Una mujer en escena

Una mujer en escena

Desde que el cine uruguayo empezó a salir de una larga etapa de parálisis, la directora Beatriz Flores Silva estuvo en el centro de la escena. Ahora, acaba de estrenar Polvo nuestro que estás en los cielos, que contó con el presupuesto más alto en la historia del cine de su país.
En la última década, el cine uruguayo empezó a ser, poco a poco y a paso lento, una industria. Humilde y sin grandes estridencias pero industria al fin. Los motivos del desarrollo fueron varios (la coincidencia en el regreso al país de varios realizadores que habían estado formándose en el extranjero, los avances técnicos que facilitaron la producción y acercaron las cámaras a los jóvenes, el desarrollo de la industria publicitaria), pero lo que es seguro es que ella estuvo en el epicentro de la escena. Cuando todo parecía indicar que el cine en Uruguay se extinguía en un coma irreversible, su ópera prima, La historia casi verdadera de Pepita, la Pistolera (1993), fue la primera película luego de 13 años de sequía. Después vino En la puta vida (2001), el puntapié final y esperado para reactivar la maquinaria del cine local, que demostró que el cine uruguayo podía ser bueno, pero además taquillero. Ella se llama Beatriz Flores Silva y ahora acaba de estrenar Polvo nuestro que estás en los cielos, película con la que se encargó de demoler otro mito: el que rezaba que Uruguay no podía hacer megaproducciones. “Uruguay se profesionalizó mucho en los últimos años respecto a los rubros técnicos y de producción. Lo que ha faltado siempre es el dinero”, explica Beatriz. En una coproducción que reunió billetes de varios países —con Bélgica, país donde reside Flores Silva, como principal inversor— Polvo nuestro... contó con un presupuesto de 1.2 millones de dólares y se convirtió en la película más costosa del cine nacional.

La trama —de la que algunos insisten en encontrar pistas biográficas de la propia directora, aunque ella lo niega una y otra vez— cuenta la historia de Masángeles, una niña de siete años, quien luego del suicidio de su madre debe ir a vivir a la casa de su padre, un político inescrupuloso, del cual es hija ilegítima.

Transcurren los últimos años de los convulsionados sesentas y, en su nueva casa, Masángeles convive con tanta enajenación como la que se vive en las calles montevideanas: rodeada de una multitud de personajes neuróticos y absurdos, la niña debe sobrevivir, como testigo y parte, a la tan desesperada como acelerada decadencia familiar. En su campaña de lanzamiento, Polvo nuestro... se anunció como una “tragicomedia épico-neurótica” de la que Beatriz enfatiza: “Sí, es que la protagonista debe convivir con estos 10 personajes que por su neurosis le aportan mucho humor a la historia, la cual se desenvuelve en un contexto histórico trágico para el país (la predictadura). En su neurosis, cada uno, va a perseguir obstinadamente una meta clara, en una lucha épica y egoísta”. En este punto, la mirada de la directora se aleja de cualquier prisma realista o historicista para apelar a herramientas narrativas más singulares: “La película propone un estilo no realista y ecléctico. Toca una época compleja de la historia de nuestro país y creo que levantó susceptibilidades en aquellos que esperaban ver un documental exhaustivo en temas políticos, o en quienes esperaban un retrato fidedigno del marco histórico el cual, por el contrario, fue tratado libremente, como lo permite el hecho de que sea una ficción, con un alto grado de simbolismo”, sostiene la directora.

La producción, que ya ha circulado con buena recepción por el Festival de Cine de Montreal y el de São Paulo, tiene agenda en distintos festivales europeos y espera confirmar su estreno en varios países de Latinoamérica.
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