“Formas de evasión”: Perseguir una sombra

El periodista Felipe Restrepo Pombo incursiona en la novela con el título “Formas de evasión”.

Por Alejandro Maciel

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Evadir significa “evitar un daño o peligro”. También es “eludir con arte y astucia una dificultad imprevista”. Es justo de esta manera como Felipe Restrepo Pombo incursiona en la novela después de una prolija trayectoria en el periodismo, una hazaña de la cual pocos salen bien librados. En Formas de evasión, el escritor colombiano mezcla lo mejor de ambas esferas en las que ahora se desenvuelve ­—ficción y no ficción— y ofrece un relato ficticio pero realista en torno a la fantasía de no ser uno mismo.

Con un ritmo acelerado, vertiginoso y que termina por envolver al lector con cada página, Formas de evasión nos vuelve partícipes de la vida de un narrador intencionadamente sin nombre. Su padre, antiguo profesor de ideas revolucionarias, fue perseguido, encarcelado y torturado por la policía durante 10 días. De entre las pocas anécdotas que su padre le compartía, sólo se le quedó grabado un apellido: Umaña, el teniente Umaña, el único que durante aquellos días bestiales se había apiadado de él. Años después, Julia Covarrubias, una amiga de la familia, le cuenta que conoció en París a un tal Víctor Umaña, y que probablemente sea hijo de aquél teniente que ayudó a su padre. Desde entonces, comienza en el narrador una extraña obsesión por saber quién es Víctor Umaña, un personaje escurridizo, enigmático y perdido en los laberintos mentales que lo aquejan.

Resulta inevitable leer entre líneas a un Felipe Restrepo Pombo afectado por las huellas de una Colombia violenta, un tema que, naturalmente, ha visto en la literatura un diván para expulsar sus demonios. Basta pensar en novelas emblemáticas como Leopardo al sol, de Laura Restrepo, o El ruido de las cosas al caer, de Juan Gabriel Vásquez, ni qué decir de la sátira en La virgen de los sicarios, de Fernando Vallejo. En Formas de evasión, Víctor Umaña crece en una familia cuyo padre era policía en los tiempos en los que “el gran capo de la droga” —no es necesario ponerle el apellido Escobar— había declarado la guerra a la policía y aterrorizaba las calles con bombas y balaceras. Este contexto es crucial para entender al Víctor Umaña posterior, de cara amarillenta, ropa sin lavar y deslavada, y con una cojera que lo acompaña como una metáfora de su vida.

Felipe Restrepo Pombo

Pero a diferencia de Leopardo al sol, donde dos familias pelean movidas por la venganza, o en El ruido de las cosas al caer, donde los recuerdos se mezclan con el miedo, en la novela de Restrepo Pombo el personaje Umaña no nos deja ver sus sentimientos: desaparece. O mejor dicho, lo vemos ponerse en la piel de un camaleón asustado, escurridizo, a veces tan gris que resulta imposible distinguirlo del escenario fúnebre de fondo.

Formas de evasión reflexiona entorno a los laberintos de la memoria, pues al final, todo da vuelcos y nada es lo que parece, como resultado de una ilusión. “No es fácil establecer el orden de las cosas –dice el narrador—. Es más: es posible que gran parte de esto nunca haya ocurrido. O sí: pero de manera diferente —acaso un poco más retorcida—.”

Ilustración de portada de “Formas de evasión” por Daniel Castrejón.

Restrepo Pombo estudió literatura, pero toda su carrera la ha hecho en periodismo, aunque en una vertiente que mucho tiene que ver con la literatura: el periodismo narrativo, donde han hecho eco grandes plumas como Truman Capote, Gay Talese y Norman Mailer, y en la tradición latinoamericana nombres como Rodolfo Walsh, Ricardo Piglia, Tomás Eloy Martínez, Martín Caparrós y Leila Guerriero.

Transitar del periodismo narrativo a la literatura fue un paso natural para Restrepo Pombo, quien ha declarado que tardó más de 10 años trazando las múltiples aristas que componen Formas de evasión, una novela en apariencia simple pero delineada con una pluma muy fina y con un claro esmero en el ritmo, una virtud heredada de su largo andar periodístico.

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