Luis Ospina

Todo comenzó por el fin: Luis Ospina y el Grupo de Cali

El documental “Todo comenzó por el fin”, del colombiano Luis Ospina, llega a cines mexicanos con una reflexión sobre el llamado Grupo de Cali.

Por Marcela Vargas

A principios de la década de los setenta, Colombia estaba enfrascada en una cruda guerra contra el narcotráfico. La escena artística de Cali, una de las ciudades más pobladas de Colombia, encontró inspiración en la adversidad y vio surgir en sus calles a una generación de artistas que, a través de la literatura, la música y el cine, mostraron una visión crítica y analítica de la realidad colombiana. El documental Todo comenzó por el fin, del cineasta Luis Ospina –actual director del Festival Internacional de Cine de Cali (FICCALI)–, ofrece una mirada profunda al desarrollo y vida de estas mentes creativas, conocidos como el Grupo de Cali o “Caliwood”.

Luis Ospina (Agarrando pueblo, Soplo de vida) aborda la biografía colectiva del Grupo de Cali desde su condición de fundador: no se trata de una mirada distante, sino de las mismas memorias de quien vivió en carne propia cada momento. Además, entrelaza este documento histórico con su camino personal en la lucha contra el cáncer. “Yo no contaba con que me iba a enfermar gravemente el primer día de rodaje de la película”, cuenta Luis Ospina en entrevista con Gatopardo. “Me diagnosticaron un cáncer muy severo, entonces eso hizo que yo cambiara la película. En un principio iba a ser del pasado, pero porque es una película parcialmente autobiográfica, decidí incorporar mi presente. Todo comenzó por el fin no sólo es sobre el grupo de Cali sino también es una historia clínica de un periodo de 5 años que duró la producción”.

Andrés Caicedo y Luis Ospina

Andrés Caicedo y Luis Ospina / Material de archivo de “Todo comenzó por el fin”

Fundador del Grupo de Cali junto con el también cineasta Carlos Mayolo –creador del “gótico tropical”– y el escritor Andrés Caicedo, Ospina mira hacia el pasado sin la autocomplacencia e idealización de la nostalgia. “Yo no quería hacer una cosa nostálgica, creo que lo que es nostalgia crítica, que es ver cosas en su propia perspectiva: se ven a mis amigos, sus lados buenos, sus lados malos, incluso los defectos míos”. Este autorretrato colectivo explora momentos complicados y dolorosos para el Grupo, que todavía hacen eco en sus mimebros, como el suicidio de Caicedo a los 25 años –cuando el prolífico autor apenas tenía un libro publicado– y las adicciones de Mayolo.

Mientras en los países anglosajones se desarrollaba el punk como estilo de vida y género musical, en Colombia el Grupo de Cali sentaba sus propias reglas con un espíritu similar. Había que celebrar la juventud, el exceso, vivir la vida en su máxima expresión. “Entonces éramos una pandilla, una familia. Veníamos de mayo del 68 y de todas estas ideas hippies pues éramos unas personas que veníamos de un estrato social alto y decidimos desplazarnos y buscar otra familia. Una familia disfuncional que no se reproducía, pero que nos veíamos todos los días. Mucha fiesta, muchas drogas, fuimos mucho de la época que ahora se está mitificando. Hay mucha nostalgia por los años 70 y 80, los jóvenes sienten mucha nostalgia por algo que no vivieron pero que tal vez sus padres sí”.

Luis Ospina, Werner Herzog, Carlos Mayolo y Sandro Romero

Luis Ospina, Werner Herzog, Carlos Mayolo y Sandro Romero / Material de archivo de “Todo comenzó por el fin”

Sobre la historia del Grupo de Cali, Ospina recuerda sus inicios en dicha ciudad. “Cali es una pequeña ciudad y nosotros nos sentíamos un poco como unos outsiders y de pronto tuvimos conocimiento de que había otros cinéfilos, pues eso nos aglutinó”. Sumado a ello, la localidad vivía cambios radicales que llevaron a su comunidad a vivirla de otra manera. “En el año 71 se celebraron los Juegos Panamericanos y las fuerzas vivas de la ciudad decidieron eliminar todo lo viejo: destruyeron mucho patrimonio arquitectónico e intentaron crear una ciudad nueva y moderna. Sin ponernos de acuerdo, los artistas de la ciudad nos preocupamos mucho por recuperar esa ciudad que se estaba perdiendo. Una de las cosas que hicimos fue filmar lo que estaba en tránsito de perderse. El documental es memoria. Eso hizo que se formara un movimiento cultural muy importante en los setenta”.

Aunque se trata de un documental que ofrece un profundo testimonio histórico de un movimiento cultural que se desarrolló durante dos décadas a finales del siglo XX, para Ospina, Todo comenzó por el fin sigue adscrito a la subjetividad que considera inherente al cine de todo tipo. “La subjetividad del documental está prácticamente desde sus inicios. La primera vez que se usó la palabra documental fue en el año 36, creo, cuando John Grierson definió el documental como la interpretación creativa de la realidad, desde esa definición fundacional ya se nota que hay una subjetividad porque hay una interpretación creativa”, explica.

Esta subjetividad crítica, le ha permitido a Ospina recordar otros aspectos de la producción creativa del Grupo de Cali y reflexionar sobre su filmografía personal. A esto se suman sus años al pendiente del cine documental colombiano, que lo han llevado a preocuparse por el estado actual de la industria del cine en ese país. “Es la película del elefante y la termita. El cine norteamericano está terminando con el cine independiente”, asegura, para agregar: “La ley de cine en Colombia ha permitido que surjan muchos nuevos directores, pero el problema es el mismo: las mejores películas no tienen público. Tienen muy buen recorrido en festivales, pero cuando se dan en salas luego no duran ni la semana entera”.

Todo comenzó por el fin se estrena el 21 de octubre en la Cineteca Nacional y en Cine Tonalá.

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