El placer de contar historias

El cineasta mexicano Carlos Hagerman estrena un documental íntimo en el que reflexiona sobre el legado familiar y la proximidad de la muerte.

Por Marcela Vargas

Para Carlos Hagerman la familia es un tema fundamental alrededor del cual ha construido sus películas. Los que se quedan (2008) y Vuelve a la vida (2013) son documentales que abordan la unidad familiar desde perspectivas distintas: la primera —que codirigió con Juan Carlos Rulfo— cuenta la historia de los migrantes mexicanos a partir de las familias que dejan tras de sí cuando parten rumbo a Estados Unidos; mientras que la segunda desentraña la historia del matrimonio acapulqueño Martínez Sidney, ligado misteriosamente a la caza legendaria de un tiburón en los años setenta. En El patio de mi casa (2015), su más reciente documental que se estrenará este abril en salas mexicanas, Hagerman voltea la cámara hacia sus propios padres, un matrimonio que lleva cuatro décadas ayudando a comunidades indígenas al interior de la República mexicana.

“Sabía que quería hacer una película sobre mis padres”, cuenta Carlos Hagerman en entrevista. “El día que me di cuenta que ya se habían hecho viejos, dije ‘no quiero que me gane el tiempo’. Con esa urgencia tuve que resolver el cómo iba a hacerla.” Para contar la historia de Óscar Hagerman y Doris Galindo, el director parte de un punto culminante en la vida laboral de ambos: la decisión de ceder sus proyectos profesionales a la siguiente generación y, de esa manera, asegurarse de que no se desvanecerán cuando ellos falten.

Tanto Óscar, arquitecto, como Doris, educadora, se especializaron en el apoyo a zonas rurales y comunidades indígenas. Con El patio de mi casa, Hagerman sigue a ambos en sus recorridos por la sierra, donde han construido una “familia extendida” a partir de ahijados, discípulos y colegas, que recibirán el legado profesional del matrimonio Hagerman Galindo. “Es lo que ellos decidieron hacer con sus vidas y eso involucró a la familia extendida que generaron y que cada vez se multiplica”, cuenta. “Creo que sustituye una conversación que todos debemos tener con nuestros padres: el poder preguntarles por qué tomaron las decisiones que afectaron quiénes somos.”

La pasión de Hagerman por hacer, difundir y enseñar cine refleja el impulso vital y compromiso de sus padres con sus respectivas carreras. Además de filmar documentales, produce contenido para niños con el taller de animación Brinca, y participa como tallerista y asesor en programas de formación cinematográfica juvenil como Ambulante Más Allá —organizado por la gira de documentales Ambulante— e Identidad y Pertenencia —del Festival Internacional de Cine de Guanajuato.

Como se aprecia en sus trabajos anteriores, particularmente en Vuelve a la vida, Carlos Hagerman siente un interés profundo por el concepto de “legado” o “herencia” familiar. En El patio de mi casa explora esta idea desde expresiones tangibles como las filmaciones en Super 8 con las que sus abuelos documentaron el crecimiento de la familia. “Creo que la película habla también del legado que recibí de mis abuelos que, sin quererlo, también estaban haciendo películas… pero también habla del legado del padre al hijo y del maestro al alumno.”

En El patio de mi casa, Hagerman aborda la próxima muerte de sus padres desde una pregunta sensible pero certera: ¿cómo se prepara uno para ese momento? Con los mismos métodos socráticos que usan sus padres en la película, Hagerman plantea preguntas para que el espectador encuentre su propio camino. Esta introspección obliga a la audiencia a cuestionar su relación con las figuras paternas, con el legado que han recibido y con el futuro que les espera para construir su propio destino.

Hagerman asegura que la relación de un director con su película empieza cuando la presenta con el público. “Es a través de los diferentes públicos que logras entender lo que hiciste, a quererlo, a darte cuenta de sus defectos y a vivir con ellos”, concluye.

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