Frank Turner

Un hombre y su guitarra

El músico británico Frank Turner visitó México para promover el décimo aniversario de su álbum debut como solista, “Sleep Is for the Week”.

Por Marcela Vargas

Más allá de los guitarrazos, los amplificadores sin ecualizar, el cabello en picos y los tatuajes por todo el cuerpo, el punk es una actitud ante la vida. “Para mí, es crearte a ti mismo. Es tu derecho a definir quién eres”, dice Frank Turner, músico británico que se mueve entre el folk y el punk, en entrevista con Gatopardo. “Cuando mis padres me enviaron a un internado, dije ‘¡Al diablo! ¡No seré esa clase de chico! Seré algo distinto’.” Se convirtió es un exitoso rockero que celebra diez años como solista y que recientemente tocó su show número 2000 –lleva la cuenta–, en Nottingham, Inglaterra. Sentado en la zona de descanso de Mercado Roma (Querétaro 225, Roma Norte), Frank Turner charla animadamente sobre el punk, su carrera sobre el escenario y su optimismo natural.

Este año, el músico lanzará la reedición por el décimo aniversario de Sleep Is for the Week, su primer álbum tras su separación de la banda post-hardcore Million Dead. Con esta segunda visita a México –la primera fue a finales de 2015–, Frank Turner quiere asegurarse de sentar una base sólida para incluir al país en sus próximas giras internacionales. “La primera vez que vine, creo que llegué sin proponérmelo ¡y nos la pasamos increíble!”, cuenta. “Parcialmente fue porque había recibido muchos mensajes desde aquí, de gente a la que le gusta mi música, pero también fue porque no quiero ser alguien que sólo toca en Estados Unidos y Europa. Para mí tocar en México o en Israel o en Rusia es igual de válido que tocar en Francia o cualquier otro lado”.

“Sin tratar de hacerme sonar como un maldito héroe, el mundo como que está quitando puentes, cerrando las fronteras… y no es que los músicos vayamos a cambiar al mundo, pero una cosa que puedo hacer es ir a lugares nuevos”, agrega. “Cuando [en casa] votaron a favor del Brexit [para separar al Reino Unido de la Unión Europea], mi primera reacción fue ‘Quiero ir de gira a Europa’, porque había un elemento xenofóbico en ese voto y quise dejarle claro a mis amigos en Europa que yo no estaba de acuerdo”.

"Sleep Is for the Week", de Frank Turner

Portada original de “Sleep Is for the Week” (2007), editado por Xtra Mile.

Sus presentaciones en México a principios de 2017 fueron las número 2001, 2002 y 2003 en su lista; sets acústicos para alrededor de 150 asistentes en los que solo él, su guitarra y su amplificador se enfrentaron al público. En estos shows interpretó canciones de su material más reciente –Positive Songs for Negative People (2015)–, estrenó un tema inspirado por la llegada a la presidencia de Estados Unidos de Donald Trump y recordó algunos cortes de Sleep Is for the Week, un disco que recuerda con cariño pero que quizá no volvería a grabar de la misma manera. “Siempre he sentido que los discos son fotografías de cosas vivas. Las canciones no dejan de crecer y modificarse [con el tiempo]. Conservan las mismas palabras y acordes, pero eso es un esqueleto que puedes disfrazar de muchas maneras. Es como mirar la foto de hace diez años de uno de tus hijos: es interesante pero no es lo que lo define por completo. Hay pedazos del álbum que haría muy distintos hoy en día, pero siempre estaré orgulloso del resultado final”.

Frank Turner escribe canciones autobiográficas, de modo que escuchar sus discos de manera cronológica puede dar una idea bastante clara del crecimiento emocional y musical del autor. En Sleep Is for the Week, publicado cuando tenía 25 años, Turner simultáneamente alaba y repudia la vida como músico trotamundos: detesta las resacas, pero ama vivir las mejores anécdotas; está enojado con su padre, pero se sabe un adolescente difícil; quiere encontrar el amor, pero a veces no recuerda qué pasó en todo un fin de semana. A sus 25 sonaba enojado, pero a sus 35 se percibe alegre, entusiasta, como si nadie pudiera vencerlo. “A pesar de mis esfuerzos, la música usualmente me convence de ser un optimista. Tanto la música que escucho como la que escribo”.

Antes escribía sobre haber decepcionado a su niño interno y se lamentaba de no poder cumplir sus sueños, hoy llena estadios en su natal Inglaterra y pasa el año entero de gira, con apenas un par de semanas de vacaciones en la mezcla. “En mis primeros discos creo que intentaba ser viejo antes de que me tocara,” reflexiona. “Me desilusioné un poco de la vida cuando era muy joven, porque me enamoré del punk como un ideal, fue mi ‘huir de casa para unirme al circo’. Tenía una idea muy pura de lo que sería esa comunidad y me decepcionó profundamente. A los 20 años es muy pronto para sentirte así”.

Frank Turner & The Sleeping Souls, en vivo.

Frank Turner & The Sleeping Souls, en vivo. Mayo de 2016. Fotografía: Lotte Schrander.

Diez años después, Frank Turner encabeza su propia revolución para convertir a la escena del punk en esa comunidad platónica con la que soñaba en la adolescencia. “No solo en mi música, sino en cómo me presento… yo elijo a mis bandas teloneras, apoyamos a grupos como Safe Gigs 4 Women [una iniciativa para construir un ambiente seguro para las mujeres en conciertos]… Mis amigos dicen que hago esas cosas para construir la escena utópica que quiero. ¡Y tal vez así sea! No hay nada de malo en eso. En la vida tienes control sobre muy pocas cosas y una de las cosas que puedo controlar o manejar es cómo se viven mis conciertos y mientras pueda usaré eso para construir algo que valga la pena”.

Sin embargo, Turner tampoco cree que salvar al mundo sea un asunto tan sencillo como tocar dos horas de música rock para cambiar conciencias. “Bob Dylan no resolvió el Movimiento por los Derechos Civiles, tranquilos. Lo que hizo fue conectar los sentimientos de una generación y ponerlos en palabras, de forma histórica e importante por sí misma”, afirma. “Creo que la música es una fuerza increíblemente poderosa a nivel individual y a veces eso se filtra a la sociedad. Pero no vas a solucionar el conflicto entre Israel y Palestina con una canción. Necesitas tener la humildad para aceptar lo que puedes lograr como artista. Una vez que tengas eso ubicado, debes salir y hacerlo [lo mejor que puedas]”.

Parte de esa convicción de que el mundo puede ser un mejor lugar nace de la energía con la que Frank Turner se planta en cualquier escenario. Desde la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres en 2012, pasando por un estadio lleno en Boston y hasta una pequeña esquina en un bar de la colonia Roma, no hay escenario en el que Turner no cautive a la audiencia. Se divierte sin pena y disfruta cada momento como si fuera el mejor de su vida. “Tal vez sea egoísta, ¡pero es que es mi cosa favorita en el mundo! ¡Amo lo que hago! Me lo paso sensacional,” sonríe, recordando aquellas ocasiones en que la prensa de su país lo criticó por no ser irónico, por no parecerse a esas bandas indie que subían a tocar como si les causara fastidio. “¡Nada de eso era una crítica negativa para mí! Me encanta tocar en conciertos, ¿por qué no lo amaría? Puedo expresarme y tener mi catarsis de una manera que también hace que la gente se la pase bien. ¡Eso es genial! Es lo mejor que hay en el mundo, ¿no?”

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