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Lo que se ve no se pregunta: Trans-reflexión y trans-acción

El Centro Cultural de España en México presenta “Lo que se ve no se pregunta”, exhibición sobre el desarrollo y actualidad del movimiento trans.

Por Sandrine Ortega

Las cifras nacionales asustan. México es el segundo país de América Latina en crímenes de odio hacia personas trans y su esperanza de vida en nuestro país es de 35 años de media, frente a los 77 del resto de la población. No es de extrañar entonces que en la exhibición sobre identidades trans del Centro Cultural de España en México (CCEMX) se lea “No me dediques un minuto de silencio, necesitamos horas de acción” y se dedique a la memoria de las últimas tres mujeres trans asesinadas en la Ciudad de México. “Lo que se ve no se pregunta”, el nombre que recibe esta exhibición documental, debería ser una visita obligada para todos y cada uno de nosotros.

Eugenio Echeverría, director del Centro Cultural Border, ha sido uno de los encargados de bajar a la tierra, al papel y a la salas del CCEMX todos estos conceptos que llevan décadas estudiándose y miles de años existiendo pero que aún, para la mayoría de la población, son ajenos y desconocidos. “’Lo que se ve no se pregunta’ no se trata de imponer una hoja de ruta para el movimiento trans ni de validar una línea en detrimento de otra sino de mostrar a un público heterogéneo cómo se ha ido articulando el desarrollo del movimiento trans, qué aspectos históricos lo han atravesado y en qué punto se encuentra actualmente. Elegimos como título una frase de Juan Gabriel porque como dice la letra nadie puede decirte quién eres. Esa frase obedece a la lógica de que no se debe asignar una identidad sexo-genérica a nadie y que se debe tratar de romper la necesidad propia de identificar, por una lado, los sexos dentro del binarismo femenino y masculino y por otro, la concordancia entre sexo y género o entre sexo, género y orientación sexual. De alguna manera se invita a dejar de preguntar”, relata Eugenio en entrevista para Gatopardo. Echeverría es curador de la exhibición junto con Tania Pomar, Susana Vargas y Laos Salazar.

Es por este motivo que la exhibición se centra en la documentación y propone al espectador el conocimiento como punto de partida para frenar la incomprensión y la violencia que, consciente o inconscientemente, se ejercen sobre las personas trans. En una introductoria línea del tiempo, se explica el movimiento trans y el estudio de las identidades de género a través de los primeros hechos de la historia contemporánea que reflejaron un interés social y científico en el tema. Se menciona, por ejemplo, la fundación de parte de Magnus Hirschfeld del Instituto para el Estudio de la Sexualidad en Berlín en 1919, donde se trabajó mucho por el entendimiento de los que recién habían nombrado como travestidos y donde se rompió el binarismo de género al desarrollar el concepto de “Intermediarios Sexuales”, con el que se referían a personas que no estaban ni de un lado ni del otro, sino en el amplio espectro entre ambas definiciones de género.

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Además de mencionar las primeras cirugías de reasignación de sexo en los años treinta, la exhibición pone especial atención sobre Sylvia Rivera, activista trans que fundó asociaciones clave para la lucha de los derechos de la comunidad trans a finales de los años sesenta y setenta en Stonewall, EEUU. Estas décadas fueron de especial movimiento civil por la lucha de los derechos sociales en diversas partes del mundo, entre ellos, los derechos de las mujeres.

Parte interesante de esta línea del tiempo es ver cómo estos dos movimientos, el feminista y el trans, se desarrollaron pero cómo con el tiempo uno avanzó más que el otro: “Lo interesante es ver que estas luchas empezaron a la vez. Si no tuvieron el mismo avance en el mismo tiempo hay que encontrar un por qué y creo que aquí lo respondemos. Lo que se conoce como Movimiento de Liberación Homosexual no lo inicia un hombre homosexual ni su prototipo que sería un hombre blanco de clase media homosexual. Esto tiene que ver con el heteropatriarcado. Dentro de las identidades del heteropatriarcado se dan prioridad a aquellas que más se acercan a lo que al heteropatriarcado le conviene. Bajo esa lógica se acerca más un hombre blanco homosexual que una mujer trans latina (como Sylvia Rivera). Eso es parte de lo que estamos denunciando en esta exhibición”.

