La mayor cantidad de muertos tras el levantamiento zapatista no ocurrió los días posteriores a la insurrección, sino tres años después, cuando un grupo de sicarios ultimó a una comunidad de 45 simpatizantes zapatistas en Acteal, Chiapas. Las autoridades, presionadas por la indignación local e internacional, han encerrado a más de 80 personas relacionadas con el caso. Casi nadie había prestado atención a estos presuntos asesinos hasta que un grupo de abogados universitarios decidió volver este asunto en una vitrina sobre las injusticias del sistema penal en México.
