AMLO, del “ojalá” al “ya no sé”

Un nuevo documental producido por Lynn Fainchtein y dirigido por Lorenzo Hagerman sobre el ascenso y caída de Andrés Manuel López Obrador nos recuerda las divisiones que todavía afectan al país y el desprestigio al que han llegado los políticos.

Por Óscar Camacho Guzmán / Fotografía Héctor Jiménez
0.56% es el debut de Lynn Fainchtein como productora.

0.56% es el debut de Lynn Fainchtein como productora.

Me encontré con Lynn Fainchtein poco después de las diez de la mañana sobre la acera de su nueva casa en la colonia Condesa. La vi venir con su paso firme, sus redondos anteojos y su pelo suelto semiplateado cayéndole sobre el rostro. Llevaba pantalón de mezclilla y caminaba con zancadas largas. En unos segundos estaba ahí escudriñando con su mirada a los tres desconocidos que la esperábamos. Dos eran fotógrafos y por alguna intuición los descartó de inmediato. El cuarto hombre del grupo era su amigo, socio, fotógrafo y compañero de trabajo, Lorenzo Hagerman, a quien saludó rápida y brevemente.

“¿Tú eres el reportero?”, me preguntó entonces a bocajarro y con su fuerte voz. Sin espacio para contradecirla, abrió la puerta de su casa y ordenó: “Bueno, pues adelante… comencemos”, dijo, y nos fuimos tras sus pasos.

En menos de cinco minutos estábamos instalados en una especie de comedor-cuarto de juntas-sala de conferencias, y con un café al lado iniciamos la entrevista. Ella en la cabecera y Lorenzo Hagerman a un costado de la sólida mesa de tablones rústicos.

Lynn Fainchtein es una de las mujeres que más saben de música en México. Hace veinticinco años pasó de una pastelería a la mesa de transmisiones de Rock 101, que por aquel entonces, 1984, comenzaba con sus emisiones. Esa estación, bajo la dirección de Luis Gerardo Salas, se convirtió, en muy breve tiempo, en inspiración y referencia obligada de la música en México para toda una generación.

Lynn tenía una vasta colección de discos de mujeres roqueras acumulada durante años. Se inició como conductora con el programa Mujeres comma Rock and Roll. A los que siguieron otros como Descelofaneando, Salsabadeando y Sonorock, hasta convertirse en gerente de Dimensión 1380.

Luego Lynn deslizó su pasión por la música al terreno del cine. En los últimos quince años ha musicalizado decenas de películas como Amores perros, Todo el poder, Por la libre, El infierno, Biutiful o Presunto culpable, la más reciente.

Ahora, acaba de incursionar como productora de un documental que en las próximas semanas se colocará en el debate político: 0.56%. Es una película sobre el candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD) a la presidencia, Andrés Manuel López Obrador, en los turbulentos dieciocho meses previos a la sucesión presidencial de 2005 y 2006. El filme ha recibido ya el Premio del Jurado en el Festival de Cine de Madrid, y a partir del 2 de julio comenzará a exhibirse de manera comercial en las salas de la cadena Cinépolis.

—¿Por qué hacer un documental político y, en especial, sobre Andrés Manuel López Obrador?
—Porque más allá de la música y de la política, yo soy una mujer de ideas y proyectos —dijo Lynn—. Y un día el personaje de Andrés Manuel López Obrador se me puso frente a la cara y me dije: “Yo tengo que hacer un documental sobre este hombre, sobre lo que está haciendo, sobre lo que le están haciendo, sobre lo que está ocurriendo en este momento en el país”.

Corrían los primeros meses de 2005. El entonces presidente Vicente Fox había solicitado un juicio para quitar la inmunidad jurídica (fuero constitucional) que gozaba Andrés Manuel López Obrador como jefe de gobierno de la ciudad de México, para que respondiera a una demanda por no haber ordenado, como se lo indicó un juez, la suspensión de una obra con la que se construiría una avenida en Cuajimalpa, al poniente de la ciudad.

Aquello se convirtió en uno de los procesos legales y políticos más famosos de la historia reciente. Mucha gente pensaba que aquello era sólo una maniobra política del presidente en turno para impedir que López Obrador fuera el candidato del PRD a la presidencia. El 7 de abril de 2005, la Cámara de Diputados votó a favor del desafuero, con los votos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y del Partido Acción Nacional (PAN). Aquello acabó por disparar la popularidad de un político, de por sí carismático. Las encuestas le daban hasta 80% de respaldo ciudadano en el Distrito Federal.

