Tempestad, impunidad al descubierto

Tatiana Huezo dirige “Tempestad”, una roadmovie documental sobre la injusticia y la impunidad en México.

Por Samantta Hernández Escobar

En un país donde la desigualdad, la violencia y la impunidad se han convertido en cosa de todos los días, la directora Tatiana Huezo (El lugar más pequeño, 2011) ha dedicado su más reciente proyecto documental, Tempestad, a dar voz a dos de las miles de víctimas del sistema judicial mexicano. Con una narrativa que desvincula imagen y sonido, esta película es un ejercicio cinematográfico interesante y poderoso.

Tempestad retrata la realidad a la que miles de personas se enfrentan en México, día con día, a partir de las historias de dos mujeres, Miriam y Adela, que realizan un viaje teñido de sufrimiento y desesperación por los laberintos de la injusticia en este país. La primera, Miriam Carvajal, fue sacada de su trabajo en el aeropuerto de Cancún y  trasladada a la Ciudad de México, donde fue injustamente acusada de tráfico de personas; mientras que Adela Alvarado, una mujer que ha dedicado su vida a hacer reír a la gente en su trabajo como payaso de circo, lleva 10 años buscando a su hija Mónica.

Desde los primeros segundos de Tempestad es evidente el poder de la cinta, pues con un trabajo sonoro impecable, su peculiar narrativa se presenta al público con la pantalla en negro y sólo la voz de Miriam –cuya amistad con la directora puso a Huezo en el camino de este documental– recordando su estancia en una cárcel al norte del país. “Fue un rodaje muy difícil y doloroso porque uno se empapa de la historia de los demás y debe aprender a dosificar el drama porque puede llegar a banalizar la historia”, explicó Tatiana Huezo en conferencia de prensa durante el estreno de la película en México, en el marco de la 11ª Gira de Documentales Ambulante.

Aunque el documental retrata un contexto específicamente mexicano, se presentó por primera vez en la sección Forum del 66 Festival Internacional de Cine de Berlín (Berlinale). Durante 105 minutos, Tempestad sigue a Miriam en su viaje en carretera del norte al sur del país, para llegar a su hogar y reencontrarse con su hijo. De manera simultánea, presenta la historia de Adela en un viaje emocional donde las carreteras, con sus retenes policiacos, sirven como recordatorio de la crisis de violencia y seguridad de México.

Tatiana Huezo describe a Tempestad como “un mar de rostros”: rostros de todo México, rostros que reflejan el miedo y la inseguridad que existe en el país. Sin embargo, la ausencia de un rostro clave es lo más notable de la ejecución de Tempestad.  Aunque su propia voz cuenta su historia, Miriam nunca muestra su cara ante la cámara. En un contraste interesante, Adela se deja ver en un ambiente familiar mientras busca a su hija desaparecida, a pesar de haber vivido en el anonimato durante años, debido a la falta de apoyo de las autoridades. Adela se ha visto obligada a vivir en la clandestinidad debido a las múltiples amenazas que ha recibido.

El miedo, siempre presente en Tempestad, paraliza al espectador al mostrarle lo cerca que está cualquier ciudadano de vivir una situación como las que muestra el documental. Porque lo que han vivido Miriam y Adela podría sucederle a cualquiera en un país donde el poder se ha olvidado de la vulnerabilidad de la sociedad. Con esta película, Tatiana Huezo entrega un mecanismo para romper el silencio en el que estas dos mujeres vivían, una oportunidad para alzar la voz. El proyecto es amplio en imagen y trama y denota el esfuerzo de tres años de su equipo de producción, que con Tempestad abre una ventana desoladora a las víctimas de la violencia en México.

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