Temporada de huracanes Fernanda Melchor escritora mexicana portada

La soledad del mundo

Leer a Fernanda Melchor es desarmarse ante la violencia. Su última novela, Temporada de huracanes, explora las ansiedades de una comunidad en el desamparo.

Por Selene Mazón

Fernanda Melchor escribe desde la tristeza y la miseria. Tiene 35 años de edad, pero en el fondo se considera “una morra de catorce” que, al igual que muchos en esa etapa de confusión, lucha por encontrar su lugar en el mundo. Escucharla hablar es un viaje en montaña rusa: frenético y apasionante. “Mis amigos me dicen que soy muy desmadrosa, pero más bien soy una persona triste”, dice en entrevista. Pero, más allá de cualquier afirmación, su principal delator son las líneas que componen sus relatos; una prosa provocadora que no escatima en desafiar a su lector.

Para Melchor, los seres humanos son islas que coinciden en un mar común: un mundo de “soledades acompañadas terribles y multitudes solitarias dolorosas” que hay que poner en papel para darle sentido. “Escribir ficción es como agarrar esos pedazos que están rotos, dispersos, y crear algo con el fin de entenderlo”, expresa.

Oriunda de Veracruz, aquella comarca de calor de infierno y tierra fértil de nota roja, Melchor escribe para entenderse a sí misma. Es licenciada en Periodismo por la Universidad Veracruzana, y tiene una mención en Ciencias Políticas por el Institu d’ Études Politiques de Renne, Francia. Es autora de un libro de crónicas —Aquí no es Miami (2013)—, dos novelas —Falsa Liebre (Almadía, 2013) y Temporada de huracanes (Literatura Random House, 2017)— y varias piezas periodísticas para diversos medios, entre ellos Vice y Letras Libres. En 2015, fue seleccionada como una de las 20 promesas literarias menores de 40 años y mayores de 20 en una antología que editó Conaculta con apoyo del Consejo Británico y el Hay Festival, la cual se presentó en la Feria del Libro de Londres.

Temporada de huracanes Fernanda Melchor escritora mexicana int1

Originaria de Veracruz, Fernanda Melchor es una de las cronistas más nobles de su generación

Su novela Temporada de huracanes empezó con una nota roja que Melchor encontró en un periódico local hace más de cinco años: la muerte de un brujo a manos de su amante. Más allá de ser una novela policiaca, dicho crimen es sólo el pretexto para revelar un universo mucho más complejo. La mayoría de sus personajes parecen ser simples, pero basta un par de líneas y páginas más adelante para descubrir los demonios y las pesadillas que, sin saberlo, los condenan a un círculo vicioso.

El desamparo es el eje que cruza las vidas de estos habitantes de un pueblo olvidado: desde el familiar, de padres que se van, de abuelas que crían nietos, hasta el gubernamental, de autoridades ausentes e indiferentes. Esta atmósfera de abandono sume a sus protagonistas en una realidad mecanizada, vacía, sin sentido, y que justo por esa misma condición es imposible juzgar.

Y es que, al final de cuentas, Melchor escribe para aquel adolescente que habita en las inseguridades y los miedos de muchos adultos. Leer sus novelas es entrar en contacto con aquella etapa de amnesia donde los complejos e incertidumbre son comunes a todos. La intensidad de esas emociones ha sido el material para sus dos novelas, que logran que el lector se identifique con situaciones indeseables. “Tal vez escribo sobre la tristeza porque nos une a todos y todos la podemos entender”, señala.

En Temporada de huracanes, Melchor prestó especial cuidado para que en ningún momento apareciera la palabra “amor” o cualquier combinación que lleve esas letras. “Ahí los personajes se enculan, se encandilan, pero no se enamoran”, precisa. Y, sin embargo, si uno se detiene a reflexionarlo más, se trata de un relato desesperado de amor, o mejor dicho, sobre la imposibilidad de éste al no haber sido nunca experimentado.

Al respecto, Fernanda Melchor enfatiza: “Claro que es una novela de amor, sólo que los personajes nunca lo encuentran. Es ese algo que te falta tanto que ni siquiera sabes cómo es. Y aunque lo encontraran, no importa, porque para qué sirve el amor si todos se están ahogando, si todo está de la chingada”.

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