“Así fue como una mañana de marzo de 2005, desayunando con el cineasta Luis Mandoki, y viendo todo lo que estaba pasando por esos días, se me ocurre a mí la idea de hacer un documental sobre todo lo que ocurría”, dijo Lynn. La idea era que Mandoki fuera el director y Lorenzo Hagerman el director de fotografía. Al final, el documental lo terminarían solos Lynn y Hagerman, tras romper con Mandoki.

“La pasión por un personaje político sólo me había ocurrido anteriormente con el subcomandante Marcos —dijo Lynn—. Y cuando estuve en MTV los convencí para que hiciéramos dos especiales sobre él”.

—¿Por qué te gustó López Obrador como personaje?
—Porque tenía un discurso con el que yo comulgo: que es que la desigualdad sí hace daño —dijo Lynn—. Y más aún, más allá del personaje, la razón por la que creo que hicimos este documental es porque sentimos la necesidad de documentar algo que estaba pasando en nuestro país: todo lo del desafuero que pretendía Fox. Para esto déjame decirte que nosotros no sabíamos si iban o no a desaforarlo. Pero sentimos que debíamos registrarlo, que nos la teníamos que jugar.

No era la primera vez que Lynn buscaba toparse con López Obrador en la vida. Ya en 2003, cuando la revista Rolling Stone hacía sus primeros números en México, Lynn lo buscó para entrevistarlo sobre sus gustos musicales. Pero en aquel entonces fracasó. Como a muchos otros periodistas, Obrador le negó la entrevista.

Sería diferente dos años después, en 2005.

Entonces, Lynn tomó el teléfono y buscó al jefe de prensa de López Obrador, César Yáñez. Vinieron varias llamadas, varios intentos, hasta que un día César le avisó: “Andrés Manuel te espera en sus oficinas para que desayunen”.

—¿Cómo logras vincularte a un personaje que no permite la cercanía en su vida política? ¿Cómo lo convences para que te deje pasar y grabarlo en su intimidad como político?
—Fue difícil, muy difícil. Pregúntale a Lorenzo.

Lorenzo Hagerman es un tipo que cualquier día podría interpretar a Emiliano Zapata. Es delgado, fuerte. Lleva el cabello largo negro y tiene un gran bigote que le cruza el rostro como una rúbrica estampada con plumón de punto grueso. Pero lo suyo no es la actuación, sino la fotografía.
Aunque no siempre fue así, pues si bien de niño le gustaba jugar con una instamátic a ser fotógrafo familiar, ya de joven se le metió la idea de ser arqueólogo. Pero un amigo, arqueólogo también, lo desencantó: “¿Qué acaso quieres pasarte toda tu vida dependiendo de la burocracia del gobierno para que puedas realizar tus proyectos. Sí es así, dedícate a la arqueología, si no, búscate otra cosa”.

Y así lo hizo. Se metió a Comunicación en la Ibero y un buen día armó maletas y se fue de mojado a Australia. Quería juntar algo de dinero para luego emprender una aventura fotográfica por Asia. Trabajaba de mesero en un barco que daba paseos a enamorados en la Bahía de Sydney, iba de tanto en tanto a redacciones de revistas para tener contacto con fotógrafos. Con algo de dinero en el bolsillo, empezó a recorrer el mundo, y la guerra de Yugoslavia lo tomó en Belgrado, desde donde envió notas informativas a Proceso y a Imevisión que nunca se publicaron. Tenía veintiún años.

De regreso en México conoció a Epigmenio Ibarra y comenzó a hacer cámara de video. Luego, con Jorge Bolado, hizo su primer largometraje siguiendo al actor Martín Lasalle por toda Escocia, caminando 480 kilómetros.

En 2010 estuvo a punto de llevarse el Oscar de Hollywood, al ser parte del equipo en el documental Which Way Home, que estuvo entre los cinco documentales finalistas, por el seguimiento que hizo a niños migrantes que cruzan México en busca de llegar a Estados Unidos.

“¿Por qué le dijo que sí a Lynn? —dijo Hagerman—, eso habría que preguntárselo a López Obrador”.

