López Obrador elecciones en el estado de México

La paradoja de Andrés Manuel López Obrador

Después de las elecciones en el Estado de México, surge la pregunta: ¿Por qué Andrés Manuel López Obrador sigue sin poder ganarle al PRI?

Por Emiliano Ruiz Parra / Fotografía Getty Images

El dinosaurio existe, aunque moribundo. Hacia mediados del siglo XX el PRI ganaba todas las elecciones con el 90 por ciento de los votos. Poco a poco fue perdiendo el apoyo de las masas hasta su derrota en las presidenciales del 2000. Pero existen estados, como el Estado de México, donde ejerce control directo sobre un porcentaje del voto a través de la compra o la coacción (aunque haya millones que voten libremente por el PRI). Es verdad, sin embargo, que la compra del voto ya no es exclusiva del PRI y que el PAN y el PRD, cuando pueden, también son mapaches. Asumamos, sin embargo, que en el Estado de México el PRI mantiene control sobre 100 mil o 200 mil electores —entre uno y tres por ciento— los suficientes para ganar una elección apretada como la del 4 de junio de 2017, en donde Alfredo del Mazo III se impuso como gobernador.

En el futbol cuando te toca un árbitro vendido hay que ganar por goleada. Así debían imponerse Morena y Delfina Gómez Álvarez en el Estado de México. Como El Bronco en Nuevo León, que apabulló dos a uno —que haga un pésimo gobierno es otra discusión— o cuando menos sacar cinco, diez puntos de ventaja. Vencer a pesar del fraude, ser un fenómeno de descontento social convertido en votos.

¿Por qué no ocurrió?

Tengo una hipótesis que llamaré la paradoja de López Obrador. AMLO posee el piso electoral o voto duro más copioso en la historia reciente: un tercio de los mexicanos lo quieren de presidente. Su paradoja es que carga también con el techo electoral más estable: seis de cada 10 mexicanos —por muy diversas razones— no lo quieren en Los Pinos. A pesar de que el sexenio de Peña Nieto se ha convertido en un desastre (violencia, corrupción generalizada, gasolinazos, etcétera), en las encuestas, Obrador no sube de su 30, acaso 36 por ciento. Lo mismo que sacó en las elecciones presidenciales de 2006 y poco más de lo que obtuvo en 2012 contra el actual presidente. Es decir, aun con un gobierno en completo desprestigio, López Obrador no rompe su techo.

López Obrador elecciones en el Estado de México

Foto: Susana Gonzalez / Bloomberg via Getty Images

En las elecciones del Estado de México, López Obrador le transfirió a Delfina Gómez sus 30 puntos, pero también le impuso su techo. Había veces que no estaba claro quién era el candidato, si AMLO o la maestra Gómez. Las semanas previas a la elección, además, fue Obrador quien se expuso a las entrevistas de radio en lugar de la maestra. Y lo hizo, por cierto, muy mal, con regaños a Carmen Aristegui y pleitos con José Cárdenas. No es exagerado decir que en el Estado de México perdió Delfina Gómez Obrador.

Y sin embargo, López Obrador tiene prometedoras posibilidades para 2018. A pesar de su techo electoral podría obtener la presidencia. Le bastaría su voto duro para ganar en un escenario fragmentado, similar al que vimos en el Estado de México, con cuatro o cinco candidatos que se repartan el 64 por ciento del voto antiamlo: PRI, PAN, PRD y algún independiente que saque la cabeza. Es decir, el mismo escenario que favoreció a Del Mazo en el Estado de México le daría el triunfo a López Obrador en el país.

Este esquema, ¡caray!, se le rompe con la coalición PAN-PRD. La elección se polariza y permite el surgimiento de un candidato más fuerte que AMLO. Abre un escenario donde esté, de un lado, López Obrador y, del otro, una alianza “contra el PRI y el populismo”. Si esta alianza se concreta, y me temo que así será, tendremos a dos candidatos fuertes (AMLO y el candidato azul del PAN-PRD), a un candidato del PRI mirando de lejos la contienda y resignado a obtener 15 o 20 por ciento, y a Enrique Peña Nieto transfiriendo votos por aquí y por allá al candidato del PAN y el PRD, allí donde el PRI mantiene control sobre clientelas.

Se trata del Pacto por México reloaded, con burócratas disfrazados de patriotas que nos dirán que se unen para impedir que el “Trump o Le Pen mexicano” gane las elecciones. Y hasta dirán que su candidato es el Macron tropical. Debido a la paradoja de López Obrador, ese candidato tendría los votos para ganarle —una vez más— al ahora abanderado de Morena.

Este escenario, por supuesto, podría ser conjurado con la suma del PRD y algo más de la chiquillada a la causa obradorista. La duda es, ¿Obrador les exigirá que lleguen arrodillados y sometidos, como quiso que se sumaran en el Estado de México, y como siempre pide que se incorporen sus potenciales aliados?, ¿o estará dispuesto a compartir sus canicas y les ofrecerá un gobierno de coalición? Me temo que AMLO será idéntico a sí mismo y exigirá sumisión para entrar a su reino. Y eso puede costarle muy caro.

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