A regenerar el arte mexicano

La galería OMR, referente en la escena de la Ciudad de México, deja su sede en la Plaza Río de Janeiro para cambiar de espacio, aires y visión.

Por Roberto García Hernández / Fotografía Camilo Christen

Hablar de la galería OMR y de su historia es, en buena medida, hablar de la historia del arte mexicano reciente. Fundada a principios de los ochenta en una vieja casona de la Roma, ésta ha sido un agente importante para entender los cruces y directrices del arte contemporáneo en México. Por sus salas han pasado figuras clave del arte nacional como Manuel Álvarez Bravo o Alberto Gironella, artistas esenciales en los últimos años como Melanie Smith, Rubén Ortiz Torres, Germán Venegas y Javier de la Garza, sin olvidar a nombres internacionales como Manuel Ocampo, Candida Höfer o James Turrell.

Patricia Ortiz Monasterio y Jaime Riestra, fundadores de Galería OMR.

Patricia Ortiz Monasterio y Jaime Riestra, fundadores de Galería OMR.

“Era el año de 1983 y nosotros estábamos muy jóvenes, había un cierto grado de inocencia”, recuerda Patricia Ortiz Monasterio en entrevista para Gatopardo, quien antes de fundar la galería a lado de su esposo, el también cineasta Jaime Riestra, trabajó como asistente de Fernando Gamboa —considerado el creador de la museografía en México—. “Nos dimos cuenta que hacía falta una galería que representara a nuestra generación”.

OMR apareció en el horizonte de la ciudad con un espíritu fresco y desenfadado que despertó de inmediato el interés y la curiosidad de la comunidad artística al presentar lo que ocurría en ese momento con los jóvenes artistas nacidos en los años cincuenta. Con el paso de los años, sus creadores fueron aprendiendo a ser galeristas, a trabajar profesionalmente y desarrollar una manera de hacer las cosas. Crecieron junto con sus artistas, experimentando nuevas prácticas y probando nuevas formas de mostrar el arte. “No pasamos por la escuela de curaduría, no existía en ese momento”, asegura Ortiz Monasterio. “Hoy descubrimos que no puedes tener una manera de hacer las cosas y clavarte sólo en eso y no cambiar. Porque los tiempos te dejan atrás, el mundo va cambiando”.

La prueba de esto es “Plaza Río de Janeiro 54, 1983-2015”, exposición que hasta el pasado mes de noviembre exhibió toda la obra que OMR resguardaba en sus bodegas. Sin más criterio que ordenar a sus artistas alfabéticamente, la exposición dejó al descubierto pilas de pinturas, dibujos, fotografías, anaqueles llenos de cajas, esculturas, catálogos y carpetas. Fue una experiencia alucinante que reveló las entrañas de una galería con 32 años de historia y una cantidad de nombres imposibles de enlistar. “Lo que hicimos fue voltear la galería al revés. Es como abrir el alma. Esto es lo que ha sido OMR”, dice Ortiz Monasterio sobre la exposición que celebró el cierre del primer capítulo de su galería, que se muda a un nuevo espacio en la calle de Córdoba, en la colonia Roma.

Más allá del cambio de sede, que se ha venido gestando en los últimos tres años, la galería buscará dar un giro en la manera de producir y presentar el arte. Primero, creando un espacio mucho más amplio, que responda a los cambios del arte y la museografía actual, para luego transformar las maneras en que el público piensa el arte. “La idea fue pasar de un espacio de exhibición tradicional donde la pieza de arte se presenta como algo que ya pasó, a un espacio que permita la generación de la cultura, más no la presentación”, dice Cristóbal Riestra, director general de OMR y quien se hará cargo de esta nueva etapa que comienza en febrero de 2016 con una muestra individual de Jorge Méndez Blake y, después, con el proyecto “Translocaciones”, una colaboración entre el colectivo tijuanense Torolab y el colectivo catalán Idensitat, que presentarán una serie de conferencias, talleres y ciclos de video al que invitarán a otros artistas, curadores y pensadores a discutir temas de migración, localidad y movilidad.

“Lo que estamos buscando es mirar el espacio expositivo más como una plataforma”, dice Riestra, “me parece que el arte es un agente para la transformación hacia lo positivo. La idea es, poco a poco, modelar el mundo como queremos que sea”.

Éste pase de estafeta no es sólo un cambio generacional, sino un cierre de ciclos que era necesario dar en un agitado mercado del arte cuyas reglas son cada vez cambiantes y difusas. Se trata de continuar en ése espíritu, adaptarse y evolucionar en una escena completamente distinta a la que vio nacer a OMR. “Nosotros, finalmente, hicimos la galería a nuestro entender, sobre las rodillas, sin tener una preparación específica para ser galeristas. En la actualidad, las galerías tienen otra manera de hacer las cosas, y si quieres mantenerte en esa actualidad y quieres tener a los artistas que quieres tener, la manera de interactuar con el arte, con los coleccionistas y los museos. Teníamos que dar esa vuelta”, concluye Ortiz Monasterio.

Galería OMR

Córdoba 100, Colonia Roma, Distrito Federal
galeriaomr.com

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