Dicho heteropatriarcado ha intentado siempre ocultar lo que, desde hace miles de años y en diversas culturas, se ha considerado como algo común y corriente. Las transiciones de género, el posicionamiento en un rol que no era el asignado ni científica ni socialmente, ocurren desde hace más de 4 mil años. El registro más antiguo que se tiene de rupturas del binarismo es del año 2 000 a.C., cuando en los pueblos hebreos, anatolios, armenios, fenicios y persas era común la práctica de un tipo prostitución sagrada efectuada por las kadeshas, unas sacerdotisas de sexo masculino que se vestían como mujeres y adoptaban un rol femenino.

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A lo largo de la historia estos casos se han repetido con frecuencia. Múltiples personajes que han llegado hasta nosotros, se hicieron famosos gracias a sus rupturas con los géneros establecidos o por haber realizado hazañas reconocidas por la sociedad de la época en la que sucedieron. A estos personajes, “Lo que se ve no se pregunta” les dedica una sala a modo de panteón para rescatar sus retratos e historias. Entre ellos está Alejandra Bogue, mujer trans que encontró su espacio en el mundo del espectáculo nacional y cuyo trabajo ha sido ampliamente reconocido; Amelio Robles, nacido Amelia Robles, quien ocupó un lugar relevante en la Revolución Mexicana; o Xochipilli, deidad mexica de las artes, las flores, el placer y la ebriedad, quien además era la deidad que se encargaba de proteger a los homosexuales, a los prostitutos y a los hombres que abandonaban el rol masculino y viril para dedicarse a las labores domésticas.

Pero, a medida que la historia evoluciona, el sistema heteropatriarcal se dedica a ocultar estos casos. De hecho, tal y como cuenta Eugenio, el Museo Nacional de Antropología excluye en su discurso sobre Xochipilli a los homosexuales y a los prostitutos protegidos por la deidad y lo limita a lo que es comúnmente reconocido por el binarismo de género y su “debida” orientación sexual. Sobre estos discursos censurados patrocinados por el neoliberalismo imperante, Eugenio comenta: “Es imposible ver esta temática sin ver cómo el neoliberalismo ha repartido privilegios y violencias. Siempre en función de clase, raza y género. Cuando se suma el valor simbólico violentado en clase, el valor simbólico violentado en raza y el valor simbólico violentado en género pues vas bajando ‘escalafones sociales’ y eso lo que finalmente implica es que vas a ser más victimizado, más vulnerabilizado, más relegado y más excluido”.

“Lo que se ve no se pregunta” se complementa con obra artística creada por personas trans o de dicha temática, y de un pequeño diccionario mural donde se expone la terminología usada durante el recorrido y la vida académica para definir los diferentes casos trans, que son muchos y muy diferentes entre sí. “Hay una cosa que a mi me parece muy importante resaltar que es que una persona trans por el hecho de ser persona trans no tiene porqué estar en contra del binarismo de género. Hay muchas mujeres trans que te dicen ‘ya basta de decirnos mujeres trans, somos mujeres y punto’ y se adscriben así al binarismo. Las posturas son fluidas, no estáticas. Las personas en general nos permitimos fluir y deslizarnos con cierto margen y flexibilidad. Este es un tema es muy complicado. En general todos los términos los sacamos de los estudios que se han hecho sobre la identidad de género y los cuales tienen fines sociológicos, pero parece que cada vez que intentas definir algo habrá personas que excluyas o que se sientan ofendidas por tu clasificación”, comenta Echeverría.

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Más allá del intento de clasificar sociológicamente, el CCEMX se propone informar para evitar la violencia, sobre la cual nos arroja un dato: hay más de 250 mujeres trans asesinadas en nuestro país. De muchas de ellas hasta se desconoce el nombre por lo cual se dificulta su proceso judicial. Por eso y porque el heteropatriarcado deja para el final lo que considera menos importante, en este caso y retomando las palabras de Echeverría, una mujer trans latina. Queda claro entonces que esta exhibición ya ha hecho su trabajo: exhibir lo que hay detrás del movimiento trans y de sus integrantes. Pero parece que nosotros no hemos hecho el nuestro: el de informar, comprender, respetar y adoptar en nuestras categorías mentales implantadas por el sistema a cualquier persona trans que se cruce por nuestro camino.

Lo que se ve no se pregunta
Hasta el 19 de marzo de 2017
ccemx.org

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