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OMD: El balance entre vigencia y vanguardia

OMD presenta su décimo tercer disco de estudio, The Punishment of Luxury. La banda británica está por cumplir 30 años de carrera.

Por Regina Sienra

Orchestral Manoeuvres in the Dark (OMD) inició su carrera en 1978. Una gran parte de sus contemporáneos se han ido y, en el mejor de los casos, su éxitos de hace décadas son recordados en estaciones de oldies. Sin embargo, esta banda británica de música electrónica llega con elegancia y energía a su décimo tercer álbum de estudio, el cual lleva por título The Punishment of Luxury, y salió a la venta el 1 de septiembre.

La alineación actual de la banda incluye a los fundadores Andy McCluskey y Paul Humphreys, así como al tecladista Martin Cooper y el baterista Stuart Kershaw. Éste es el primer disco de la banda de la banda en cuatro años, y el tercero desde que decidieron reagruparse en 2006 tras pasar una década distanciados. Previo al lanzamiento de su anterior producción, English Electric (2013), el futuro de OMD estaba en el aire, pero salir de gira los animó a continuar.

El nombre de The Punishment of Luxury (“El castigo del lujo”) es una reflexión sobre el mundo contemporáneo. “La gente en los países occidentales es menos feliz a pesar de que le va mejor”, dice McCluskey. “Nos han lavado el cerebro para insertarnos en este nuevo orden de consumismo por las grandes corporaciones que te dicen ‘si no compras nuestros productos, no mereces respeto ni amor’. Ahora nos preocupamos por ese tipo de cosas. Ése es el castigo del lujo”.

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En sus primeros años, OMD fue telonero para actos como Gary Numan y Joy Division, y desde sus inicios la agrupación destacó por estar siempre a la vanguardia tecnológica. Cuando los demás músicos los alcanzaban, OMD ya estaba trabajando sobre la siguiente innovación. Todo esto, balanceado con letras llenas de reflexión y sensibilidad, tanto en temas de relaciones personales como los problemas de la sociedad, los cuales han evolucionado dramáticamente desde los inicios del grupo. Estas temáticas se mantienen aún, como reflejan los 12 temas de The Punishment of Luxury.

“Cuando la Guerra Fría terminó, todos pensamos ‘¡Fiuf!’,” recuerda McCluskey, de 58 años, quien canta y toca el bajo. “Nosotros crecimos en los años setenta y ochenta, y vivíamos con temor por lo que pudiera pasar, y vemos que hemos vuelto a tener un puñado de idiotas déspotas internacionales con sus dedos sobre los botones rojos. He vuelto a sentir miedo y enojo”.

Además de cantar en el disco, McCluskey y Humphreys utilizaron programas que convierten texto a diálogo para experimentar con un recurso que nunca habían utilizado. “Fue bonito tener otras voces en el disco”, dice Humphreys.

McClusky dice que encuentra la música contemporánea repetitiva y conservadora, pero que lo que más se mantiene interesante es la música electrónica. “Casi todo es muy conservador porque no hay mucho dinero en la industria como para asumir riesgos”, señala el músico. “No obstante, se puede hacer mucho con todos los instrumentos que hay, las computadoras, los sintetizadores análogos. La música electrónica aún tiene una amplia posibilidad para desarrollarse”.

Sobre llegar a su décimo tercer álbum, McCluskey dice que los músicos sólo deberían grabar un disco por la razón correcta, y no por tener algo con qué salir de gira para vivir de la venta de camisetas. “Debes hacerlo porque tienes hambre por expresar tus sentimientos, tienes energía, y te importa la música. Esperamos que se note eso, y que no suene como a un montón de tipos que están por cumplir sesenta a los que no les importa”, concluye.

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