Obrera centro

Para hablar de arte no hay como la cocina

Obrera Centro: Un recorrido artístico por uno de los secretos mejor guardados de la colonia Obrera.

Por Redacción Gatopardo / Fotografía Daniel Klinckwort y Ana Laframboise

Hay un lugar en la ciudad, que como muy pocos, permite involucrarse en el proceso detrás de una obra de arte y esa es la razón por la que me encanta. Se llama Obrera Centro y se trata de un sitio un tanto escondido, en la frontera entre el Centro y la colonia Obrera, donde uno nunca imaginaría ir en busca de arte. Afortunadamente, el arte es también lo que facilita el camino, es imposible ir en dirección contraria con un sistema de navegación con mapas 3D.

Gatopardo Buick Obrera Centro

Ya estando ahí, en lo que solía ser una bodega en el segundo piso de un viejo edificio, los artistas se sientan a cenar y beber con su público, a escuchar sus preguntas, críticas y sugerencias sobre piezas en las que aún están trabajando. Al entrar queda claro de inmediato que ahí no exhiben obras terminadas como en cualquier galería, se discuten incompletas, cuando quienes gustamos del arte aún estamos a tiempo de cambiarles el rumbo, y por si fuera poco, todo sucede en compañía de buena comida preparada al momento. Una experiencia así es difícil de encontrar.

Obrera Centro no es un espacio que esté abierto al público todos los días, así que siempre estoy pendiente de su página de Facebook, donde me he encontrado con invitaciones a conciertos, ensayos de teatro, conferencias, proyecciones de cine y hasta fiestas de aniversario que son garantía para pasarla muy bien. Y cuando hablaba de comida preparada al momento no estaba exagerando, cada artista que visita Obrera Centro para hablar de su trabajo tiene que compartir también su receta favorita y cocinarla haciendo equipo con los asistentes. Ahí, partiendo cebolla, hirviendo pasta, o aplanando masa, he tenido pláticas verdaderamente cercanas con artistas que como yo, valoran mucho esa oportunidad de escuchar con atención distintos puntos de vista en torno a una misma obra. Hasta esa cocina llegó una vez el artista italiano Danilo Correale, para preparar pizza y mostrarnos su documental The Game. En otra ocasión, el director de teatro José Antonio Cordero dio ahí una primera función de su obra de teatro Madame Bovary-Señora Vaca, que pudimos ver mientras cenábamos los deliciosos tacos de pato preparados por el curador Edgardo Ganado Kim.

Otro punto a favor de Obrera Centro es que también se puede aprender poniendo manos a la obra fuera cocina. La Herrateca es un programa a través del cual reciben donaciones de cualquier tipo de herramienta. Tienen sierras, taladros, fotocopiadoras, equipo para soldar y próximamente una impresora 3D. Cualquiera puede venir a utilizarlas o llevarse alguna en préstamo, siempre y cuando done otra a cambio. Para garantizar que todas se utilicen de forma apropiada y que los artistas o aprendices de artistas compartan su conocimiento unos con otros, ofrecen cursos para usarlas de las  formas más creativas e innovadoras que te puedas imaginar. Verdaderos maestros carpinteros y soldadores han visitado La Herrateca para demostrarnos que crear con nuestras propias manos eso que tenemos en mente, no es tan complicado como parece.

Este lugar, como no hay otro en la ciudad y que también es famoso por sus competitivos torneos de ping pong, fue idea de Marcos Castro y Mauro Giaconi, dos artistas que cuando no hay eventos, utilizan el espacio como estudio de trabajo. Sin embargo, son respetuosos de una de las pocas reglas del lugar: tienen prohibido exhibir sus piezas. Aunque claro que tras tomarse con ellos un par de cervezas o mezcales, es mucho más fácil obtener pistas de sus proyectos a futuro. Yo no me canso de volver.

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