Cándida Höfer expone en el Antiguo Colegio de San Ildefonso

Candida Höfer expone en San Ildefonso una serie de fotografías en gran formato de espacios arquitectónicos dedicada a México.

Por Roberto García Hernández

La arquitectura siempre ha tenido a las disciplinas artísticas como aliadas, desde las grandes catedrales que emplearon a pintores, escultores y vidrieros, hasta las tecnologías digitales de iluminación que hoy en día dan una nueva identidad a los edificios. No obstante, ninguna disciplina es más cómplice que la fotografía, donde la cámara capta los espacios de maneras que resulta difícil imaginar.

Quién mejor para hablar de esta reconfiguración de lo arquitectónico que la alemana Candida Höfer (Eberswalde, 1944), quien con sus fotografías de gran formato de interiores de museos, salas de ópera, palacios o bibliotecas ofrece al espectador la oportunidad de reimaginar aquello que suele suceder en estos espacios y, a la vez, crear una experiencia y mirada distintas.

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Impresiones Sombra (2015).

Höfer trajo a México esta investigación, que conforma su primera exposición individual en un museo de nuestro país. Organizada por el Antiguo Colegio de San Ildefonso, la exposición “Candida Höfer en México” presenta una serie de 38 fotografías de edificios icónicos del país que va mucho más allá del registro arquitectónico. Su obra propone un diálogo con la identidad social de los espacios institucionales y, con sus impresionantes tomas, abre la posibilidad de convertir la fotografía en una experiencia escultórica.

La artista declara con frecuencia que su obra no son fotografías de arquitectura, sino “retratos de espacios que se han convertido en presencias”, dice en entrevista Ery Camara, coordinador de exposiciones en San Ildefonso. “Las atmósferas envolventes que Candida crea son también ecos, reverberaciones de historias y son intrínsecas a los edificios.”

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Iglesia de San Jerónimo Tlacochahuaya I (2015).

Un acercamiento distinto a la relación entre el espacio y la presencia se da en las fotografías del Museo Nacional de Antropología —parte de la exhibición—, en las que vemos en primer plano a una multitud de personas: figuras en una maqueta que representa el tianguis de la antigua Tenochtitlan. Patricia Ortíz Monasterio, de la galería OMR, explica la imagen: “No hay espacios en las ruinas, en los templos que quedan, donde sea posible hacer tomas interiores como las que Candida hace. Seleccionamos entonces la Sala Mexica del museo. La toma de la maqueta es interesante, porque en un espacio vacío donde no hay presencia humana, vemos quizá la huella del paso del hombre, y ella decide tomar una maqueta de puros seres humanos. Y eso habla de la historia, del trueque, de ese mundo prehispánico”.

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Convento de Santo Domingo Oaxaca IV, de 2015.

Sus fotografías invitan también a reparar en detalles a menudo desapercibidos cuando uno está ahí físicamente, como la suntuosa ornamentación de la iglesia de San Jerónimo Tlacochahuaya, en Oaxaca, o el Teatro Juárez, en Guanajuato, del que podemos examinar a fondo, quizá por primera vez, la decoración morisca de sus muros y balcones. “El trabajo interior que muchas veces no vemos, distraídos por el espectáculo, aquí sí lo podemos apreciar detenidamente. La fotografía permite al ojo humano ver cosas que sin ella no podría”, dice Camara.

La gran virtud de la exposición es sugerir en los espacios que creemos conocer perspectivas que en algunos casos sólo serán visibles en estas fotografías. La luz que Höfer arroja sobre los espacios de por sí luminosos es la misma luz que inunda sus fotografías y que guía nuestra mirada dentro de ellas, de lo que sucede del otro lado de la cámara.

Candida Höfer en México
Hasta el 30 de julio
Antiguo Colegio de San Ildefonso
sanildefonso.org.mx

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