Portada Rogue One

Rogue One: La batalla por la esperanza

Este diciembre llega al cine “Rogue One”, la primera película dentro del universo de Star Wars que no se enfoca en los Skywalker.

Por Marcela Vargas

Hay pocas sensaciones como la de entrar a una sala de cine y ver, por primera vez, una película del universo de Star Wars. Rogue One, la nueva película de esta saga, llega a cines mexicanos este 15 de diciembre para ofrecerle esa oportunidad a millones de fans de todas las edades. Dirigida por Gareth Edwards (Monsters, Godzilla) y protagonizada por Felicity Jones y Diego Luna, la cinta complacerá a los seguidores de esta ya clásica franquicia y emocionará también al público casual.

Gareth Edwards se une al panteón de directores que han llevado en sus hombros la responsabilidad de no defraudar a una de las fanaticadas más apasionadas de la cultura pop. El peso, no obstante, es distinto del que llevó J.J. Abrams con The Force Awakens, ya que Rogue One es la primera cinta de la saga que no involucra a la familia Skywalker y, por lo tanto, abre las posibilidades de introducir a nuevos héroes para cuando ese legado se termine. Esta libertad de movimiento es una ventaja que usó a su favor, ya que se permitió dar un tono más bélico a la historia de este grupo de rebeldes en busca de detener los malignos planes del Imperio Galáctico. La limitante más seria de su trama y de sus personajes estuvo sobre la mesa desde el anuncio de su producción: Rogue One ocuparía en la cronología Star Wars el espacio inmediato anterior al Episodio IV: Una nueva esperanza, el primer título de la trilogía original.

Felicity Jones es Jyn Erso en "Rogue One".

Felicity Jones es Jyn Erso en “Rogue One”.

Esta condición se aprovecha tanto de la nostalgia –tan socorrida en la cinematografía actual– como de la posibilidad de introducir a un grupo de personajes que recuerda a las películas sobre la Segunda Guerra Mundial: rebeldes, renegados, lobos solitarios que encuentran una causa en la que creer y forman una breve pero intensa relación fraternal con su escuadrón. Sin embargo, no hay tiempo suficiente para balancear por completo los guiños al Episodio IV –que prácticamente existen por temas de continuidad– y el desarrollo de los personajes de soporte para su protagonista.

La estrella que se roba Rogue One es, sin duda, Felicity Jones. Si su interpretación de Jyn Erso despertó emoción con tan sólo unas cuantas frases en el primer teaser de la película, ese furor queda justificado tras seguir su viaje en esta cinta. Con un material sencillo que invita a conocer más sobre un pasado interesante al que sólo se alude en ocasiones, Jones es el corazón rebelde que mueve montañas para lograr sus objetivos. La máscara de cinismo que construyó en su infancia para lograr sobrevivir al Imperio comienza a desmoronarse cuando un vínculo profundo con la Alianza Rebelde la pone al centro de una misión imposible: robar los planos de un arma de destrucción masiva con la que el Imperio Galáctico pondrá fin a la rebelión. Su escuadrón de batalla está integrado, además de soldados rebeldes, por viejos creyentes en la Fuerza, un droide imperial reprogramado, un piloto desertor y el capitán Cassian Andor, agente de inteligencia de la Alianza Rebelde.

Como Cassian Andor, Diego Luna dota a su personaje –y a la misión– de cierta gravedad misteriosa. Con un trasfondo desconocido por el público y una marcada reticencia a mostrarse vulnerable, Andor expresa el lado oscuro de la Alianza Rebelde: aquí también somos soldados recibiendo órdenes; aquí también matamos a los enemigos; aquí también podemos mentir. Su química con Jyn Erso, sin embargo, es suficiente para abrirse un poco ante esta persona que, como él, no cree que la vida se divida en blanco y negro, toda situación ofrece matices y, en ocasiones, hasta el mejor soldado necesita rebelarse.

La acertada diversidad en el elenco de esta película responde a los reclamos de una amplia sección de fanáticos de la saga y a la tendencia en Hollywood por abrir sus horizontes más allá del héroe masculino, heterosexual, cisgénero y caucásico. En Rogue One la heroína es una mujer –la carismática y atrevida Felicity Jones como Jyn Erso–, su segundo al mando es un mexicano –Diego Luna, convirtiéndose en el segundo héroe latino de la saga–, sus compañeros de guerra son de ascendencia asiática y uno de sus protectores es un hombre negro –Forest Whitaker, con una breve pero bien lograda aparición–. El único hombre caucásico de esta pandilla, Alan Tudyk, aparece únicamente como la voz de K-2SO, un droide imperial reprogramado que es una versión sarcástica y más agradable que C-3PO.

Otro acierto de Rogue One continúa la tradición de la saga en cuanto a ser una vitrina para la innovación tecnológica. Con una combinación bien lograda entre efectos visuales físicos y digitales, las atmósferas y las criaturas se vuelven tangibles para la audiencia. Gareth Edwards supo conseguir lo que esta película necesitaba ser: Un blockbuster satisfactorio tanto para los fanáticos de Star Wars como para el público casual, que no necesita demasiado contexto para disfrutar este episodio. En cierta forma, rebasa incluso a The Force Awakens, por haber logrado una historia llena de emoción y aventura, con personajes desconocidos y una estructura que no parece calcada de una película previa. Si Rogue One es una muestra del futuro de la saga, lejos de la familia Skywalker, los fans de Star Wars estamos en buenas manos.

Poster Rogue One

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