Líneas en el espacio

Reconocido por intervenir grandes espacios por medio de un elemento tan simple como una línea, Fred Sandback se presenta en la galería Proyectos Monclova.

Por Roberto García Hernández / Fotografía Fotografía Moritz Bernoully / Cortesía Proyectos Monclova

Reconocido por intervenir grandes espacios por medio de un elemento tan simple como una línea, Fred Sandback se presenta en la galería Proyectos Monclova.

Aunque no formó parte de la generación del minimalismo norteamericano —la corriente que cuestionó la noción del objeto artístico al reducirlo a sus componentes más básicos—, quizá no exista un artista que haya llevado al límite sus conceptos y formas como Fred Sandback.

Fred Sandback.

Fred Sandback.

Nació en 1943 en la meca del minimalismo, Nueva York, donde estudió filosofía y una maestría en arte, mientras que gente como Donald Judd, Carl Andre o Sol LeWitt definían ya los parámetros de la nueva escultura norteamericana. Sandback llevaría hasta sus últimas consecuencias la tarea de modificar el espacio con el mínimo de elementos al utilizar la línea como único recurso en esculturas hechas con cuerdas. En estas piezas, desarrolladas por primera vez en 1966 y que continuaría hasta el final de su carrera, Sandback alteraba salas completas apenas con un gesto tan leve como una línea de hilo, a veces casi invisible, que hacía reconocer al espectador su posición dentro del espacio y advertir aspectos antes desapercibidos, como la luz.

Quizá sea éste el motivo por el que la primera muestra de Sandback en una galería mexicana lleve por nombre “Las propiedades de la luz”. Organizada por la galería Proyectos Monclova en conjunto con el State of Fred Sandback, la muestra presenta cinco esculturas de hilo acrílico, además de una selección de más de 25 dibujos que van de los años sesenta hasta los 2000. Éstos dan cuenta de la manera en que el artista imaginaba el espacio como una materia capaz de ceder ante la apabullante simplicidad de sus líneas de hilo. “Sandback decía que él no era un ‘environmental artist’ ”, cuenta Polina Stroganova, directora de la galería, “decía que no quería mortificar una situación, sólo quería complicarla”.

De manera conjunta a la muestra, se realizó una serie de intervenciones en tres de los recintos más importantes del arquitecto Luís Barragán, cuyo trabajo Sandback visitó en su último viaje a México en 2002. “Sandback fue al convento de las Capuchinas en Tlalpan y el efecto de la sombra de la luz que se crea en el altar le impactó. Vio varios elementos que también están presentes en sus piezas”, explica Stroganova. Este interés había quedado detenido por su muerte, un año después, pero hoy finalmente encontró forma en la instalación de varias esculturas en la Casa Estudio Luis Barragán, Casa Gálvez y Casa Gilardi. Ahí muestran cómo su trabajo se adaptaba a cualquier espacio sin ceder ni preponderar sobre elementos arquitectónicos, sino dialogando con ellos. “De hecho las piezas realmente no buscan acaparar la atención, sino que coexisten con la arquitectura de Luis Barragán”, dice Stroganova.

Dentro de la enorme galería en Proyectos Monclova, en la Ciudad de México, las esculturas de Sandback tienen la cualidad única de reconfigurar el espacio por completo o pasar totalmente desapercibidas. Sus líneas no tienen interior ni exterior, y con frecuencia ni siquiera tienen sombra, tan sólo aparecen flotando como si fueran dibujos. Cuando el espectador reconoce que el espacio habitado por esta línea es el mismo que el nuestro, éste se acerca a ella, la rodea, y pronto da cuenta que este hilo coloreado dirige sus movimientos y, con ello, crea un espacio distinto. Así sucede con Untitled (Sculptural study, Inverted leaning triangle, 1990), un triángulo invertido que se reclina contra uno de los muros, de manera similar a los rayos de luz que entran por el techo.

“Lo que es muy importante en toda la práctica de Fred Sandback es que realmente la pieza nunca es la misma”, comenta Stroganova, “al final de cuentas, la vas a tener que montar una vez, y solamente ahí existe, y para el segundo montaje será diferente, porque la situación es otra. Es algo muy preciso en términos de la ejecución y el material. Aunque no deja de tener este aspecto efímero”, dice.

Las obras de Sandback no representan ni significan nada, no tienen peso y, no obstante, su presencia es poderosa, transforman grandes salas o reducidos pasillos con sólo un trazo. Con pequeñas decisiones, él generaba grandes cambios, y ésa es su mayor virtud. “Su filosofía era lo más importante. Su práctica se me hace sumamente contemporánea. Es mucho menos dogmático, muchísimo más filosófico, es algo que al mismo tiempo es poético, profundo, totalmente presente, monumnetal y minimalista. Todo el conjunto de esos aspectos lo hace espectacular”, dice la directora de Proyectos Monclova.

Sandback no construía nada que no estuviera ya allí, en el espacio. Y aunque impresionantes, a veces sus piezas no pretendían ser otra cosa que una nueva perspectiva para experimentar aquello que ya existía. Ése era su verdadero discurso: la realidad es la idea.

“Las propiedades de la luz”
Fred Sandback
Colima 55, col. Roma Norte
proyectosmonclova.com

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