LIBROS: Vargas Llosa y un hombre llamado Raquel
El escritor peruano estrenó Al pie del Támesis, su octava obra de teatro, donde explora la identidad sexual, los prejuicios y los sueños. A los 72 años, no para de trabajar: en su casa de Lima, habló de éste y otros proyectos.
Por
Ramiro Escobar |
Mayo 2008
|
Tags:
peru, vargas llosa, libros
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Dos amigos limeños, miraflorinos para más señas —Miraflores es un tradicional y residencial barrio de Lima—, se reencuentran en Londres tras 35 años sin verse. La cita no tendría mucho de extraordinaria si no fuera porque uno de ellos, Pirulo, se presenta ante Chispas, su viejo camarada, vestido de dama con cierto aire coqueto, convertido completamente en una mujer. Y hasta con el nombre Raquel.
Chispas al comienzo se desconcierta, pero los pliegues del argumento de Al pie del Támesis poco a poco se van abriendo hasta que ambos amigos aterrizan en una larga conversación, entre divertida y angustiosa, que se envuelve en temas como los recuerdos de la infancia o la confusa identidad sexual de Pirulo.
“Supe que este encuentro —dice Mario Vargas Llosa de su nueva obra de teatro— y la perspectiva que dan la distancia en el espacio y el tiempo les iban a permitir una conversación muy sui géneris en la que iban a ir apareciendo fantasmas”. Uno de esos fantasmas es un incidente de matices homosexuales que involucra a Pirulo y Chispas, ocurrido en la adolescencia felizmente compartida de ambos. Gravita en toda la historia, produce risa en numerosos momentos, pero también evidencia la fuerza de los prejuicios.
La obra, dice el autor, “expresa bastante un mundo de inhibiciones, de represiones, de miedos en torno al sexo, que nosotros vivimos de una manera generacional”. Hoy en día, agrega, los prejuicios no han desaparecido. Pero, “por lo menos el conocimiento, la posibilidad de que eso se ventile públicamente, es muchísimo mayor”.
Tan mayor que el personaje real que inspiró esta historia en efecto se convirtió en mujer y luchó por sus derechos. Era el poeta venezolano Esdras Parra, ya difunto, de cuya transformación sexual Vargas Llosa supo por su amigo, el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante. Él mismo también lo había conocido, pero no había vuelto a saber de él por muchos años, hasta que “Guillermo me contó que lo había llamado y que luego descubrió que se había convertido en mujer. Se había operado, había cambiado de atuendo, de personalidad, no de nombre”.
Lo curioso es que el autor de tantas y tantas obras —dieciocho libros de narrativa, entre cuentos y novelas; diecisiete ensayos y una autobiografía; ocho piezas de teatro— confiesa que éste es uno de los textos que más veces ha reescrito.
“Yo creo que con Los cachorros, que es un relato que escribí cuando era joven, Al pie del Támesis es la obra que más veces he rehecho, reescrito, porque nunca quedaba satisfecho, me parecía que había desaprovechado un tema muy rico en posibilidades”, dice.
El estreno mundial fue en el Teatro Británico de Lima el 29 de marzo y, en efecto, generó diversas posibilidades interpretativas. Algunos críticos han dicho que el tema principal es el sexo, otros que faltó explotar más a los personajes. Uno de ellos, Alonso Alegría —hijo de Ciro Alegría, un famoso escritor peruano—, dijo que la obra era interesante, pero que “renunciaba a explorar los misteriosos vericuetos de nuestra sexualidad” para acabar mostrándonos “las fantasías de un homosexual cincuentón”.
Quizá sea el desenlace inesperado de la obra —un giro final que crea cierta incertidumbre en el espectador— el que induce esas reflexiones insatisfechas.
Para los próximos meses, sin fecha fija aún, Vargas Llosa prepara una adaptación de Las mil y una noches en la que participaría la actriz española Aitana Sánchez Gijón.
