Cuento de amor, de locura y de muerte
Él siempre quiso escapar de Estados Unidos. Ella siempre quiso escapar de la pobreza. Se conocieron y se enamoraron en Uruguay. Huyeron a Argentina primero y a Bolivia después. A donde iban, ponían bombas. Hasta que volaron un hotel entero en La Paz y mataron a dos personas.
· Adelanto del texto disponible en Gatopardo de mayo.
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Eran las diez menos diez de la noche del 21 de marzo de 2006 y todo estaba tranquilo en el hotel Linares, un edificio colonial con balcones de hierro a unas cuadras del Palacio de Gobierno de La Paz, la capital de Bolivia. En el comedor del hotel, el empleado Ramiro Calle miraba televisión.
El Linares suele estar ocupado por extranjeros que buscan un alojamiento económico. Pero Edgar Piza del Valle era boliviano, de Tacacoma. Había llegado a La Paz para hacer unos trámites y para ver a Mónica. Estaban juntos en la habitación 40. “Estaban enamorando”, dijo José Antonio, hermano de Mónica. Se iban a casar. Ella era médica, cirujana. Él había sido recientemente electo concejal en Tacacoma, por el MAS, el partido del presidente Evo Morales. Ella tenía 32 años. Él 35.
De pronto se escuchó un estruendo, las paredes y los vidrios volaron. Ramiro Calle, el hombre que miraba televisión en el comedor del hotel, vio caer el techo sobre su cabeza y perdió el conocimiento. Wilfredo Quispe, un vecino, pensó que era un terremoto. Anselmo Candia, que vive frente al Linares, creyó que había comenzado una guerra, porque trozos de metal se estrellaban contra las paredes de su casa. Pero, en realidad, 15 kilos de dinamita habían explotado en la habitación 50 del hotel, en el tercer piso, justo sobre la 40, donde estaban los enamorados. Edgar murió en el acto. Mónica todavía estaba viva cuando llegó al Hospital de Clínicas, pero falleció minutos después. “Sus piernas estaban prácticamente destrozadas”, dijo Oscar Romero, el médico que la atendió. Otras seis personas fueron heridas por la explosión.
Cuatro horas más tarde otro hotel, el Riosinho, explotó, esta vez sin víctimas. Esa madrugada la policía capturó, en la vecina ciudad de El Alto, a los sospechosos de haber colocado los explosivos que mataron a Edgar y a Mónica. Fueron presentados a la prensa como Lestat Claudius de Orleans y Montevideo, estadounidense de 24 años, 1.75 de estatura, algo gordito, ojos castaños, pelo largo recogido en una cola, y Alda Ribeiro, uruguaya, de 45 años aunque de apariencia más joven, de cabellera negra, larga y enrulada, y remera imitación Dolce & Gabbana. Habían nacido separados por 21 años y 11 mil kilómetros. Pero el destino los había unido en Uruguay, dos años antes de estas explosiones en Bolivia.
La bomba que mató a una pareja de enamorados fue el penúltimo eslabón de una loca historia de amor.
El Linares suele estar ocupado por extranjeros que buscan un alojamiento económico. Pero Edgar Piza del Valle era boliviano, de Tacacoma. Había llegado a La Paz para hacer unos trámites y para ver a Mónica. Estaban juntos en la habitación 40. “Estaban enamorando”, dijo José Antonio, hermano de Mónica. Se iban a casar. Ella era médica, cirujana. Él había sido recientemente electo concejal en Tacacoma, por el MAS, el partido del presidente Evo Morales. Ella tenía 32 años. Él 35.
De pronto se escuchó un estruendo, las paredes y los vidrios volaron. Ramiro Calle, el hombre que miraba televisión en el comedor del hotel, vio caer el techo sobre su cabeza y perdió el conocimiento. Wilfredo Quispe, un vecino, pensó que era un terremoto. Anselmo Candia, que vive frente al Linares, creyó que había comenzado una guerra, porque trozos de metal se estrellaban contra las paredes de su casa. Pero, en realidad, 15 kilos de dinamita habían explotado en la habitación 50 del hotel, en el tercer piso, justo sobre la 40, donde estaban los enamorados. Edgar murió en el acto. Mónica todavía estaba viva cuando llegó al Hospital de Clínicas, pero falleció minutos después. “Sus piernas estaban prácticamente destrozadas”, dijo Oscar Romero, el médico que la atendió. Otras seis personas fueron heridas por la explosión.
Cuatro horas más tarde otro hotel, el Riosinho, explotó, esta vez sin víctimas. Esa madrugada la policía capturó, en la vecina ciudad de El Alto, a los sospechosos de haber colocado los explosivos que mataron a Edgar y a Mónica. Fueron presentados a la prensa como Lestat Claudius de Orleans y Montevideo, estadounidense de 24 años, 1.75 de estatura, algo gordito, ojos castaños, pelo largo recogido en una cola, y Alda Ribeiro, uruguaya, de 45 años aunque de apariencia más joven, de cabellera negra, larga y enrulada, y remera imitación Dolce & Gabbana. Habían nacido separados por 21 años y 11 mil kilómetros. Pero el destino los había unido en Uruguay, dos años antes de estas explosiones en Bolivia.
La bomba que mató a una pareja de enamorados fue el penúltimo eslabón de una loca historia de amor.
- Disfrute del texto completo en la edición de mayo de 2008. -
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