Bob Dylan: En defensa de un Nobel extraño

¿Quién tiene la última palabra para decidir si Bob Dylan merece el Premio Nobel de Literatura?, ¿quién tiene la última palabra para definir al arte?

Por Isabel Ibáñez de la Calle / Fotografía Xavier Badosa*

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Advertencia, si eres de los que piensa que el premio Nobel de Literatura 2016 es un error imperdonable, este artículo no es para ti. De lo contrario, sigue leyendo.

Pocas veces en mi vida me ha tocado ser testigo de tantos comentarios respecto a un Nobel de Literatura, premio lleno de leyendas y clichés, “que si a Borges no se lo dieron por dejarse condecorar por Pinochet”, “que si Sartre lo rechazó por ser fiel a sus principios”, “que si es un premio por demás político y no mide realmente la calidad literaria”, “que si Murakami se quedará esperando toda su vida”, “¿cómo es posible que no se lo dieran a Joyce?” y un larguísimo etcétera. Sin duda, Bob Dylan estará en ese mundo lleno de frases hechas respecto al premio más codiciado de las letras.

Día para la posteridad
Jueves 13 de octubre de 2016, abro mi Facebook y miro cientos de actualizaciones anunciando que “la respuesta está en el viento”. Para algunos, por fin los académicos se atrevieron a salir de su burbuja para ser testigos de lo que mueve a la sociedad del siglo XXI; para otros, indignante que se compare a alguien como Dylan con Thomas Mann, Juan Ramón Jiménez u Octavio Paz, literatos de tradición, verdaderos merecedores de respeto artístico.

Es curioso que deba hacerse una apología sobre un Premio Nobel, ¿acaso no es suficiente con recibir un reconocimiento de tal envergadura?, ¿no se supone que los miembros de la Academia sueca saben lo que hacen?

Fotografía: Bob Dylan; por Xavier Badosa en Flickr. Utilizada bajo la Licencia Creative Commons Attribution 2.0 Generic.

Fotografía: Bob Dylan; por Xavier Badosa en Flickr. Utilizada bajo la Licencia Creative Commons Attribution 2.0 Generic.

Los seres humanos podemos ser bastante contradictorios: si nombran a un turco, a una austriaca o un sudafricano a quien la mayoría desconocemos por completo, otorgamos suficiente crédito al veredicto, “algo bueno ha de tener un escritor para que le den el premio más importante de la literatura”, pensamos. Y bueno… ya que le han dado el triunfo, merece una oportunidad en nuestro librero. Por eso hemos comprado novelas de Pamuk, Coetzee, Elfriede Jelinek, Doris Lessing, Gao Xingjian, cuyo talento es reconocible, independientemente de nuestro gusto personal.

Pero eso sí, basta con que el galardonado sea una voz súper conocida, haya sido una influencia incuestionable para los grupos más aclamados de las últimas décadas como The Beatles, The Rolling Stones, The Who, Pink Floyd, U2, Cranberries, Oasis, Richard Ashcroft, entre muchos otros, y de paso haya movido los corazones de toda una generación para que su nombramiento nos parezca cuestionable y nos rasguemos las vestiduras porque se confirme que un tipo con guitarra es poeta de verdad.

Bien es cierto que el hecho de ser famoso no le otorga a nadie el boleto a la inmortalidad literaria; pero quizás es buena idea quitarnos el prejuicio de que si el arte es popular, entonces debe ser malo o deficiente. ¿Existirá algún criterio cercano a lo objetivo para juzgar —en la medida de nuestros gustos y posibilidades— si Dylan es un buen escritor?
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Fiscales y defensores
Para saberlo, decidí acercarme al poeta y músico Jorge Luján, autor de cuatro decenas de libros traducidos a muchos idiomas, como Brunilda y la saga del anillo —inspirado en la mitología nórdica y el ciclo del anillo wagneriano—, y compositor de canciones poéticas (su más reciente disco, Caminando sobre el fuego, a dúo con la cantante de ópera, Lourdes Ambriz, puede descargarse en Bandcamp). Recuerdo que en algún momento disertábamos sobre literatura: él como conocedor de Joyce, admiraba su sagacidad literaria, yo criticaba que se tratara de algo alejado del sentir general. “Eso no puede ser el arte”, me atreví a decir en un arrebato del que no me siento orgullosa en este momento. “Eso también es el arte”, contestó Jorge con ecuanimidad. ¿Acaso Bob Dylan también es el arte? He aquí su respuesta.

“Aceptar que la canción popular es un género literario me parece un paso necesario, impostergable. Sin duda la mayoría de las canciones que se escuchan en la radio están a años luz de la poesía, pero ocurre lo mismo con cualquier otro género, ¿cuántas novelas de las que se publican pueden considerarse realmente literatura?, se pregunta Luján y continúa, “hace ya décadas que las fronteras entre los géneros literarios se han debilitado, generando territorios compartidos. Lo confirman obras de Octavio Paz, Claudio Magris, Henri Michaux, Michel Tournier, W.G. Sebald e incluso Svetlana Alexiévich. Al premiarla a ella el año pasado, la Academia reconoció su esfuerzo por sacar a la luz aquello que el poder y la historia suelen ocultar y también amplió el horizonte de lo que se entiende por literario”.

“En el caso de Bob Dylan”, prosigue, “son numerosos los indicadores de que la poesía nació para ser cantada: desde antes de Homero, pasando por los textos de los trovadores, hasta Leonard Cohen a quien con justicia se le otorgó el premio Príncipe de Asturias de las Letras. A algunos se les paran los pelos porque Dylan desolemniza la poesía, la vuelve callejera, irónica, provocativa, desfachatada. Su energía creativa, que da voz al desterrado en su propia tierra y denuncia con ira la guerra, alcanza una cima ríspida y luminosa dentro de la tradición poético musical estadounidense. Es un viento rudo al que no detienen los muros de la norma y habla a los jóvenes de corazón de todo el planeta”, plantea el escritor.

Mi alma filosófica me lleva a insistir si la denuncia y la naturaleza de la poesía son suficientes o existe algo más en la poesía de Dylan, algo que quizá no tengan otros cantautores. “Bob Dylan introduce términos vivos en el lenguaje, no escoge cualquier palabra, es un escritor que refleja el mundo en el que estamos, ¿acaso vivimos en un entorno elegante y refinado?, ¿acaso creemos en las ceremonias presidenciales o en los protocolos de la realeza? La vida actual es tremendamente dura, y Dylan refleja esa realidad. Pienso que las razones para validar su escritura son sólidas y fuertes. Baste con recordar las palabras de Leonard Cohen en el momento en que se enteró de la noticia: ‘Otorgarle el Nobel a Dylan es como premiar al Everest por ser la montaña más alta’”, concluye el poeta Jorge Luján.

El que esté en completo desacuerdo que tire la primera piedra… sólo pedimos que la pedrada se base en algo más profundo que cuestionar su fama, el hecho de ser un cantautor o la alusión infundada de que la literatura es otra cosa, ¿qué cosa es?, ¿quién tiene la última palabra para definir al arte? Para saberlo quizá debamos “tocar las puertas del cielo”.

La Academia dice:
“El Premio Nobel de Literatura 2016 se le otorga a Bob Dylan por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción”.
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