, géneros periodísticos más diversos y unos sistemas de control de la calidad más estrictos, que seguramente incidirán sobre los contenidos de la agenda y la construcción de las noticias.

Un tema que produce escozor es la presencia de grupos multinacionales en los medios de comunicación nacionales. En Colombia hay casos recientes, cuyos efectos empiezan apenas a evaluarse, como el de Prisa en Radio Caracol, Telefónica en Telecom y Carlos Slim en la televisión por cable.

Hacer periodismo en Colombia, en estos tiempos turbulentos, exige una responsabilidad mayor y concentrar la propiedad, de una de sus más importantes cadenas de radio y su principal periódico en un mismo dueño extranjero (si el escogido es Prisa), es por lo menos riesgoso y preocupante. Además de peligroso, para un país que necesita diferencia de opiniones.

Los compradores saben que El Tiempo ha sido un periódico político (que poco a poco se ha ido desprendiendo de sus afiliaciones partidistas), pero también que la prensa escrita ya no tiene la influencia de hace unas décadas. Pero a los descensos del poder los acompañan las urgencias de una opinión pública mejor informada y medios más independientes. Y es muy probable que mucho de todo esto se empiece a notar con mayor fuerza según avancen los meses. Los augurios no son, entonces, necesariamente malos. Una de las repercusiones, más o menos inmediata, será el mayor relieve el periódico digital y un esfuerzo de convergencia de medios aún más fuerte que el que ha desarrollado hasta el momento la casa editorial. Para ello se necesita la experiencia y, sobre todo, la capacidad financiera que tendría el nuevo inversionista.

Pero es muy probable que a El Tiempo le aparezca una mayor competencia interna. Éste sería el momento para ofrecer a los colombianos otras oportunidades de información, y en este sentido se está moviendo un grupo de periódicos regionales, que en Colombia tienen bastante presencia en sus respectivos mercados. Incluso el retorno a diario de El Espectador podría ser otra opción importante. Es increíble que un país con cerca de 44 millones de habitantes sólo tenga un periódico nacional, una excepción insólita —y vergonzosa— en el periodismo latinoamericano. Precisamente en el momento en que se necesitan otras opciones de enfoque y narrativas periodísticas y en que las demandas de los lectores y las audiencias tienden a diversificarse. A todos nos llega el tiempo. Y al filo de cumplir sus 100 años, a El Tiempo le ha llegado también.
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