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Baby Driver y la rebeldía de Edgar Wright

El rebelde y creativo Edgar Wright regresa al cine con “Baby Driver”, un festín de acción, entretenimiento y adrenalina.

Por Miguel Martínez

Edgar Wright es un rebelde. Conocido por la llamada “trilogía del Cornetto”, Wright es uno de los pocos realizadores de la cinematografía británica de su generación que no solo ha logrado imponer su singular estilo en cada película, ya sea con poco o mucho presupuesto, sino que además ha demostrado ser redituable en taquilla. Wright siempre ha buscado la libertad creativa.

El sello de su filmografía es ir en contra de las tendencias y clichés hollywoodenses de la última década. Mientras las adaptaciones de novelas juveniles dominaban el mercado, Wright, en conjunto con sus colaboradores, apostó por realizar películas con propuesta, entretenimiento y creatividad. Tal fue el caso de Hot Fuzz (2007) y Scott Pilgrim vs. The World (2010) adaptación de la novela gráfica de Bryan Lee O’Malley, considerada como una de las mejores en el género.

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En una época donde los grandes estudios enfocan sus esfuerzos y presupuestos en producciones relacionadas con superhéroes y secuelas, son pocas las cintas que pueden competir realmente contra estos blockbusters y ser una alternativa sólida ante la saturación de la cartelera comercial. Baby Driver, quinto largometraje de Edgar Wright, representa el regreso del realizador inglés después de su despido en 2014 cuando estuvo al frente de Ant-Man, proyecto que desarrolló durante ocho años para Marvel Studios y que al final dirigió Peyton Reed (Bring It On).

Quizá Baby Driver es la película más “convencional” en el universo Wright, esto debido a la construcción de su argumento, cuyo desarrollo cae en lugares comunes: el joven que busca su libertad de un mafioso, se enamora de la chica de sus sueños e intentan huir juntos. En Baby Driver no habrá espadas legendarias para enfrentar al enemigo principal, ni una invasión zombie o una secta encargada de mantener la pureza de un pueblo, sólo encontraremos la travesía de un joven en camino hacia la madurez.

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La experiencia de Wright como cineasta es la encargada de convertir una historia convencional en un festín de acción y entretenimiento con un reparto que combina juventud y experiencia encabezado por Kevin Spacey, Jamie Foxx, Jon Hamm, Ansel Elgort, Lily James y Eiza González.

Durante toda su filmografía, Wright ha dejado en claro que la edición y la música son primordiales para el dinamismo que caracteriza su estilo cinematográfico. Por un lado, la edición de Baby Driver inyecta al espectador con la adrenalina que podría sentir un conductor en una persecusión policial. Por otro lado, la música, elemento que en el caso de Baby Driver tiene una relevancia tal que llega a coquetear con el género musical. La idea de realizar la cinta surgió de la canción “Bellbottoms” de The Jon Spencer Blues Explosion, pieza musical que figura dentro del soundtrack.

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Después de su salida de un proyecto de proporciones enormes, en Baby Driver Edgar Wright se reinventó y demostró la madurez que ha alcanzado como cineasta. Wright comprobó, una vez más, la capacidad que tiene como realizador para comandar producciones con grandes nombres en su reparto y llevar a buen puerto ideas originales en una industria que cada vez se cierra más a éstas.

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