Y para más adelante, navegando en esta plenitud de su madurez, una novela sobre Roger Casement, un diplomático inglés que se enfrentó al rey Leopoldo II de Bélgica por sus abusos en el Congo.
Vargas Llosa sigue siendo un escritor prolífico, que no deja de sorprendernos. A sus 72 años, está en plenas facultades creativas, según él mismo asegura: “Yo voy a seguir trabajando hasta el final”.
Chispas al comienzo se desconcierta, pero los pliegues del argumento de Al pie del Támesis poco a poco se van abriendo hasta que ambos amigos aterrizan en una larga conversación, entre divertida y angustiosa, que se envuelve en temas como los recuerdos de la infancia o la confusa identidad sexual de Pirulo.
“Supe que este encuentro —dice Mario Vargas Llosa de su nueva obra de teatro— y la perspectiva que dan la distancia en el espacio y el tiempo les iban a permitir una conversación muy sui géneris en la que iban a ir apareciendo fantasmas”. Uno de esos fantasmas es un incidente de matices homosexuales que involucra a Pirulo y Chispas, ocurrido en la adolescencia felizmente compartida de ambos. Gravita en toda la historia, produce risa en numerosos momentos, pero también evidencia la fuerza de los prejuicios.
La obra, dice el autor, “expresa bastante un mundo de inhibiciones, de represiones, de miedos en torno al sexo, que nosotros vivimos de una manera generacional”. Hoy en día, agrega, los prejuicios no han desaparecido. Pero, “por lo menos el conocimiento, la posibilidad de que eso se ventile públicamente, es muchísimo mayor”.
Tan mayor que el personaje real que inspiró esta historia en efecto se convirtió en mujer y luchó por sus derechos. Era el poeta venezolano Esdras Parra, ya difunto, de cuya transformación sexual Vargas Llosa supo por su amigo, el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante. Él mismo también lo había conocido, pero no había vuelto a saber de él por muchos años, hasta que “Guillermo me contó que lo había llamado y que luego descubrió que se había convertido en mujer. Se había operado, había cambiado de atuendo, de personalidad, no de nombre”.
Lo curioso es que el autor de tantas y tantas obras —dieciocho libros de narrativa, entre cuentos y novelas; diecisiete ensayos y una autobiografía; ocho piezas de teatro— confiesa que éste es uno de los textos que más veces ha reescrito.
“Yo creo que con Los cachorros, que es un relato que escribí cuando era joven, Al pie del Támesis es la obra que más veces he rehecho, reescrito, porque nunca quedaba satisfecho, me parecía que había desaprovechado un tema muy rico en posibilidades”, dice.
El estreno mundial fue en el Teatro Británico de Lima el 29 de marzo y, en efecto, generó diversas posibilidades interpretativas. Algunos críticos han dicho que el tema principal es el sexo, otros que faltó explotar más a los personajes. Uno de ellos, Alonso Alegría —hijo de Ciro Alegría, un famoso escritor peruano—, dijo que la obra era interesante, pero que “renunciaba a explorar los misteriosos vericuetos de nuestra sexualidad” para acabar mostrándonos “las fantasías de un homosexual cincuentón”.
Quizá sea el desenlace inesperado de la obra —un giro final que crea cierta incertidumbre en el espectador— el que induce esas reflexiones insatisfechas.
Para los próximos meses, sin fecha fija aún, Vargas Llosa prepara una adaptación de Las mil y una noches en la que participaría la actriz española Aitana Sánchez Gijón.
Y para más adelante, navegando en esta plenitud de su madurez, una novela sobre Roger Casement, un diplomático inglés que se enfrentó al rey Leopoldo II de Bélgica por sus abusos en el Congo.
Vargas Llosa sigue siendo un escritor prolífico, que no deja de sorprendernos. A sus 72 años, está en plenas facultades creativas, según él mismo asegura: “Yo voy a seguir trabajando hasta el final”.
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