—¿Crees que haya influido en algo el que tú seas yerno de la escritora Elena Poniatowska, una de las mujeres e intelectuales más apreciadas por López Obrador y quien aparece en el documental como importante protagonista? —le pregunto a Hagerman.
—No, no, para nada. Estoy seguro. Nunca, en ningún momento hablé con Elena de este proyecto antes de que Obrador le dijera que sí a Lynn. Mi relación con ella es muy respetuosa. Cada quien hace su trabajo. Jamás hubiera pensado en utilizarla para que se abrieran esas puertas. Nada de eso.

“Yo sé que Andrés Manuel es un fanático de la historia y quiero suponer que él veía que era un momento histórico importante y que bien o mal el documental iba a registrar ese momento. Pero no creas que nos dieron las llaves de la oficina. No, cada día había que pelear el acceso y pelear con todos los filtros que hay antes de Andrés Manuel: con Nico, con las gacelas, con sus secretarios, con su equipo, con todos.

—Se los pregunto porque fueron periodistas privilegiados. Andrés Manuel dejó sin atender trescientas solicitudes de entrevistas sobre su mesa durante la campaña presidencial, a pesar de que se queja que sobre él los grandes medios de comunicación han tenido un cerco informativo.

Lynn: “Yo sí le estoy agradecida por la confianza que tuvo. Porque nos dejó entrar a su casa cuando estaba el asunto del desafuero. Y no creo que haya algún político que hubiera permitido una cosa así. Lo quisimos hacer con Felipe Calderón y no aceptó; se lo pedimos a Madrazo y tampoco quiso”.

Lorenzo: “Así es. Los ejemplos que hemos visto y en los cuales nos basamos fueron los de cineastas que siguen a candidatos: el de Lula, por ejemplo, que produjo el hermano de Walter Salles, João. Pero en México no hay referentes de este tipo. Y por esta ausencia de referentes es que resulta tan difícil en muchos sentidos. Primero, que acepten y luego explicarles que no estamos haciendo proselitismo. Nos decían que era imposible estar tan cerca de un candidato y no hacer proselitismo”.

—¿Y creen que lo pudieron lograr? Hay un momento de la película en que se siente la balanza inclinada un poquito a favor de Andrés Manuel, me parece.

Lorenzo: “Bueno, es que hay algo que nadie puede negar: en 2006, el personaje en torno al que giró todo fue Andrés Manuel. Todos querían saber si ganaba o si perdía, si le iba bien o mal. Pero no, nunca nos propusimos hacerle ningún favor ni hacer proselitismo”.

—¿A ti qué te pareció? —dijo Lynn.
—Bueno, creo que faltan por señalarse algunos errores de Andrés Manuel que explican por qué perdió. Su soberbia, el no escuchar a nadie, el creer que tenía ganada la Presidencia, el no haber tenido representantes de partido en por lo menos 30% de las casillas de todo el país, su negativa a hacer campaña en TV y terminar por ser el candidato que más gastó en propaganda por televisión y radio.

Y entonces Lorenzo dijo: “Sí, pero es que el documental no está hecho para explicar los porqués, no somos politólogos ni periodistas. Lo que buscamos es decir cómo pasaron las cosas. Tratar de que la cámara sea un punto de vista, como lo que se le llama en el mundo documental una mosca en la pared.

“No es un documental detectivesco en el que vamos a revelar la verdad oculta de las cosas. Lo que queríamos era retratar la intimidad de la cotidianidad de Andrés Manuel. Y eso fue muy difícil de explicárselo al círculo de seguridad de Obrador, que lo importante no eran los momentos periodísticos, sino los momentos donde no estaba ocurriendo la noticia, para entonces descubrir en sus gestos, en sus movimientos, en su risa, lo que no se veía públicamente”.

—¿Por qué rompieron con Luis Mandoki?

Lynn responde, un poco molesta: “Bueno, porque él sí quería utilizar el material para la campaña de Andrés Manuel. Y yo le dije que no, que ése no había sido el objetivo que propuse, ni a Luis ni a Obrador. De hecho, uno de los acuerdos fue que nada de la película saldría antes de las elecciones. Y Andrés Manuel dijo: va, no lo quiero ver hasta que se termine. Pero Mandoki quería usar el material para cápsulas, para spots, para incidir en el voto a favor de Obrador. Y entonces yo le dije que no y ahí rompimos, con el acuerdo de que lo que lleváramos grabado hasta ese momento —diciembre de 2005—, cada quien lo podría utilizar por su cuenta.

Y a partir de entonces, cada quien caminó en su ruta.

