Malala Yousafzai en México, portada

El poder de una sola voz: Malala Yousafzai en México

La Premio Nobel de la Paz Malala Yousafzai habló en México sobre la importancia de garantizar la educación a niños y niñas.

Por Marcela Vargas / Fotografía Simon Davis/DFID / Southbank Centre

Originaria de Mingora, Pakistán, la activista Malala Yousafzai es una de las figuras más reconocidas en la lucha por los derechos de las mujeres y las niñas alrededor del mundo. Sus esfuerzos por asegurar el derecho a la educación de niños y niñas la pusieron en la mirada del mundo, pues desde los 11 años de edad expresaba abiertamente –a través de un blog para la BBC– sus perspectivas sobre estos temas y sobre la vida en una región ocupada por los talibanes en el noroeste de Pakistán.

En octubre de 2012, Malala Yousafzai fue víctima de un atentado homicida que afortunadamente no le quitó la vida. La adolescente recibió amenazas de muerte por parte de grupos de clérigos musulmanes y talibanes –ella misma es practicante del Islam–, que ven en ella a una amenaza ideológica. Estos ataques amplificaron la voz de Yousafzai, quien ganó reconocimiento a nivel mundial y en 2014 recibió el Premio Nobel de la Paz “por su lucha contra la opresión de los niños y los jóvenes y por el derecho de todos los niños a la educación”.

El 31 de agosto de 2017, la activista Malala Yousafzai visitó la Ciudad de México y se presentó ante casi 3 mil personas en el Tecnológico de Monterrey, campus Santa Fe. Ahí sostuvo un diálogo con la Dra. Iliana Rodríguez Santibáñez, académica de esta universidad, que fue transmitido en línea con una audiencia virtual de más de 9 mil personas. En esta conferencia, Yousafzai habló sobre su experiencia personal en la lucha por los derechos de los niños, así como sus planes a futuro y su convicción de que toda voz, por pequeña que pudiera parecer, es importante para lograr un cambio.

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Malala Yusafzai en marzo de 2014. Fotografía: Southbank Centre.

Entusiasmada a pesar del largo trayecto desde Londres hasta la Ciudad de México –entorpecido por las condiciones climáticas locales–, Malala afirmó que la vista de gente joven comprometida con los derechos humanos le da energía para seguir luchando.

Su infancia transcurrió en Pakistán, y aunque tradicionalmente las familias no prestaban atención a la educación de las mujeres, su padre decidió criarla de manera diferente. “En mi comunidad vi que a las niñas desde el inicio no se les dan las mismas oportunidades que a los niños. Mi padre decidió que iba a educar a su hija, a diferencia de cómo sucedió con sus hermanas cuando eran pequeños”. La llegada del extremismo islámico a su país lo cambió todo: las mujeres ya no podían ni salir a la calle, mucho menos recibir educación. “Lo hacían en nombre del Islam, pero en realidad eso no se trataba de la religión. Fue cuando decidí alzar la voz”.

Los esfuerzos de Malala por asegurarse de que tanto niñas como niños de todo el mundo tengan derecho a la educación se ven alimentados también por un ardiente deseo de equidad para las mujeres del mundo. “Debes convertirte en madre o abuela cuando quieras, si quieres. Debe ser tu elección. Las mujeres no deben ser obligadas por nadie a hacer las cosas”, agregó Yousafzai, enfatizando la importancia de la libertad de las mujeres para decidir sobre sus propias vidas.

“Cuando educas a las mujeres, les dices que tienen los mismos derechos [que los hombres] y que pueden alzar la voz por sí mismas”, dijo la joven activista. “Las mujeres y las niñas tienen el potencial y pueden hacerlo todo. Necesitamos remover las barreras para que lo logren, no se trata de darles cosas de más o cosas especiales, sino de que tengan las mismas oportunidades”.

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Malala Yousafzai en 2015. Fotografía: Simon Davis / DFID.

La desigualdad a la que se refiere parece ser el gran enemigo por vencer. “Mi sueño es que cada niño del mundo tenga la oportunidad y el derecho de ir a la escuela”, aseguró. “La escuela es una protección para ellos, ayuda a evitar la violencia, el tráfico sexual, la esclavitud laboral… A veces me cuesta trabajo entender por qué si la educación es tan importante, hay quienes no entienden que educar a los niños y las niñas es bueno”.

Sobre este tema, Malala Yousafzai agregó que si bien es una lucha de todos, garantizar al menos 12 años de educación de calidad para niños y niñas del mundo es responsabilidad de cada gobierno. “Las ventajas para un país con innumerables. La juventud es un recurso para la economía y tener gente educada permite a la economía crecer, generar nuevos empleos, concientizar a la sociedad. Hay cosas que damos por sentado [y que podrían cambiar con educación]”.

La activista mencionó haberse reunido con el presidente de México, Enrique Peña Nieto, y aunque hablaron de los avances de la educación en México, considera que todavía queda mucho por hacer: “Todos los políticos y líderes deben unirse y priorizar la educación para cada niño. No es sólo hacer cambios en la ley, sino implementarlos”.

A sus 20 años de edad –y desde su infancia–, Malala Yousafzai ha inspirado a miles de personas alrededor del mundo. Su mensaje, reproducido en sus libros y discursos, resonó también en la Ciudad de México: “La voz de las niñas es muy poderosa. Si crees que puedes cambiar al mundo, no importa si eres niño o adulto: el cambio es posible. Necesitas creer en ti mismo, necesitamos tu entusiasmo y tu energía. Cada paso importa porque si lo hace una persona, y luego lo hace otra, se puede cambiar a toda la comunidad. Nunca dudes de ti misma: eres capaz de hacer lo que te propongas, no te pongas límites. Cree en ti misma y sigue tus sueños”.

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