Fidel Castro vivió lo suficiente

A Fidel Castro, ex presidente cubano y líder revolucionario, le alcanzaron los 90 años para ver la historia construirse frente a él.

Por Fernando Montiel / Fotografía Getty Images

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1. El tiempo
Fidel Castro vivió lo suficiente. Vivió lo suficiente para ver el surgimiento de un mundo caracterizado por la locura nuclear (MAD = Mutual Assured Destruction) –en la que jugó un papel con la crisis de 1962– y su caída; vivió lo suficiente para ver la imposición triunfalista de un modelo económico cruel y excluyente –que los ingenuos llamaron El Fin de la Historia (Fukuyama, 1992)– y su caída en el descrédito; vivió lo suficiente para ver un mundo unipolar y su pronta caída frente al surgimiento de bloques regionales; vivió lo suficiente para ver el triunfalismo de lo que los estrategas llamaron “la primera, única y última superpotencia mundial.” (Brzezinski, 1997) y su degradación al clasismo y al racismo más ramplón. Vivió lo suficiente para ver también, antes de todo esto, los prolegómenos de lo que los teóricos llamaron la Aldea Global (McLuhan, 1962), sus potenciales y amenazas.

Fidel Castro vivió lo suficiente para ver más allá de lo inmediato. Diez presidentes estadounidenses fueron y vinieron entre aquel 1959 en el que subió al poder y el 2008 cuando bajó de él. De la tolerancia pasiva inicial (Eisenhower), pasando por la hostilidad creciente y la crisis (Kennedy) y de vuelta a la pendular distención-tensión de una administración a otra. Ni siquiera el cambio de juego que representó la llegada de Reagan y la Segunda Guerra Fría y correspondiente disolución del bloque socialista pudo impedir que el dirigente cubano cantara una y otra vez: veni, vidi vici.

Ahí estuvo la Revolución Cubana contra viento y marea, con la Unión Soviética detrás de ella entre los años 60 y 80 y también sin ella durante el llamado “Periodo Especial” de los años 90. ¿Y en el siglo XXI? La revolución siguió y Fidel Castro también. Y ahí vale preguntarse ¿por qué nadie recuerda los ridículos de sus detractores? ¿o qué nadie recuerda que Andrés Oppenheimer publicó –con un margen de error de un cuarto de siglo como señala el politólogo Hervey Rivera- La hora final de Castro en 1992? ¿Y la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA) y sus terroristas como Luis Posadas Carriles? ¿Por qué nadie los recuerda en estos días? Víctima de sus contradicciones internas, la FNCA mostró una cohesión y coherencia teórico-práctica inferior a la de la revolución en Cuba, por eso aquella se debate hoy en entre la indiferencia y el olvido mientras que en Cuba la nave va.

Y Fidel Castro vivió lo suficiente para verlo.

Foto: Elizabeth Frey / Stringer-Hulton Archive / Getty Images

Foto: Elizabeth Frey / Stringer-Hulton Archive / Getty Images

2. La violencia
Fidel Castro vivió lo suficiente para ver los límites de la teoría; vio y reconoció que el éxito de la vía armada al cambio social era más una excepción que la norma. Salvo por su propia experiencia en el movimiento 26 de julio contra Fulgencio Batista en 1959 y el triunfo del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) veinte años más tarde contra Anastasio Somoza en la Nicaragua de 1979, la violencia de las organizaciones político-militares que luchaban contra las dictaduras fue vencida por una violencia peor: aquella de la Doctrina de los Estados de Seguridad Nacional que articulada y materializada por vía de la Operación Cóndor –particularmente en Brasil, Uruguay, Argentina, Paraguay y Bolivia– las aplastó con tortura, encierro, destierro, desaparición y muerte sistemática en toda la región. Fue esa la enseñanza de la historia que el Comandante Castro aprendió y compartió en 1998 al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en México:

“Yo no recomendaría la lucha armada…ha habido dos épocas: la época en que surge la Revolución Cubana y la época actual. Esto no niega que pueda haber casos y circunstancias aisladas en que algunos movimientos políticos se veían obligados a recurrir a las armas. Quiero decir con esto que, en cierto momento, fue un método de aplicación universal… no lo es hoy. Hoy no podríamos estar predicando la lucha revolucionaria de ese tipo en América Latina.”

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(Proceso. Mayo 30, 1998).

Pero Fidel Castro vivió lo suficiente también para ver cómo la historia refutaba a sus detractores quienes veían en sus denuncias constantes de intervención extranjera y maquinaciones oligárquicas poco más que paranoia, demencia senil o acusaciones anacrónicas de tiempos ya inexistentes. Los golpes de estado organizados desde arriba y desde afuera en todo América Latina le dieron la razón. Tan solo en lo que va del siglo XXI los ejemplos son numerosos: la intentona golpista en Venezuela contra Hugo Chávez (2002), el golpe contra contra Jean Bertrand Aristide en Haití (2004); el intento golpista contra Evo Morales en Bolivia (2008); el golpe contra Manuel Zelaya en Honduras (2009); el intento golpista contra Rafael Correa en Ecuador (2010); el golpe contra Fernando Lugo en Paraguay (2012) y más recientemente en Brasil el golpe de estado de facto contra Dilma Rousseff (2016).

Fidel Castro pues, vivió lo suficiente para ver que si bien es cierto algunas lógicas del poder del siglo XX eran diferentes a las del siglo XXI, otras eran exactamente las mismas.

Foto: Sven Creutzmann/Mambo Photo / Contributor / Getty Images

Foto: Sven Creutzmann/Mambo Photo / Contributor / Getty Images

3. La paz
Fidel Castro vivió lo suficiente para ver también cómo la solidez en el curso rendía sus frutos. El Comandante Castro distinguió entre pueblos y gobiernos, incluso –y tal vez particularmente– con sus adversarios. Vale recordar como testimonio sus palabras cuando tuvo lugar la tragedia del 11 de septiembre del 2001 en Estados Unidos:

“en esta hora amarga, nuestro pueblo se solidariza con el pueblo estadounidense y expresa su total disposición a cooperar, en la medida de sus modestas posibilidades, con las instituciones sanitarias y con cualquier otra institución de carácter médico o humanitario de ese país, en la atención, cuidado y rehabilitación de las víctimas.”
(La Jornada. Nov. 12, 2001).

El Comandante Castro vivió lo suficiente para ver cómo la historia lo absolvía año con año en el seno de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en la votación de la resolución contra el embargo contra Cuba; vivió lo suficiente para ver cómo sus adversarios –por boca de su voz más autorizada– reconocían su error con respecto del embargo (“Se trata de una política de hace más de 50 años que no ha dado buenos resultados –dijo Barack Obama en rueda de prensa” (Vanguardia. Dic. 17, 2014)– y todavía más: vivió lo suficiente para ver cómo a las palabras seguían las acciones con titulares impensables: “Estados Unidos se abstiene de votar en resolución sobre embargo a Cuba en la ONU” (CNN. Oct. 26, 2016).

4. La vida
A él no lo derrotó el terrorismo con sus 600 intentos de asesinato patrocinados por los Estados Unidos ya documentados ad nauseam. No lo derrotó tampoco el dios Jano de la política con sus múltiples caras, ni el Caribdis del fanatismo político o el Escila de la ideología. No, a Fidel Castro lo derrotó algo más básico e inapelable: la biología.

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