Es 0.56% como esos recuerdos que al volver hacen que tu conciencia entre en crisis, se ponga eufórica o se clave en la reflexión. Sí, tiene a Andrés Manuel López Obrador como personaje central, pero pone en la picota a toda la llamada clase política del México actual. Y aun va más allá: confronta a todos los mexicanos que de una forma o de otra participaron, alimentaron y hasta estuvieron orgullosos de esas elecciones que dividieron al país en 2006.

Y hace que nada de lo que entonces ocurrió se pueda olvidar.

Como la madriza de los diputados aquel 28 de noviembre de 2006 en San Lázaro, cuando los panistas se apoderaron de la tribuna para preparar el camino a Felipe Calderón, quien debería rendir protesta el primero de diciembre.

O al Vicente Fox, presidente, embarcado en el desafuero de López Obrador.

A los empresarios que se sentaban a discutir en las comidas: unos a favor de Obrador, la mayoría en contra.

O aquellas masas que vitoreaban a Andrés Manuel López Obrador en forma frenética y que llenaban las plazas donde se paraba.

Al Andrés Manuel dirigiéndose a las masas, con el desafuero encima.

O los errores que llevaron a Obrador a caer en las encuestas.

Y qué decir de las campañas del odio que alimentaron panistas, empresarios y curas, advirtiendo que el candidato era un peligro para México.

O a la escritora Elena Poniatowska, la Poni, cuando se entera de que Obrador la propuso para que formara parte de la llamada Comisión Coordinadora Nacional de Resistencia Civil Pacífica, que se pondría al frente del movimiento en apoyo a López Obrador, en caso de que se lo llevaran a él a la cárcel.

O como aquel 7 de abril en San Lázaro, cuando los diputados votaron a favor de quitarle el fuero a López Obrador, y él lanzó un sonado discurso en el que acusaba que no se le juzgaba por violar la ley sino por su manera de pensar.

O al politólogo Jesús Silva-Herzog Márquez calificando la estrategia del gobierno de Fox como una estupidez.

En fin, más de dieciocho meses de grabación que terminaron con el célebre 0.56% de la votación en favor de Calderón y la convocatoria a los simpatizantes de López Obrador a tomar la avenida de Paseo de la Reforma, como protesta.

Y con un López Obrador que no se da por vencido. Empezando otra vez,  por pueblitos de Yucatán, su nuevo periplo rumbo al año 2012.

—¿Qué pasaba por ustedes cuando veían ese México?
Lynn: “Una gran tristeza. ¿Puede haber algo peor en la política que unos diputados diriman a golpes sus diferencias? ¿Ésa es la política de México? Por eso arrancamos el documental con esa imagen, porque sintetiza al nivel con el que actuaron los políticos en 2006. Fue verdaderamente denigrante. Y hablo de todos, de absolutamente todos los partidos”.

Lorenzo: “Yo veía una sociedad muy vulnerable, la sociedad estaba en un polvorín, en una montaña rusa. Pero sobre todo ya estaba muy cansada. Cuando llegamos al plantón teníamos dieciocho meses de filmación y en la sociedad imperaba el cansancio”.

Lynn: “Nunca se me va a olvidar cuando estábamos en el Hotel Marriot [el día de las elecciones] esperando la declaración de [el presidente del Consejo General del Instituto Federal Electoral, Luis Carlos] Ugalde. Estaba lleno de periodistas, fotógrafos, de todo porque era de donde iba a salir Andrés Manuel. En el momento que Ugalde dice que hasta ese momento hay un empate, la reacción es: ¡ya no…, no…, no más! O sea, la decepción era así de grande. Era como decir: además del desmadre que hay en el país, todavía ¡empate! ¡No mamen, ya no! Era como cuando alguien dice: ¡Ya sólo falta que me mee un perro!”.

—¿Qué aporta este documental sobre ese momento que fue tan público, que vio todo México?
Lynn: “Bueno creemos que aporta muchos elementos importantes para poder entender lo que ocurrió. La poca gente que lo ha visto en México y en el extranjero nos ha dicho: me sirvió mucho para entender. No sabíamos por qué desde entonces México estaba en un estado de caos. Y ahora vemos también que con este trabajo se documenta la transformación que se opera en los políticos cuando está de por medio la lucha por el poder”.

—Y después de grabar lo que grabaron y de ver lo que vieron, ¿qué piensan hoy?, ¿qué piensan, por ejemplo, de Andrés Manuel?
Lynn: “Yo de él voy a recordar que traía siempre los tomos de Benito Juárez en su cajuela, que tenía la intención de hacer un mejor país. Pero hoy, ya no sé. A mí sí me pareció que su soberbia fue algo que me distanció de él.

“Mira, hubo momentos que me dieron pena ajena, como el plantón de Reforma, por ejemplo. Creo que hubo momentos de mucha soberbia. Que es lo que a mí me pasa con esos políticos que no ven por el país, sino por sus intereses personales. Creo que Andrés Manuel, y en general todos los políticos, no tienen una visión del país, una visión de estadista. Nadie. Pero dentro de todo, Andrés Manuel me hacía decir un ‘ojalá’, pero hoy me hace decir un ‘ya no sé’.

“Y lo grave es que hoy otra vez estamos a punto de unas nuevas elecciones y tampoco veo a ningún político en el cual confiar. No voy a votar por Peña Nieto, por ejemplo. ¡Nooo, nooo!, ¡qué barbaridad!, ¡ni de chiste!”.

Lorenzo: “Yo creo que Andrés es un personaje complejo. No es ni negro ni blanco, como lo puede ser cualquier persona o cualquier candidato como Felipe Calderón. Pero es un personaje completo: que tiene sentido del humor, que es dicharachero, que tiene muchas tablas políticas, que tiene rastros de cómo se hacía la política antigua, pero también con ocurrencias de un político adaptado a las circunstancias de hoy. Es una persona que hace su tarea, muy talachero, muy testarudo. Entonces es un personaje al que se le mete una idea en la cabeza y es muy difícil hacerlo cambiar de opinión”.

—¿Y de Felipe Calderón qué piensan a la luz del documental?
Lynn: “Creo que un político que hoy quiere comandar un país con ciento cuatro millones de mexicanos que se encuentran en el desmadre total no puede ser prepotente, ni puede ser soberbio, ni puede seguir jugando al club de Tobi. A mí me da muchísima pena lo que está pasando en el país. Creo que todo el asunto de jugar a los soldaditos [en la llamada guerra contra las drogas] es muy peligroso. Creo que lo que ha pasado en este país es algo que nunca habíamos visto con otros gobiernos: la historia de la guardería ABC [donde murieron cuarenta y nueve niños en un incendio y ninguna autoridad se ha hecho responsable], los decapitados, las fosas, son cosas que no habían pasado ni en las historias de canibalismo más horrendas”.

—Y reitero: ¿por qué la gente tendría que ir a ver su documental?
Lynn: “Porque es importante que haya espacios de reflexión donde podamos vernos a una cierta distancia. Esto nos puede ayudar a todos para conocer al otro y aceptar la diferencia, para generar tolerancia, para aceptar que el punto de vista del otro es importante. A lo mejor así los ciudadanos evitamos repetir la polarización y el odio que nos dividió en 2006. Y si la película sirve para eso, ¡grandioso!

“Será como vernos en un espejo y ver qué tanto seguimos siendo los intolerantes de entonces o qué tanto hemos cambiado para bien o para mal”.

—Ya están programados para las salas cinematográficas, ¿qué tantos obstáculos tuvieron que superar para logarlo?
—Pues fíjate que hasta el momento no ha habido mayores obstáculos.

—¿Cómo lograron que Cinépolis abriera sus pantallas a una película de corte político como ésta? No es común y menos con empresarios, como la familia Ramírez, dueños de Cinépolis, que apoyaron a Calderón en 2006.
—No tuvimos ningún problema. Alejandro Ramírez tomó mi llamada, aceptó ver el documental y dijo que adelante. Sin mayores problemas —dijo Lynn.

—¿Qué tanto crees que influyó en ello el efecto de Presunto culpable, un documental con gran éxito de taquilla?
—Yo creo que sí, indudablemente. Presunto culpable es un antecedente importante. Y sin duda que influyó.

—¿No creen que ahora los vean como un peligro para México cuando salga la película?.
—Ja, ja, ja, ja, no, no. Están los obstáculos normales para distribuir un documental. Pero hemos tenido muy buen apoyo de Alejandro Ramírez, de Cinépolis.

—¿Qué significa 0.56% para ustedes?
—La minúscula legitimidad, lo extraño que fue el triunfo de 2006, la necesidad de que se contara voto por voto, para que a nadie le quedara duda, ganara quien ganara. Es un cuestionamiento a todo lo que pasó en ese año. Es algo así como el porcentaje de legitimidad con que navegan hoy nuestros políticos, ¿no? \\

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